Antropología cultural de nuestro entorno

31 mayo 2011

ECONOMÍA Y SOCIEDAD: CASTELLÓ DE LA PLANA (Siglo XV- XVIII) LA ÉPOCA MODERNA

Filed under: Tema 5. Economia — Vicente Isach @ 10:57

EL PREDOMINIO DEL MUNDO AGRICOLA.

LA EXPANSIÓN DEL PAISAJE AGRARIO.

El término municipal de Castelló de la Plana comprende dos zonas bien diferenciadas: la plana y la montaña.

Por su específica delimitación, incluye solo parte de la vertiente sudoriental de las montañas que cierran la Plana por el norte entre Borriol y Benicásim, es decir, la Sierra de las Palmas.

Una estrecha franja por el lado norte y algunas colinas aisladas en el extremo no conforman todo el relieve del término municipal castellonense. El resto forma parte de la extensa llanura que se extiende desde Benicássim hasta Almenara y desde Onda hasta el mar, la Plana, atravesada por el río Mijares.

La Plana aluvial donde se asienta Castelló es el terreno más característico de nuestro término municipal y estaba destinada mayoritariamente al cultivo.

El reducido término municipal de Castelló fue objeto desde los primeros siglos de la ocupación cristiana de un minucioso aprovechamiento del terreno disponible.

Desde finales del siglo XV se inicia una tendencia expansiva de la superficie general cultivada, característica del siglo XVI, y que se manifiesta en las cifras que nos hablan del 53.30% de superficie cultivada para el año 1599 frente al escaso 30% de 1468.

El siglo XVII, sin embargo, fue una época de estancamiento, ya que para 1692 se mantenía el 53.5% de la superficie roturada, aunque ello no debe interpretarse como consecuencia de una pausa roturadora del terrazgo castellonense, sino por efecto de una fuerte reconversión de cultivos en beneficio del algarrobo.

Tampoco debemos buscar la incidencia de la expulsión morisca en este estancamiento, pues en Castelló era muy escaso el número de campesinos moriscos.

El siglo XVIII supuso el máximo desarrollo del proceso territorial. A principios del ochocientos (1817) la cota de superficie cultivada del término se situaba ya en el 72.6%, muy próxima al 74% que ofrecen los valores actuales de 1980. Este proceso de transformación se desarrolla indistintamente en las dos vertientes, el regadío y el secano.

Desde finales del siglo XVI el sistema de regadío se encuentra articulado sobre una red de acequias perfectamente estructurada, que permitió que las superficies cultivadas en las partidas de la huerta alcanzasen  casi un máximo en este siglo, ampliándose poco más en el XVII y XVIII.

El rasgo característico de esta huerta con riego de pie es su dedicación a cultivos de ciclo anual, aunque salpicada por algunos árboles y viñas.

El trigo era el producto básico para el abastecimiento de la población y por tanto su cultivo era mayoritario en las tierras regadas, a pesar de ello su producción era incapaz de abastecer las necesidades de consumo de una población creciente. Junto a los cereales, hortalizas y legumbres eran cultivadas también con destino al consumo doméstico.

Sin embargo, un carácter comercial tenían otros productos como el azúcar, que pudo tener bastante alcance en el siglo XVI, aunque siempre en un plano secundario.

Pero sí de producción comercializable hablamos, no podemos olvidar la vieja tradición de cultivos de fibras textiles de la Plana, como la morera y el cáñamo.

El moreral, con raras excepciones, se desarrollaba paralelamente al resto de cultivos sin suponer una expulsión del terrazgo para otros productos. La variedad hortícola era la tónica dominante en la ocupación de las tierras. Sí la morera era un cultivo minoritario, no sucedía lo mismo con el cáñamo, especialmente a partir del siglo XVIII, época de mayor expansión de su cultivo y producción.

El ciclo del cáñamo exigía una ocupación prioritaria del suelo, por ello podemos hablar de una alternancia casi exclusiva entre este cultivo y el cereal. Prácticamente la totalidad de los propietarios de tierra huerta distribuían sus parcelas entre uno y otro producto que en metódica alternancia se obtenían, es decir, entre el producto de consumo y el cultivo comercial.

Las favorables condiciones de comercialización y la fuerte demanda artesanal, permitieron que Castelló no solo pudiera abastecer la manufactura local se sogueros, sino que llegó a convertirse en la principal proveedora de la Armada.

Pero la particular configuración orográfica de la huerta castellonense, en la que las partidas de huerta tienen una forma alargada, perpendiculares al mar, establece una transición insensible entre huerta y marjal con la misma denominación y similares cultivos.

Esta coordinación entre huerta y marjal se manifiesta también en la necesaria infraestructura de escorrentías que serán la base del desarrollo progresivo de las tierras bonificadas. La puesta en cultivo de estas tierras ofrecía, pues la ventaja del riego, pero requería, al mismo tiempo, un buen drenaje.

El espacio ocupado por el marjal son unas largas franjas paralelas a la costa, pero no muy anchas, de manera que son cortadas por canales perpendiculares al mar de una longitud no superior a los seis kilómetros.

Las partidas con una mayor proporción de tierras de marjal, susceptibles de ser bonificadas son Ramell, Villamargo, Senillar, la Mota.

El proceso de puesta en cultivo del marjal es muy lento, pero podemos afirmar que a fines del siglo XVIII las tierras útiles de marjal representaban alrededor del 60% del área.

El impulso colonizador de estas tierras se relaciona con la presión humana de unos siglos económicamente más favorables. El acceso a la propiedad era más fácil si se trataba de estas tierras, cuyo valor era sensiblemente más bajo que cualquiera otra superficie.

Sin embargo, poner en cultivo una parcela de marjal requería una inversión de trabajo y de tiempo elevada, necesitaba un proceso de desecación y meteorización que retrasaba los primeros rendimientos.

Además la superficie que podía bonificarse era pequeña, lo que prueba que apenas existían parcelas superiores a una hectárea (la superficie más corriente era el mig quartó y el quartó 0.3 y 0.7 ha. aproximadamente).

Cavanilles destaca en su obra el avance de los saneamientos de las tierras de Castelló, y atribuye a la diligencia de los hombres, quienes a pesar de la frecuencia de aguas y manantiales en las zonas hondas, habían conseguido cambiar el curso de estas por medio de zanjas.

El empuje colonizador del marjal estaba prácticamente concluido a principios del siglo XIX. Pero  las obras de drenaje unidas al mantenimiento de la red de acequias obligaban a mantener una atención constante por parte de la comunidad. Sin embargo la contrapartida que podía ofrecer el marjal se materializaba en la amplia gama de productos de consumo doméstico e incluso comercial que estas tierras con abundante humedad ofrecían: trigo, hortalizas, frutales, cáñamo, morera, etc.

En la vertiente montañosa del término se asentaban las tierras de secano, sometidas también a una constante roturación, favorecida por la suavidad de las pendientes que no requería acondicionamientos  costosos.

Obviamente la ocupación más intensa y temprana corresponde  a las tierras cercanas al centro urbano, producida a lo largo del siglo XVI. De ahí  que la máxima expansión de las roturaciones en la partida de Benadresa se alcance a lo largo del siglo XVIII. En efecto en 1599 la tasa de roturación de esta partida no superaba el 25%.

Sin embargo, al finalizar la época moderna la práctica totalidad de las tierras susceptibles de roturación son ocupadas, incluso en zonas claramente marginales.

Es por tanto un sistema de aprovechamiento extensivo que no rechaza ninguna posibilidad de agregar espacios al ámbito agrícola.

Evolución de la superficie cultivada (en hectáreas)
AÑOS 1599 1692 1721 1746 1777 1785
CULTIVOS
huerta 1.425,00 1.483,00 1.502,00 1.431,00 1.546,00 1.545,00
marjal 612,00 690,00 685,00 626,00 781,00 775,00
campa 134,00 293,00 3,00 2,00 358,00 8,00
blanca 204,00 222,00 86,00
olivo 342,00 325,00 378,00 280,00 286,00 199,00
algarrobo 961,00 1.885,00 2.100,00 1.722,00 2.449,00 2.560,00
viña 667,00 228,00 289,00 327,00 330,00 289,00
cultivos combinados 750,00 253,00 415,00 604,00 648,00
cultivos con eriazos 269,00 160,00 52,00
eriazos 568,00 425,00 233,00 253,00 215,00 123,00
mallol 21,00 6,00 1,00
moreral 1,00 0,50 2,00
eixutal 12,00 6,00 3,00
Total 5.728,00 5.582,00 5.428,00 5.450,50 6.621,00 6.239,00
Elaboración propia a partir  de Domingo Pérez, C. (1983), Díaz Manteca, E. (1979) y Esteban Castillo, T. (1988)

El algarrobo se convierte a lo largo de la época estudiada en el cultivo por excelencia del secano castellonense, alcanzando su cenit en el siglo XVIII.

Aunque no podemos hablar de monocultivo, sí que debemos atribuirle una preponderancia, siendo las partidas de Magdalena, Estepar, Bovalar y Benadresa  el feudo de los algarrobos. La transformación es muy importante, no sólo por la disminución de los eriazos, sino también a costa de los cultivos combinados.

Esta espectacular expansión del algarrobo (de las 961 has. cultivadas de 1599 se pasó a las 2.560 has. en 1785) pudo tener en principio un destino local pero necesariamente la producción tenía un excedente comercializable, destinado a las crecientes necesidades del transporte y por la sustitución de los bueyes como animales de tiro por los caballos, mulas y burros, grandes consumidores de algarroba. Durante el setecientos los excedentes agrarios se exportaban por mar a Cataluña y Andalucía.

El auge del algarrobo se realizó en parte a costa de la viña, especialmente a lo largo del siglo XVII, período en el cual tanto la superficie cultivada como la producción disminuyeron notablemente.

En 1599 se cultivaban 667 has. de viña frente a las 228 de 1692, cifra esta que no se alterará mucho hasta acabar el siglo XVIII. Castelló no participa de la recuperación que se aprecia en el País Valenciano desde las primeras décadas del setecientos para el cultivo y la producción de vino.

Esta expansión general de  la vid solo se manifiesta en Castelló en un ligero crecimiento de la superficie cultivada entre 1721 y 1746. La zona no es especialmente favorable para este cultivo, frente a otras comarcas valencianas capaces de producir e importar vino más barato y de mejor calidad. La reducida producción local se complementaba con la de las poblaciones vecinas de Cabanes, Benlloch, La Pobla… La barrera del autoconsumo estaba empezando a debilitarse.

Por su parte el olivo se localiza en sectores intermedios encontrándose indistintamente en zonas de regadío como en las de pleno secano. Las partidas de la Casba, Coscollosa, Ullastrars y Canet, son las que mayor número de parcelas de olivar tiene.

SISTEMAS DE EXPLOTACIÓN.

La bipolaridad de la propiedad establecía una disociación entre propiedad y sistemas de explotación de la tierra, es decir, que mientras los labradores, los pequeños propietarios de tierras cultivaban directamente sus tierras, los terratenientes recurrían  al sistema de arrendamientos de tierras a corto plazo, utilizando jornaleros en las épocas que la cosecha lo requería.

A medida que avanza el antiguo régimen el sistema de arrendamientos a corto plazo fue mucho más utilizado que el arrendamiento indefinido, y permitieron una creciente acumulación de la renta en manos de los terratenientes.

El arrendamiento de tierras a corto plazo fue durante el siglo XVIII el sistema utilizado por muchos propietarios, la clase propietaria rentista, el clero, las profesiones liberales y algunas viudas, para la explotación de sus tierras.

La duración de estos arrendamientos oscilaba entre los tres y los ocho años, con tendencia a disminuir el tiempo del contrato a medida que avanzaba el siglo.

El empleo de esta relación contractual a corto plazo, en detrimento de la enfiteusis o cesión del dominio útil a perpetuidad, se debe a que el propietario no cedía ni la propiedad de la tierra ni el propio dominio útil de la misma.

Así en los arrendamientos a corto plazo al establecerse por un período reducido, el dueño podía adecuar la extracción de la renta a la coyuntura económica, evitando la desvalorización de la misma como ocurría con los censos.

Además, como el arrendador establecía de antemano las fechas para el pago de la renta estipulada, normalmente en dos plazos iguales y en dinero efectivo, los auténticos beneficiados del crecimiento económico de la segunda mitad del siglo XVIII, fueron los propietarios de tierras y no los arrendatarios.

Este sistema establecía que los propietarios no cultivadores arrendaban la tierra a cambio de una parte del excedente agrícola por el productor directo, y aunque muy cercana a la relación capitalista de explotación, todavía no debe considerarse como tal.

Estamos, aún, en una etapa de penetración capitalista en el campo, en el que todavía se conjugan prácticas feudales como es la obligación de efectuar parte del pago en especies.

En efecto, junto al pago en dinero efectivo establecido de antemano en una anualidad a pagar normalmente el día de Navidad, o el de Feria (28 de octubre), el arrendatario se obligaba a entregar un número determinado de cabezas de animales “gallinas o capones”, o/y determinadas cantidades de trigo, cáñamo, paja o incluso estiércol.

UNA VILLA AGRÍCOLA Y CENTRO

ADMINISTRATIVO.

Recordemos que Castelló era una villa de realengo. Fue sede de una demarcación administrativa, de la gobernación dellá lo riu d’Uixo durante la época foral, y de la gobernación de Castelló, a partir de la Nueva Planta, pero no por eso era un núcleo de mucha consideración.

En realidad era una pequeña urbe donde destacaba el carácter agrícola de sus vecinos.

La economía local dependía sobre todo de las actividades agrarias.

Como se desprende de las estructura socio-profesional que nos ofrece el censo de Floridablanca. El 59% de la población de Castelló se dedica al sector primario, frente a un 23% de población activa del sector secundario, un 12% al sector terciario y un 6% de criados.

Además, Castelló no responde favorablemente al análisis de los indicadores demográficos seleccionados para considerar a un núcleo urbano ciudad. En primer lugar, por supuesto, la estructura socio-profesional, que ofrece una población activa no agraria por debajo del 50%, destaca la actividad artesana o manufacturera que se sitúa muy por encima de la media del país, pero sin embargo no ofrece un sector de hidalgos, criados, comerciantes, clero secular, etc. tan alto como cabía esperar de una “ciudad”.

Pero si en relación a la poderosa economía urbana de la capital Castelló no era otra cosa que “campo”, en el contexto comarcal de su entorno la villa adquiría funciones de “ciudad”.

Sede de la gobernación y de la principal baylía de la Plana, la localidad era un centro donde se desarrollaban numerosos litigios y contaba con un número de abogados en constante aumento. Era también centro de intercambios de los productos de las comarcas del norte, así como residencia de una poderosa, aunque no numerosa, oligarquía que controlaba el poder municipal.

LA PIRÁMIDE SOCIAL.

La estructura social de Castelló durante el Antiguo Régimen era la propia de una sociedad agraria, en la que sólo la mitad de la tierra era realmente trabajada por sus propietarios, estando sometida a una fragmentación considerable desde la edad media.

A pesar de que Castelló era la sede del gobernador y de la baylía, el marcado carácter rural de Castelló y la atracción que Valencia capital ejercía sobre las élites puede ser la causa que en el Castelló del siglo XVIII no encontremos apenas representantes de la alta nobleza. Solo tres miembros de este grupo habían llegado a ostentar la categoría de nobleza titulada: El marqués de Usatégui, título de nueva creación, obtenido en 1735,  el barón de Benicássim y el barón de la Pobla (ambos títulos pertenecían a una familia desde principios de la edad moderna hasta 1620 en que se disgregó en dos, por la venta de la baronía de Benicássim y Montornés). Este reducido número de nobles titulados que residían en la villa de Castelló a lo largo de todo el Antiguo Régimen se debía a la preferencia por la ciudad de Valencia que mostraban los miembros de estas familias de mayor rango, que aunque poseían propiedades próximas a Castelló, elegían Valencia como lugar de residencia, ya que allí podían relacionarse y hacer una vida social mucho más relevante. Podríamos citar algunos ejemplos  como el marqués de Nules o el conde de Cirat, quienes residían en Valencia.

Por ello en la cúspide social y económica de Castelló, encontramos a los miembros de la nobleza menor, integrada por los caballeros, generosos y ciudadanos honrados, que representaban una cifra inferior al 1% del total de la población.

A pesar de su escaso potencial humano tenían un nivel de rentas superior al de cualquiera de los grupos sociales que integraban la sociedad castellonense, pero muy inferior al de la mayoría de la nobleza titulada, que habitualmente vivía en Valencia o Madrid.

El origen de sus rentas no estaba en los señoríos, sino que provenía de la propiedad de la tierra, explotada como única fuente de riqueza, a través, de los arrendamientos a corto plazo, que posibilitan el ajuste de la renta a la coyuntura agrícola.

De todo lo dicho se deduce que existía en el Castelló del Antiguo Régimen una clara estratificación social, en la que por tratarse de una sociedad agraria con fuentes limitadas de ingresos, la posibilidad de movilidad económica y social, pasaban necesariamente por la propiedad de la tierra. Cuanto más ascendemos en la escala social la propiedad de la tierra debe ir acompañada por el reconocimiento de un título, por poseer un estatuto jurídico privilegiado.

La ciudad de Castellón de la Plana

V.V.A.A. (1999) Ayuntamiento de Castellón de la Plana. Castellón

Fuente.- Mª Jesús Gimeno

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