Aproximación a la economía de la Cartuja de Vall de Christ

Cartuja de Valldecrist. "Carte" o pintura de la Colección de la Grande Chartreuse. Cliché Museé Dauphinois. Grenoble

CONTEXTO HISTÓRICO

El movimiento cartujano apareció durante la Baja Edad Media, que es una época de expansión en Europa. El perfeccionamiento del utillaje así como la mejora de factores físicos como el clima, determinaron un aumento del rendimiento agrícola durante el s. XI, que propician la aparición de un excedente y la posibilidad de su comercialización. El renacer comercial origina un renacer urbano y frente al aislamiento de la Alta Edad Media, ahora existirá un intercambio de hombres, productos e ideas. Las peregrinaciones, las Cruzadas y el renacimiento del comercio son aspectos diversos pero, en el fondo, complementarios del despegue de Europa (1).

Así mismo nuevas ideas referentes a la ordenación de la vida religiosa hicieron su aparición. Frente a la concepción religiosa de los Cluniacenses, buscaron una vida más simple y austera los cistercienses, premonstratenses y cartujos. También, por otros caminos, se buscara la adecuación con esa sociedad en expansión a través de órdenes religiosas que vivan en contacto directo con los hombres de la ciudad; nacen así las órdenes mendicantes.

Figura 1. Escultura de San Bruno ubicada en la entrada de Vall de Christ

Nos interesa destacar el movimiento religioso emprendido, a finales del s. XI por Bruno (Figura 1), el cual decide abandonar su actividad en la escuela episcopal de Reims y retirarse con otros seis compañeros a vivir aislados a la Chartreuse, cerca de Grenoble.

En 1130, Guigo redactó la regla por la que se regiría la vida de los cartujos, acentuando la dureza característica de los tiempos de S. Benito: silencio absoluto, abstinencia de carne, empleo del tiempo en la oración, el trabajo en los campos y la copia de manuscritos.

Listado de Cartujas situadas en la Península Ibérica

La Cartuja irrumpe en España por Levante, estableciéndose primero en Cataluña. En 1163 se funda la primera cartuja, la de Scala Dei, que posteriormente en el s. XIII, pasa al reino de Valencia, el más rico en fundaciones cartujanas y de aquí pasa, a finales del s. XIV, a Castilla y en el s. XV a Andalucía (Tabla 1). En total veintiuna cartujas de las que no coexistieron más de dieciséis, desde finales del s. XII hasta la supresión de los regulares en 1835. La fundación de Vall de Christ se debió a la iniciativa del infante Martín de Aragón y su esposa Dª Maria de Luna, hija del tercer señor de Segorbe. Con objeto de que la fundación tuviese origen Real, el infante obtuvo el patrocinio de su padre, el rey Pedro IV. Sobre la puerta principal de entrada al monasterio había un letrero indicando que lo habían edificado ambos y a nombre de D. Pedro y D. Martín iban las escrituras de donación, fechadas en Barcelona a 12 de diciembre de 1385 (2) (Figura 2).

 ECONOMÍA CARTUJANA

En 1130 Guigo escribe su libro “Consuetudines”. En él queda estructurada tanto la vida religiosa como la economía de los cartujos. Como toda la economía medieval, la cartujana fundamentalmente se basará en la explotación agrícola y ganadera y en la percepción de las rentas que generan sus propiedades.

Establecen sus monasterios en lugares alejados de las zonas habitadas, buscando estar rodeados de un territorio que llamarán “desierto”, cuya explotación propiciará suficientes medios de vida, como para satisfacer las necesidades de la comunidad, de tal forma que el número de monjes, en los primeros tiempos, guardaba relación con las posibilidades económicas que ofrecían las tierras de dicho desierto. Se fijan con claridad los límites de dicha zona, los cuales, teóricamente, no podrán traspasar los cartujos, facilitándose con la creación de esta clausura, el deseo de aislamiento de su fundador, Bruno (Figura 1), y evitándose los mínimos contactos con el resto del mundo.

Se trata de conseguir una autosuficiencia económica que conlleva la nula dependencia con el exterior, ya que la Cartuja debería ser capaz por sí misma de generar los bienes necesarios para subsistir. El mantenimiento de esta idea duró poco y, ya en el s. XIII, las cartujas habían salido de los límites de sus clausuras. Este hecho vendrá impuesto por la necesidad de buscar pastos fuera del desierto, para el desarrollo de la ganadería. Aparece una nueva institución denominada la “cabaña”, formada por tierras de pastos que serán aprovechadas por el ganado en alguna época del año. En principio no eran propiedad de los monasterios, pero la necesidad cada vez mayor de garantías de pasto, determinó que pronto estas tierras pasaran a ser propiedad de las cartujas. Iniciado el proceso, fue difícil controlarlo y las peticiones solicitando autorizaciones para adquirir posesiones fuera de la zona de clausura aumentaron (4). Los fundadores y bienhechores de los monasterios dotaron de rentas, diezmos, derechos de justicia, etc. (5), integrándose cada vez más en la estructura económica feudal.

Vall de Christ (Figura 3) nace a fines del s. XIV, como una institución dotada profusamente por sus fundadores de privilegios y favores. En sus primeros años de vida gozó de la protección tanto de los reyes de la corona de Aragón, como de los papas de Avignon. No hay que olvidar que el infante Martín fue rey de Aragón al morir su hermano, y que él y su esposa D.ª María de Luna, se hicieron construir una celda en Vall de Christ, así como que Pedro de Luna, cardenal por entonces de Clemente VII, el Papa de Avignon, vino a Aragón y ganó a la orden cartujana a su causa, decidiendo romper con el pontífice de Roma. Posteriormente, ya Papa con el nombre de Benedicto XIII, continuará protegiendo a los cartujos. En ese ambiente, Vall de Christ se desarrolla como un ente privilegiado. El mundo medieval fue un mundo de privilegios. El noble, la iglesia, los caballeros y, posteriormente, las ciudades exigen desde el primer momento leyes favorables, exención de impuestos, control de comercio, garantías de abastecimiento, etc. Buena parte de todo lo anterior lo obtuvo la Cartuja de Reyes y Papas, que reunirá un conjunto muy importante de privilegios, rentas y favores que le propiciarán una sólida base económica, de tal forma que cuando en 1410 el Prior General de los Cartujos, Bonifacio Ferrer, tuvo que elegir una cartuja española como su residencia, decide que sea Vall de Christ.

Posteriormente, en 1748, cuando se formó la Congregación española cartujana, se señaló a este monasterio (Figura 4) como Casa Capitular y, como tal, residencia del Vicario General y lugar de reunión del Definitorio y de celebración de los Capítulos Generales. 

Del conjunto de privilegios, atendiendo a la forma de obtenerlos y al origen de de los mismos, se pueden establecer dos grupos:

1. Regalías: Son concesiones de origen real o papal que recibió la Cartuja en los primeros tiempos de su fundación, entre finales del siglo XIV y principios del XV. Cabe destacar entre ellas:

    • Los herbajes de Jérica. Le fueron concedidos a la Cartuja por Pedro IV de Aragón el 30 de enero de 1386 (6). Fueron arrendados por el monasterio que recibía un censo anual consistente en el pago de una determinada cantidad que se debía hacer efectiva por Navidad y San Juan.
    • La Rectoría de Castellón. Fue concedida a Vall de Christ por el Papa Clemente VII en 1387. Posteriormente, fue confirmada la cesión por diversos pontífices. El Monasterio colocó un administrador, encargado de velar por sus intereses y dirigir la explotación de la misma. Constituyó una de las más importantes rentas con que contó la Cartuja (7).
    • El Señorío de Altura y Alcublas. El rey D. Martín hizo donación de este a Vall de Christ el 1 de enero de 1407 con todos sus términos y con todos los derechos económicos, sociales y jurisdiccionales que el propio rey había tenido sobre el mismo. También poseían el dominio de los herbajes de este señorío, parte de los cuales utilizaron sus propios ganados y parte fueron arrendados (8). La Cartuja poseyó el dominio directo de todas las tierras de Altura y Alcublas. Mediante contratos las entregaron para su explotación a los habitantes de estos pueblos recibiendo a cambio un canon. Por Bula dada por Benedicto XIII en 1408, los monjes percibieron los diezmos y primicias de Altura y Alcublas.
2. Concesiones de origen vario: Se trata de bienes que obtuvo la Cartuja generalmente por cesión testamentaria o por adquisición directa. Parte de estas concesiones, tanto del primer grupo como del segundo, las explotó el Monasterio directamente y parte fueron arrendadas a distintas entidades y particulares que, a cambio, pagaron anualmente un censo. El precio del arrendamiento variaba, pero generalmente se establecía de acuerdo con el valor relativo de la parcela de cultivo o del inmueble.

El bloque de bienes más importante lo obtuvo la Cartuja por la vía de la herencia. Se trata de un conjunto de actas notariales, en las que el propietario, cede sus bienes a cambio de un conjunto de condiciones que se concretan, en la mayoría de los casos, en la obligación de celebrar determinado número de misas por el alma del difunto, la obligación de realizar ciertos pagos a los familiares del testador mientras viviesen, etc.

En ocasiones las cesiones fueron hechas por hombres que profesaban como cartujos en Vall de Christ donando al Prior sus bienes en el momento de su ingreso. Así sucedió con las donaciones de los padres Peregrí Armengol y Francisco José Marbuef. Aunque en la mayoría de los casos se trató de personas laicas que, con su decisión, determinaron que las relaciones económicas de Vall de Christ se extendieran a zonas muy lejanas de la Comunidad Valenciana. Destaca entre las cesiones, la que hizo a favor de la Cartuja D.ª Josefa Salvador, Sra. de Vinalesa. Dicha señora, el 19 de febrero de 1641, legó a favor de Vall de Christ el Señorío de Vinalesa con todos sus bienes. Esta donación comprendía entre otros bienes, los siguientes: el horno, el mesón y la tienda de Vinalesa, junto a una importante superficie de tierra cultivada, así como el molino harinero y la almazara de la misma localidad. Todos estos bienes fueron arrendados por los cartujos y de ellos obtuvieron importantes beneficios como declaran en 1777 (9).

Por la vía de cesión o comprando censos cargados a ciudades, instituciones o particulares, Vall de Christ logró poseer un enorme legado económico. La misma ciudad de Valencia tenía varios censos cargados a favor de la Cartuja y en ella, algunos Organismos como la Diputación, el Hospital y otras casas. El mismo Obispo y varios vecinos de Segorbe tuvieron que pagar censos, así como las villas de Jérica, Almazora, Carlet, Vall d’Uixó, Javea, Moncófar, Oliva, Bétera, Muro, Sollana, Castellnovo, Turis, Nules, Manzanera y los Señores de Gaibiel y Albalat. Esta enumeración no es completa pues sería necesaria una enorme dedicación de tiempo para conseguir acercarnos a la realidad económica de Vall de Christ, y a los excedentes económicos que generó tanto a través del cobro de sus rentas como de la explotación directa de sus otros bienes.

GRUPOS SOCIALES

Al tomar posesión el Prior de Vall de Christ, de las Baronías de Altura y Alcublas, se establecieron unas curiosas relaciones entre los monjes y los habitantes de estos pueblos. Son relaciones de tipo económico impuestas por la necesidad que tienen los unos de los otros. Los cartujos, como dueños de los medios productivos, necesitan de una fuerza capaz de activarlos y ésta la hallan básicamente en los hombres de su Señorío. Se establece una relación mutua que por parte de la Cartuja se concreta ya en la oferta de trabajo permanente o temporal, ya a través de arrendamientos, en la posibilidad de cesión para su explotación de parcelas de cultivo, trabajos, molinos, hornos, etc. Como resultado se generaron unos lazos de dependencia económica entre los habitantes de esta zona y Vall de Christ, que con el tiempo darán origen a distintos grupos sociales.

En primer lugar destaca un grupo de peculiaridades tanto económicas, como por sus creencias religiosas, son los moriscos. Estos fueron los fundadores y dieron nombre a estos pueblos que habitaron mucho antes que el Rey Conquistador los estructurase en Señorío. El valle medio del Palancia tuvo un porcentaje de población morisca muy importante hasta su expulsión en 1609, sobre todo en La Vall de Almonacid. En Altura también fue notable el contingente morisco, aunque no tanto como en la Sierra de Espadán. Los moriscos vivían fuera de la zona amurallada, en los arrabales o barrios, y se dedicaban al trabajo agrícola y a la cerámica. Las tejerías y alfarerías, que se han mantenido hasta nuestra época tienen su origen en ellos (10).

Entre la población cristiana, destaca un grupo muy reducido que llamaremos “propietarios”, que no dependían económicamente de Vall de Christ ya que poseían bienes propios incluso desde antes de 1385. Frecuentemente no habitaron estas tierras y terminaron vendiendo sus bienes o parte de los mismos a la Cartuja. Esta fue, la forma utilizada por los monjes para adquirir la mayoría de las masías.

El resto de población cristiana, que sí dependía económicamente del Monasterio, aunque sus lazos de dependencia se concretaron en diversas formas que dieron origen a varios grupos de características distintivas:

1. Hombres con una relación permanente de trabajo con los monjes. Lo componían personas dedicadas a distintos menesteres:

a) Los pastores, que eran gente a cuyo cuidado estaba el ganado. Vivían largas temporadas en las dehesas donde, además de los apriscos, parideras, etc., se construyeron cabañas dotadas de pequeños hornos para facilitarles sus largas estancias. Alguna dehesa poseyó incluso oratorio, como la de Las Dueñas y la de Bergá o Bergara.

b) Los agricultores. Los monjes emplearon permanentemente a hombres para dedicarlos al trabajo agrícola. La evolución de la economía de la Cartuja con una orientación cada vez más definida hacia la agricultura determinará que, durante los s. XVII y XVIII, los monjes compren varias masías ampliando considerablemente su superficie cultivada, lo cual hará que aumente la mano de obra agrícola.

c) Finalmente un número importante de criados fueron empleados para trabajar en sus talleres de herrería y carpintería, así como en el cuidado de corrales, caballerizas, etc. Según declaraciones de los monjes, en 1776 tenían 93 criados fijos dedicados a estos menesteres agrícolas y ganaderos.

2. Personas que trabajaron para Vall de Christ de forma temporal. Las características de la agricultura mediterránea imponen que en determinados momentos del año, durante la época de la siega y trilla de los cereales o en la recogida y elaboración de la uva y la aceituna, se precise de mayor número de mano de obra. Fueron momentos en los que anualmente la Cartuja ampliaba su nómina de trabajadores. Simón Aznar, basándose en la declaración de los monjes hecha en 1777 cree que durante el año anterior, 1776, emplearon 10.000 jornales (10), lo que indica una fuerte dependencia de las gentes de toda la zona con respecto al Convento.

3. Los enfiteutas. La enfiteusis era un sistema de dominio útil de un inmueble o de la tierra, mediante el pago anual de un canon al que hace la cesión, que continuará conservando el dominio directo. Este fue un método generalizado en el País Valenciano, Cataluña e islas Baleares. La Cartuja utilizó este sistema y cedió parcelas de tierra de cultivo así como casas, hornos, molinos, etc., a cambio de la percepción de un censo que tenían la obligación de pagar los enfiteutas por Navidad y San Juan.

4. Además de estos grupos, formados por personas de condición laica, se encontraban los religiosos que habitaron la Cartuja. Estaban divididos en dos estamentos:

a) Los monjes, que residen en la casa alta. Están dedicados fundamentalmente a la oración y a los cuidados de sus celdas, pero que complementan su tiempo con trabajos manuales destacando la encuadernación, copia y corrección de manuscritos y libros.

b) Los “conversos” o hermanos legos, que viven en la casa baja, llamada conrería o casa de labor. Estaban a las órdenes del Padre Conrer y su trabajo, en los primeros tiempos, fue un trabajo manual realizado en el campo dentro de los límites del desierto. Con la evolución económica de la Cartuja y la introducción de los criados en la misma, su función no quedó claramente definida.

 LA GANADERÍA

Iniciamos el estudio de los bienes que explotó directamente la Cartuja. Básicamente fueron tierras y centros artesanales. De las primeras, utilizadas tanto como zonas de cultivo o como lugares de pasto, los monjes obtenían las materias primas que posteriormente sus molinos, almazaras, batanes, etc., transformaban en los productos elaborados necesarios para que la vida del monje se realice completamente sin dependencia externa alguna.

En los siglos XIV y XV, la actividad ganadera fue la predominante en la Cartuja. Tras recibir del rey D. Martín las Baronías de Altura y Alcublas, la Cartuja estructuró sus términos en zonas ganaderas denominadas “dehesas”, estableciendo con toda claridad sus límites a través de la colocación de mojones (Tabla 2).

La primera, la dehesa del Pinar, la recibió Vall de Christ directamente de D. Martín el año de su fundación, en 1385. Las restantes se fueron configurando posteriormente al obtenerlas, ya por cesión testamentaria, como la de Mosén Jayme (Figura 5), ya por compra directa, como Uñoz y Cucalón, ya por ocupación directa al no conocerse propietarios como la de Rivas. Los herbajes de estas dehesas fueron normalmente utilizados por los ganados de los monjes; pero también hay noticias de que algunas dehesas fueron arrendadas a particulares.

La explotación ganadera tenía como finalidad exclusiva la obtención de lana. Sólo era sacrificado el ganado no rentable por vejez o por defectos como cojera, sirviendo su carne para alimento de los criados. La Cartuja poseyó telares y sastrería, por lo que la lana, en parte era trasformada en vestimenta por el propio Monasterio. El resto sería comercializado, aunque se desconocen los circuitos comerciales utilizados.

En el “Manifiesto de rentas del Monasterio de Vall de Christ para el reparto de la Real Gracia de subsidio” realizado en 1777, los cartujos declararon tener 32 pastores para atender sus rebaños así como 7 apriscos o corrales donde guardaban en cada uno un ato de ganado. Los apriscos eran Bergada o Bergá, Verche, Monsen Jayme (Figura 5), Mas Tejada, Cortapán, S. Juan y Mas de Valero. En la actualidad se encuentran en ruinas la mayoría, pero algunos nos permiten imaginar cómo fueron antaño.

Constan de dos partes, una parte cubierta (Figura 7, 8, 9, 10) y otra parte al aire libre. Algunos, como el de Bergá, tienen un pequeño horno en la zona destinada a vivienda de los pastores (Figura 6) e incluso, adosado al corral, se puede observar los restos de un oratorio. Los monjes declaran en el citado manifiesto haber obtenido de sus ganados en 1776, 828 arrobas de lana, de las cuales se reservó la cartuja 300 para su trasformación en vestuario. Si como sabemos, las autoridades, no fiándose de las cifras dadas por los monjes, mandaron rehacer la declaración, debemos pensar que sería superior la producción a lo declarado.

La Cartuja tuvo mucho cuidado de protegerse contra cualquier ingerencia de otros ganaderos en estas zonas. Los amojonamientos las delimitaban claramente y gozaron, además desde su origen, de leyes destinadas a sancionar duramente a quienes las infringieran. En un principio, las leyes condenaban al ganado ajeno que fuera encontrado pastando, al pago de cantidades concretas, que se duplicaban si la infracción se cometía durante la noche (por lo general consistió en el pago de 5 sueldos durante el día y 10 por la noche).

En 1407 Vall de Christ renunció a los Fueros de Aragón, sometiéndose a los de la ciudad de Valencia. La decisión del cambio la determinó, aparte de otras causas, el hecho de que los fueros de esta última, trataban con más dureza las infracciones ganaderas. Así, tras la admisión, se pasó de pagar un canon por dichas infracciones, a la aplicación, a partir de ese año, de la pena denominada “Monta y degüella” (11).

Se conocen diversos litigios derivados de la aplicación de dicha pena, ya que se alegaba que, en el momento de aceptar los fueros de la ciudad de Valencia, la mayoría de las zonas ganaderas aún no estaban estructuradas como dehesas. Sin embargo, son muchas las sentencias dadas que recuerdan este derecho de Vall de Christ. Así, una sentencia dada en 1617, expresa claramente que “no se debe dudar del derecho que la Cartuja tiene de “monta y degüella” en todas sus dehesas, incluida la de Rivas”. Los litigios con Rivas se sucedieron y dicha pena se aplicó, por primera vez en la mencionada dehesa, en 1748, cuando se ejecutó en un ganado perteneciente a la ciudad de Segorbe.

 LA AGRICULTURA

La Cartuja fue un centro económico autosuficiente y, por esta causa, desde el principio necesitó del desarrollo agrícola. En sus primeros tiempos, siglos XIV y XV, la superficie cultivada tuvo una extensión limitada, pero con el paso de los años, adquirió cada vez más relieve.

Las características climáticas de la zona con claras irregularidades termopluviométricas, así como la geomorfología y la composición de la tierra, impusieron la práctica de una agricultura de tipo mediterráneo. La conversión en centro agrícola importante fue un hecho que se concretó a lo largo de los siglos XVII y XVIII y vino determinado por varios factores: la ampliación de la superficie cultivada, la introducción de nuevos cultivos y la aplicación de nuevas técnicas.

La ampliación de la superficie cultivada se consiguió por compras directas de tierra de cultivo o por nuevas colonizaciones. Vall de Christ para facilitar los trabajos y la explotación de estas zonas agrícolas, construyó las masías, que consistían en casas aisladas adscritas a fincas rústicas de carácter agrícola y ganadero. En todas las masías se construyeron edificios auxiliares situados, en algunos casos, en torno a un patio cerrado, que se destinaron a bodegas, graneros, lagares, etc. Durante el s. XVII, se construyeron casas-masías en la mayoría de las dehesas de la Cartuja convirtiéndose en centros agrícola-ganaderos. Sin embargo, será el s. XVIII el que conozca una mayor expansión agrícola. Este fue un fenómeno generalizado en toda la Comunidad Valenciana y, como dice Aparici y Ortiz, diputado valenciano en las Cortes de Cádiz, en el país no quedó “un palmo de terreno inculto hasta lo más elevado de los montes”. Vall de Christ también conoció esta fase de expansión; y es durante este siglo cuando se configuran como fincas agrícolas el Más de Valero, la masía de S. Juan y la de Rivas.

Las especies que conquistaron mayores superficies de cultivo fueron la vid, el olivo y el algarrobo. Se conoce como la Cartuja al comprar en 1539 la masía de Cucalón construyó al mismo tiempo que su casa-masía, su bodega y sus lagares. Mientras la poseyó el Monasterio fue su zona vinícola más importante. En cambio en Avanillas predominó el cultivo del olivo. Sin embargo lo característico de las masías fue el policultivo. Además de los citados cultivos, en el siglo XVIII se introdujeron el cáñamo, el maíz, la morera, los frutales y los cultivos hortícolas.

El factor tecnológico determinó fundamentalmente la expansión de regadío. El rey D. Martín había comprado a la ciudad de Segorbe el derecho de poseer media hilada continua de agua, procedente del manantial, de La Esperanza (12). Este lo cedió a Vall de Christ, que además, poseyó el derecho de que cada viernes recibiría una hilada de agua continúa durante el día y la noche. Tras ser utilizada por la comunidad, servía para regar el huerto intramuros del Convento. En 1531, el pueblo de Altura construye una balsa, ubicada posiblemente donde ahora se encuentra la llamada “balsa mayor” (Figura 11).
Los cartujos alentaron dicha obra y la financiaron, prestando a la villa la cantidad de 200 libras, obteniendo a cambio, derechos de riego en su propio beneficio. El agua utilizada era la del manantial de la Esperanza, que tras servir de fuente energética a su fábrica de papel y batán, se dirigía, por un trazado que hoy podemos seguir, a dicha balsa.

Esta construcción propició la trasformación de parte de secano en regadío, pero esta superficie, básicamente no se alteró hasta el s. XVIII. Durante este siglo se amplió considerablemente su superficie hortícola ya que se construyó y transformó un azud en la rambla y una acequia de conducción del agua hasta la balsa de S. Juan (Figura 12). A ello también contribuyeron pequeñas obras como las que se iniciaron para aprovechar mejor las aguas de las fuentes de las Fontanicas y de Rivas. En conjunto, sirvió para incrementar la productividad de las tierras, destinadas fundamentalmente a cultivos de huerta para el consumo local. Es muy difícil establecer cantidades, pero en el inventario que se hizo después de la exclaustración en 1835, se habla de que en zonas ubicadas muy próximas al Monasterio, este poseyó 170 hanegadas. La cifra, que en realidad pudo ser mayor, demuestra el interés de los monjes por la trasformación de sus tierras en superficies más rentables.
La tendencia alcista de los precios de los productos agrícolas fue sin duda un factor que estimuló la ampliación de la superficie cultivada (13). También hay que destacar el incremento del comercio de productos agrarios, facilitado por la Real Pragmática del 12 de octubre de 1778 que liberaba el comercio con América. Sólo al puerto de Alicante en la Comunidad Valenciana, se le permitió comercializar, pero el beneficio será para todo el país.

Ya hemos señalado que desconocemos cuales fueron los circuitos comerciales de Vall de Christ, pero somos de la opinión, que productos como el vino, del que sabemos que la Cartuja producía más de 20.000 cántaros anuales, bien transformado en aguardiente o como vino puro, por lo menos una parte se destinaría a la exportación ante el aumento de la demanda que se produjo desde la Europa Atlántica y desde América.

ACTIVIDADES ARTESANALES

La actividad agrícola y ganadera generó al Monasterio una importante cantidad de materia prima. La Cartuja necesitó construir centros preindustriales o artesanales para la transformación de las materias primas en distintos productos elaborados con posibilidad de utilización directa.

Para aprovechar la lana producida por sus ganados, el Convento construyó un batán (Figura 13). Sabemos que estaba situado en la partida del Abrotón (10), en un lugar donde anteriormente había existido una tejería regentada por un morisco, el cual la vendió al vicario perpetuo de Altura, Mosén Jayme, el 21 de septiembre de 1470. Por último éste la cedió a la Cartuja. Allí, utilizando el agua de La Esperanza como fuerza motriz, fabricaron paños, que posteriormente, en la sastrería que poseyeron los cartujos dentro del recinto de Vall de Christ, eran transformados en vestimentas. Recordemos cómo declaran en 1777 los monjes, que reservaban 300 arrobas de lana para su utilización.

El 2 de mayo de 1683 se transformó una parte de dicho batán en fábrica de papel de estraza. Antes de decidir dicha transformación, se pidieron opiniones y todas fueron unánimes al contemplar el hecho como muy beneficioso: “sólo acarrearía beneficios”, “se podía trasformar sin deshacer ni descomponer dicho batán”. Así pues, a partir de esta fecha coexistieron ambos centros artesanales. Hasta el siglo XVIII se fabricó fundamentalmente papel de estraza pero a partir de este siglo, con la utilización de la madera de las encinas del carrascal de Las Dueñas, fabricaron también papel blanco y en 1777 los monjes declararon que producían papel de imprenta, florete, estraza, marca mayor, marquilla y cartones. Así mismo la Cartuja también poseyó la fábrica de papel de Jérica. Su producción de papel fue notable, adquiriendo justa fama y existiendo varios testimonios que lo confirman:

“Perteneciente a dicha Cartuxa, tiene la Comunidad molinos de papel, y se fabrica de buena calidad. Este género se ha encarecido mucho en todo el Reyno, y parece que se debía tomar en consideración, para que tenga su debido efecto la protección que se ha prestado a los fabricantes; pues se está en el caso de acudir fuera del Reyno a comprarle, para el total abastecimiento” (14).

“Tiene esta Cartuja molinos de papel y le fabrican de buena calidad, que después del de Capellades y otros molinos de Cataluña, tiene la preferencia a los demás de España” (15).

Los monjes utilizaron esta producción para sus copias de libros y para legitimar sus múltiples litigios, compraventas, etc. Existen documentos con el sello de la Cartuja, en el Archivo Catedralicio y también poseen documentos con dicho sello particulares como Vicente Simón Aznar que posee un litigio sobre el agua de La Esperanza entre Segorbe y Vall de Christ.

Para la transformación de los productos hortícolas se establecieron centros artesanales. La Cartuja poseyó en el término de Altura el molino harinero denominado “de los Frailes” (Figura 14) que normalmente tuvieron arrendado. Estaba situado en el camino entre Altura y Segorbe y utilizaba como energía el agua de La Esperanza. Para trasformar su producción cerealícola, el convento construyó dentro de sus muros otro molino. También eran de su propiedad los hornos de las villas de Altura y Alcublas. En la primera poseían el llamado “horno de Altura” y otro denominado del “arrabal”; en la segunda villa, otros dos conocidos respectivamente como “el viejo” y “el nuevo”. Al igual que con el molino, los monjes los arrendaron asiduamente.

La explotación de la vid fue la más importante de las actividades agrícolas de la Cartuja. Sus más importantes masías como Cucalón y Rivas poseyeron lagares, conocidos aquí como trules, y bodegas para elaborar el vino, incluso alguna finca de considerable superficie puede descubrirnos restos en ladrillo de lagares y la propia Cartuja lo tuvo cercano a su majestuosa bodega, que al estar reconstruida, podemos en la actualidad contemplar en el nivel inferior de la iglesia San Martín. Para la transformación de la aceituna en aceite, poseyeron dentro de los límites del Monasterio una almazara.

Por último, reseñar los talleres de herrería y carpintería, donde trabajaron hermanos y criados, dando satisfacción a las necesidades de tipo agrícola, ganadero y artesanal. Destacar el hecho que, con motivo de la construcción en Altura de su torre-campanario en 1789, se construyó en estos talleres, su remate o sea su actual veleta (16). Estos talleres ocuparon el edificio que en la actualidad se encuentra a la izquierda entrando por la puerta principal a Vall de Christ.

CITAS Y BIBLIOGRAFIA

1. Baldeón Baruque, Julio. Historia General de la Edad Media. Siglos XI al XV, p.41.

2. Simón Aznar, Vicente. Historia de Vall de Cristo. Obra inédita, estructurada en varios tomos.

3. Gómez, Ildefonso María. La cartuja en España, p. 59. 

4. Gómez, Ildefonso María. Op. cit. Explica con toda claridad la evolución durante el s. XIII

“el arriendo directo es abandonado generalizándose los arrendamientos enfiteuíticos”. “Se adquieren censos, diezmos, iglesias, derechos de justicia…”.

Los Antigua estatuta admiten en 1259 como concretada esta evolución.

5. Archivo Histórico Nacional. Un pergamino integrante de la carpeta nº 471 narra la concesión a Vall de Christ por D. Martín, del derecho de jurisdicción sobre Altura y Alcublas.

6. Archivo Catedralicio de Segorbe. Libro de confirmación de privilegios a la Real Cartuja de Vall de Christ. También en el Archivo Histórico Nacional, en un pergamino de la carpeta nº 467, se encuentra la confirmación de la concesión hecha por D. Juan, hijo primogénito de D. Pedro a Vall de Christ.

7. Archivo Histórico Nacional. En la carpeta nº 467 se encuentra la Bula de Clemente VII sobre la cesión de la Rectoría de Castellón a la Cartuja. Posteriormente hay diversas confirmaciones de esta concesión.

8. Archivo Histórico Nacional. Pergamino integrante de la carpeta 470.

9. Manifiesto de rentas del Real Monasterio de Vall de Christ para el reparto de la Real Gracia de subsidio. 1777.

10. Por escritura autorizada por Pedro Polo el 21 de septiembre de 1470, se dice que

“FAMET Almoadam y abadía Almoadam vendieron… la tejería con sus casas, hornos y heras situado en la partida del Abrotón de Altura… es el sitio que ahora está la fábrica de papel”.

Este dato, está sacado de un libro titulado: “Libro índice de masías y otros bienes de la Cartuja de Val de Cristo. Con algunas noticias de la misma”. Creemos, se trata de un inventario realizado por los cartujos en el s. XVIII.

Como apuntó el P. Ildefonso María, en la exposición de su ponencia sobre la Cartuja conmemorando su VI centenario, algunos bienes, objetos de artes, libros, etc. fueron depositados por los monjes, al ser exclaustrados, en manos de familias conocidas, con la esperanza de recuperarlos si se producía su vuelta al Monasterio. Pensamos que este sería el destino del presente inventario. Ignoramos el paradero del libro original ya que lo que poseemos, es una fotocopia de una reproducción mecanografiada del mismo, que nos fue cedida por Vicente Simón Aznar. Componen el libro 329 llamados folios, aunque con una extensión cada uno, de la mitad aproximadamente de un folio actual, por lo que realmente está formado por 172 folios mecanografiados llamados “artales”.

11. Dicha pena consistía en esquilar y dar muerte a un número determinado de animales del ganado infractor. En la mayoría de sentencias se mataba una res y oscilaba el número de ganado esquilado. En sentencia dada el 15 de septiembre de 1773, al ganado de Tomás Domingo de Alcublas se le aplicó dicha pena de “monta y degüella” al penetrar en los herbajes de la dehesa de Las Dueñas. Se dio muerte a una res y fueron esquiladas 7.

12. Archivo Catedralicio de Segorbe. Libro de confirmación de privilegios a la Real Cartuja de Vall de Christ.

13. Ardit Lucas, Manuel. Revolución liberal y revuelta campesina, p. 62.

14. A. PONZ, Viage, T. IV, C VII, p. 51

15. Espinal, Bernardo. E. Atlante español, Madrid. 1748. Tomo VII, p. 70-73.

16. Simón Aznar, Vicente. Op. cit., Tomo sobre la economía, p. 264.

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3 pensamientos en “Aproximación a la economía de la Cartuja de Vall de Christ

  1. Estimado amigo Vicente.

    me constaba de antemano que tenías muchos conocimientos de “tu estimada” Cartuja pero quiero FELICITARTE porque la presentación en el blog: estructura del trabajo, redacción, fotografías y fuentes bibliografías es mágnifica. Creo que facilitarás que muchas personas puedan conocer es patrimonio que tenemos tan cercano y en muchas ocasiones tan olvidado.

    Un abrazo
    Pili

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  2. Enhorabuena por el trabajo. Está muy elaborado y completo.

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  3. Creo que es un magnífico trabajo. La cartuja de Vall de Cristh siempre nos reserva sorpresas. ¡ Enhorabuena ! Que buena investigación.

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