PUERTO DE VINARÒS

Grupo: Marita Bover Ríos, Aparicia Ramos Jiménez, Carmen Redó Nento, Suzanne Rood van der Kloet, Nelly Suárez Sobrado.

A final del S. XIX se producen en Vinaròs dos hechos de gran importancia, que estaban destinados a dinamizar su vida comercial e industrial: la llegada del ferrocarril en 1865 y el inicio de las obras de la construcción del puerto.

En este estudio vamos a centrarnos en el tema portuario,  antecedentes, cómo se gestó su construcción, ampliaciones y modificaciones posteriores, construcciones e instalaciones complementarias, etc.

ANTECEDENTES HISTÓRICOS: EL CARREGADOR

La historia del puerto de Vinaròs empieza con el Carregador, denominación con la que era conocida la zona de la costa donde se venían realizando desde antiguo actividades comerciales de carga y descarga. Se trataba de una playa-puerto. Por eso, antes de explicar la construcción del puerto, hablaremos de esta primitiva instalación ubicada en sus playas.

Se dispone de poca información sobre el primitivo Carregador. Si tenemos en cuenta que la línea de costa en aquella época estaba situada más  tierra adentro, es fácil suponer que éste  estuviera situado entre las actuales plazas de Sant Agustí y de Sant Telm. Se ha podido comprobar la existencia en esta zona de una acumulación de materiales de arrastre, que penetraba en la mar, propiciada por un barranco allí existente, que facilitaría la primitiva instalación portuaria.

El citado Carregador no aparece en las cartas náuticas de los siglos XIV y XV, mientras que sí aparecen los de Peñíscola y Benicarló. El de Vinarós se mantuvo en un rango inferior durante la Baja Edad Media. Habrá que esperar a la segunda mitad del siglo XVI para encontrar el nombre de Vinaròs en la cartografía de puertos.

La profundidad de sus playas ofrecía unas ventajas naturales para el fondeo de naves. Esta circunstancia explica que desde antiguo fuera escenario de una serie de importantes operaciones comerciales, políticas y militares.

Con el tiempo nuestro Carregador fue adquiriendo importancia. Prueba de ello es que sus playas se utilizaron en diversas ocasiones para acontecimientos de tipo político, militar, etc. Citaremos algunos ejemplos que son testimonio de la importancia que iba adquiriendo esta primitiva y modesta instalación:

  • La playa-puerto de Vinaròs adquiere cierta importancia en 1420, cuando el rey Alfonso V el Magnánimo utilizó sus aguas para partir hacia Mallorca rumbo a Sicilia. Estos datos quedan manifiestos en la carta que el rey Alfonso escribe a su madre desde Vinaròs el día 19 de abril de 1420. En este puerto permanece el rey unas tres semanas gestionando reparaciones, avituallamientos y enrolando marineros para la escuadra.
  • En el mes de julio de 1565 el almirante Don Álvaro de Bazán, comandando diecinueve galeras, hace escala en este puerto para avituallarse. Iba camino de Malta, que pertenecía entonces a la orden de San Juan de Jerusalen, con el fin de socorrer aquella plaza sitiada por los turcos.  En el mes de diciembre del mismo año, una vez finalizada dicha misión, está de vuelta en este puerto.
  • En 1571 fondean en sus aguas once galeras de la escuadra española, al mando del almirante Gil de Andrade, que más tarde se unirían al resto de la escuadra que lucharía en la batalla de Lepanto. Aunque no está documentado hay razones que permiten suponer que también iba embarcado el famoso escritor D. Miguel  de Cervantes.
  • En 1599 desembarca en el puerto la princesa Margarita de Austria, acompañada por una flota de 51 galeras comandadas por Giovanni Andrea Doria. Para su desembarco se levantó lo que sería el primer embarcadero vinarocense, con estructura de madera, Fue recibida por notables del reino, entre ellos Don Fernando de Rojas y Carvajal, Marqués de Denia, Duque de Lerma y Virrey de Valencia, representante de la persona del rey Felipe III, con quien la archiduquesa contraería matrimonio en Valencia. En esa época Vinaròs ya era punto de embarque habitual para dirigirse a Italia.
  • Buena prueba del prestigio alcanzado por este puerto-playa la dio el gobierno del rey Felipe III, cuando en 1609, decidió seleccionarlo como punto de embarque para la expulsión de los moriscos. Fue una de las seis playas elegidas para embarcar a miles de moriscos expulsados del Reino de Valencia

Representación de la expulsión de los moriscos  (obra de Pere Oromig, 1612)

Existía, por lo tanto, la necesidad de un puerto ya fuera para llevar a cabo expediciones de embarque o desembarque de pasajeros, de tropas militares o para efectuar la carga y descarga de mercancías comerciales. En este sentido se produjeron diversas gestiones a lo largo de la historia hasta llegar a su construcción en la segunda mitad del siglo XIX:

ü     En tiempos de Pere el Cerimoniòs, en 1338 se le concedieron ya ciertos privilegios o franquicias, lo que ratifica la actividad que existía en las playas vinarocenses.

ü     A finales del siglo XVII, desde Aragón se pidió un puerto para Vinaròs. El Reino de Aragón propuso fundar una sociedad mercantil para operar desde este puerto, formada con capital propio de Aragón, con la finalidad de disponer de una salida directa al Mediterráneo, necesaria para la comercialización de sus productos Los aragoneses pretendían que el futuro puerto dependiera de la administración de Aragón. Esta idea no fructificó por querer no sólo un puerto, sino por quererlo franco, es decir, sin pagar impuestos a la Generalitat Valenciana.

ü     En 1709, una R.O. autorizaba al embarcadero de Vinaròs, juntamente con los de Peñíscola, Valencia, Denia y Alicante, para comerciar fuera del Reino valenciano, tanto con productos de entrada como de salida. Esto ponía de manifiesto la necesidad de la construcción de una infraestructura portuaria.

DEL CARREGADOR AL PUERTO

La actividad comercial y logística del Carregador durante la Baja Edad Media y sobre todo a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII fue constante e intensa, pero será en el siglo XIX cuando finalmente se consigue la construcción de la ansiada infraestructura que tan importante sería para el futuro desarrollo industrial y comercial de la Villa.

El camino para conseguirlo no fue fácil, si no más bien complicado y largo, hasta llegar a conseguir su objetivo, es decir, disponer de un puerto para proteger y dar abrigo a las embarcaciones que operaban en sus playas.

A finales del siglo XVIII, tras haberse inutilizado el antiguo embarcadero, llamado “de la Villa”, situado entre las plazas Sant Agustí y Sant Telm, se habilitaron para el tráfico de mercancías otros emplazamientos más idóneos, como la zona del Fortí, la de Fora Forat (antiguo barrio San Pedro) y la del varadero de Santa Magdalena, que se corresponde con la actual plaza del Primero de Mayo. Aunque sus estructuras portuarias eran precarias existía un eficaz sistema de carga y descarga.

Varias y diversas fueron las actuaciones realizadas desde Vinaròs, para conseguir el puerto, que no siempre prosperaban en Madrid, también hubo iniciativas fallidas desde la capital del reino. Por fin en la segunda mitad del Siglo XIX fue aprobada su construcción. Citaremos algunas de las gestiones realizadas, ya fuera desde Vinaròs o desde la capital.

  • En 1749, Antonio de Ulloa visitó Vinaròs por encargo de la Corona. El científico debía visitar algunos puertos españoles e informar de su estado. En el documento en el que hace referencia a Vinaròs escribe lo siguiente: “La Playa de Vinaròs, una de las de gran comercio que hay en las costas de Valencia, es (…) tan incómoda para el tráfico que sólo sirve a embarcaciones que no excedan de 40 o 50 toneladas (…) sin resguardo alguno para los Levantes y vientos de la parte litoral”… Otro problema era el continuo peligro “a que están expuestas las embarcaciones españolas, de ser apresadas por los corsarios de las costas de África”. La solución, según Antonio de Ulloa, contemplaba la construcción de un puerto, donde poder atracar bajeles grandes, de 200 a 300 toneladas o más, y poder realizar labores de mantenimiento, e indicaba como sitio ideal para comenzar las obras  la peña de San Vicente, punto del que arrancaría la escollera para la construcción del puerto definitivo en 1866.
  • En 1802, el rey Carlos IV, de viaje desde Barcelona a Valencia, realizó una visita a Vinaròs acompañado de su familia, de Manuel Godoy y del ministro de Marina, entre otros. La comitiva visitó la villa para conocer sus recursos y sus necesidades. El Ayuntamiento juntamente con el capitán del puerto, animados  por la buena predisposición de Carlos IV, solicitaron a las autoridades la construcción de una escollera o muelle para que las embarcaciones quedaran resguardadas de los fuertes vientos de Levante. Al año siguiente (el 15 de marzo de 1803) una Real Orden aprobó la petición del Ayuntamiento y se designó al ingeniero D. Manuel Serstevens para que elaborase el proyecto y preparase el presupuesto. El monarca Carlos IV envió a varios comisionados para que hicieran in situ los planos de las obras del puerto y propusieran los arbitrios necesarios para realizarlas. Este proyecto consistía en un muelle de levante de 430 varas de longitud y un contramuelle de 200 varas. Se redactó un presupuesto por importe de 17.760.093 reales; pero su ejecución no se llevó a efecto. La invasión francesa y la posterior Guerra de la Independencia de 1808 dejaron el proyecto en sólo eso, “un proyecto”. Se volvería a reivindicar su construcción en 1827, aprovechando la visita del rey Fernando VII. Se hicieron sucesivas peticiones a las Cortes y también a la Reina Regente, en 1841 y en años siguientes. De momento, todos estos esfuerzos no consiguieron los propósitos deseados.
  • Ya en 1851 se desplazó a esta ciudad el ingeniero Manuel de Caravantes con el propósito de proyectar nuevos planos para un futuro puerto y realizar un estudio de la playa vinarocense y de las pedreras del Puig de la Nau y de la ermita. Esta iniciativa quedaría paralizada.
  • Tuvo que ser unos años más tarde, debido a la influencia del ilustre prelado vinarocense José Domingo Costa y Borrás, Arzobispo de Tarragona, cuando al fin se logró la ansiada construcción del puerto. El 2 de abril de 1861 se dispuso el estudio del proyecto que contemplaba la construcción de una dársena para el resguardo de las naves, dado que en la citada época existía un importante y regular comercio de exportación de vinos, que años después se incrementaría con el comercio de aguardientes, aceites y la importación de cereales, sal y otros artículos.

 Monumento a Costa y Borras, erigido en 1918

En 1862 el ingeniero Leandro Ayoza redactó el proyecto. El puerto tendría un solo muelle de 430 metros de longitud hacía el interior del mar. Arrancaría en la punta de la Galera y su inmediata roca de San Vicente, donde empieza el muro, justo al final del actual Paseo Blasco Ibáñez, en el mismo punto donde lo situaba el informe de Antonio de Ulloa. La playa utilizada para las obras fue la situada frente a la plaza del Astillero.

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