OFICIOS RELACIONADOS CON EL MUNDO MARINERO

Grupo: Marita Bover Ríos, Aparicia Ramos Jiménez, Carmen Redó Nento, Suzanne Rood van der Kloet, Nelly Suárez Sobrado.

Sin duda el trabajo al que se dedican las personas determina en parte su carácter. Así podemos hablar de un carácter marinero o de un carácter agricultor. Tradicionalmente, la mayor parte de los habitantes de Vinaròs han trabajado en uno de estos dos oficios: la marinería o la agricultura.

Abordaremos en este estudio el mundo de la marinería, si bien centraremos la investigación en tres  oficios, los más relevantes entre la población marinera de Vinaròs:

  • Marineros-pescadores y marinos mercantes
  • Calafates y mestres d’aixa
  • Remendadoras de redes.

 MARINEROS Y MARINOS MERCANTES

Desde antiguo, los hombres y las mujeres asentados en la ribera mediterránea supieron explotar el mar, especialmente la pesca, además de practicar un beneficioso comercio mercante.

MARINEROS – PESCADORES

Como es lógico y por tratarse de una población de costa, la mar, como gusta decir a los poetas, ha sido para Vinaròs desde tiempos inmemoriales, un medio de vida muy importante.

Durantela Altayla Baja EdadMedia su núcleo urbano se hallaba rodeado por una muralla cuadrangular con torres en las cuatro esquinas.

Fuera de sus murallas surgieron núcleos de población con dedicación y vocación marinera: el arrabal de Sant Pere, el de la Magdalenay el de la Drassana. Enestos barrios había gentes que vivían del mar: pescadores, marinos mercantes y constructores de barcos o mestres d’aixa. Era una población que disponía sus casas en la misma línea de costa, vigilando sus débiles embarcaciones para evitar el ataque de la piratería.

En sus playas, se efectuaban trabajos de reparación de naves, redes y demás aparejos de pesca. La playa era el escenario de una actividad frenética: preparar los palangres, teñir las redes, fabricar los cabos y el cordaje, reparar o construir las pequeñas embarcaciones, salar el pescado y venderlo a pie de barca o por las masías de los alrededores.

La pesca practicada en nuestras costas ha sido y es una pesca de bajura, es decir, las barcas vuelven a puerto cada día. A la mar se iba con tripulaciones de cinco, siete o nueve hombres, en llaúds abiertos o cubiertos, de menos de diez metros de eslora, con la vela latina para aprovechar el viento, o movidos por la fuerza de los remos para ir al caladero o huir de la tormenta. Estas embarcaciones han persistido hasta bien entrado el siglo XX.

Las difíciles condiciones de vida de estas gentes de mar afianzaron la unidad entre ellas, ya que compartían peligros, accidentes, ataques del enemigo, naufragios y también unos reducidos ingresos con un sistema de retribución ‘a la parte’. Por todas estas circunstancias desarrollaron un fuerte sentimiento de identidad colectiva. No es de extrañar que desarrollaran un sistema corporativista y fundaranla Cofradíade marineros-pescadores bajo la advocación de San Pedro, con altar propio ya en la primitiva iglesia gótica.

El gremio de los Marineros de Vinaròs poseía su propio Montepío obrero para ayudar a los socios en casos de enfermedad. Según sus ordenanzas o estatutos, la organización debía prestar asistencia a sus afiliados en caso de necesidad. Se recaudaban fondos de las ganancias que obtenían y se depositaban en la caja social del Gremio para atender las contingencias del propio colectivo.

Además de procurar por los suyos, la corporación prestaba servicios a la colectividad de Vinaròs. Realizaba funciones de guardia y vigilancia costera persiguiendo a los piratas o moros que aparecieran por la costa.

Todas las actividades marítimas, y no sólo la pesca, estaban bajo el control de las cofradías, aunque ello no indicara que para acceder a un cargo todos los subsectores tuvieran el mismo peso, siempre había alguno de ellos que, por tener mayor número de miembros u otros factores, tenía mayor influencia en la vida de la cofradía.

La existencia de La Matrícula de Mar, a partir del año 1737, fue importante para el conjunto de la marinería. Consistía en el registro de toda la población dedicada a actividades relacionadas con el mar: marineros y pescadores, calafates y mestres d’aixa. Esta población podía ser reclutada para el servicio dela Armada, por lo tanto se trataba de un colectivo militarizado para garantizar las dotaciones de las naves reales. Como contraprestaciones gozaban de una serie de ventajas, desde exenciones fiscales hasta tener un trato distinto frente a la justicia.La Matrícula de Mar fue la intervención del nuevo estado borbónico en los asuntos relacionados con el mar y supuso un recorte en las atribuciones de los gremios.La Matrícula de Mar desapareció en 1873.

En el siglo XVIII, la pesca en el litoral valenciano se caracterizaba por el predominio de sistemas y aparejos tradicionales, pero en estas fechas empezó a difundirse la pesca del bou, esta difusión se ha relacionado con la promulgación dela Matrícula de Mar.

Redes secándose al sol, colección Sebastián Redo

El sistema de pesca del bou desató una viva polémica entre sus defensores y detractores. El estado era un ferviente defensor, mientras que los gremios se oponían con argumentos que hoy tildaríamos de ecologistas. La pesca del bou o arrastre fue prohibida en varias ocasiones en todo el litoral o en determinados puertos, y sólo se otorgaban concesiones para faenar a un reducido número de embarcaciones.

Para las matrículas de Vinaròs y Peñíscola la concesión se materializó en la Real Ordende 3 de marzo de 1767, Reglamento que deberá regirse en el uso y gobierno de la pesca del Bou”. En este reglamento se otorgaba autorización para la pesca de arrastre a tan sólo 8 parejas de barcas para Vinaròs y otras 2 para Peñíscola. Se practicaba entre el cabo de Oropesa y la vila de Alcanar, también se regulaba la medida de las redes y se establecían periodos de veda. Las autorizaciones para la práctica de la pesca de arrastre (del bou), aumentaron considerablemente con el tiempo.

Con la abolición de los Gremios de Mareantes en el año 1864 y dela Matrículade Mar en 1873, los puertos pesqueros del litoral español quedaban abiertos a la industrialización del sector y al sistema  de libre mercado.

En el año 1910 había 220 pescadores empadronados en Vinaròs y en 1923 se fundó el nuevo Pósito de Pescadores, llamado el Previsor, con el propósito de organizar y mejorar las condiciones de trabajo que seguía manteniendo todavía elementos de la época gremial. Uno de sus principales objetivos era organizar la venta de las capturas de sus asociados, facilitarles una financiación ventajosa y una formación general profesional para los asociados y sus hijos.

En el año 1926 empezaron a funcionar las primeras barcas a motor que prescindían de las tradicionales velas. La utilización del arte de puertas, arrastrado por una sola barca, tan sólo era posible con barcas de motor, no obstante las velas siguieron utilizándose ya fuera por la escasez de carburante en los años de posguerra o por la inversión que representaba hacer el cambio de vela a motor. En 1950 había 150  barcas de motor y tan sólo 6 seguían con la tradicional vela.

Las capturas aumentaron de manera espectacular. En 1933 se capturaron 1606 toneladas, alcanzándose las 5.876 toneladas en 1957.

Redes de algodón colgadas en el palo para secarse (Col. A. Delgado)

El momento de máxima expansión de la pesca corresponde a la década de los 50 con un censo de 627 pescadores, cantidad que aumentaba entre la primavera y el otoño, porque se requerían más efectivos para la campaña de captura del pescado azul.

En la actualidad son muy pocas las barcas dedicadas a la pesca de arrastre y a “la llum”; las de trasmall son algo más numerosas.

La vida a bordo siempre ha sido dura pero el problema mayor en el siglo XXI es la poca rentabilidad de esta actividad: disminución de capturas, aumento de costos, han sobrevivido aquellas barcas de mayor tonelaje, más tecnificadas y más potentes.

MARINERIA MERCANTE

Los marinos mercantes vinarocenses surcaban desde antiguo el Mare Nostrum cargados con nuestros productos. Al mismo tiempo traían mercancías de las que aquí no se disponía, procedentes de otros lugares. Así se originó en nuestras playas una intensa actividad comercial. Un nutrido grupo de la población marinera, de vida más aventurera e inquieta se enrolaba en estos mercantes que realizaban un comercio de intercambio de productos. Las travesías eran más largas e intrépidas y se ausentaban largas temporadas de la vila.

Sus gentes formaron la clase social de los matriculados o mareantes, que llegaron a constituir la Cofradía de San Telmo, fundada canónicamente en 1592. Con el mismo nombre se fundó en 1610 una nueva Cofradía en el convento de San Agustín, ambas se unificaron en1617 a este colectivo se le conocía como el Gremio de Mareantes.

EL comercio de cabotaje en el puerto de Vinaròs fue muy pujante durante los siglos XVIII y XIX, si bien a finales de este siglo esta actividad comercial sufrió un relativo descenso, provocado por la competencia del ferrocarril. No obstante, aguantó bien la crisis gracias al intenso comercio del vino, en especial con Francia que, sumida en plena crisis de la filoxera, firmó un tratado comercial con España, con unas ventajosas condiciones arancelarias para nuestro país (década dorada del vino 1882-1892). Un 4% del vino español exportado salía del puerto de Vinaròs.

En 1891 entraron 484 embarcaciones al puerto de Vinaròs. En nuestra ciudad existía Aduana y diversos consulados.

La actividad comercial sufrió también una caída importante, hasta llegar prácticamente a su total desaparición. El comercio marítimo se ha concentrado en puertos cercanos de mayor relevancia: Castellón y Tarragona, pero sobre todo Valencia y Barcelona

 CARPINTEROS DE RIBERA Y CALAFATES

Desde antiguo existió en Vinaròs una próspera actividad de construcción de embarcaciones muy vinculada al comercio y a la mar: los mestres d’aixa o carpinteros de ribera y los calafates.

Los mestres d´aixa y calafates formaban, junto con los carpinteros, los constructores de carros y toneleros, el Gremio de los carpinteros, todos ellos agrupados en una Cofradía bajo la advocación de San José.

MESTRE D’AIXA O CARPINTERO DE RIBERA

Carpintero de ribera o mestre d’aixa es un artesano que proyecta, construye y repara embarcaciones de madera. El oficio de Mestre d’aixa ha disfrutado de gran prestigio y continuidad a lo largo de la historia, por su combinación de arte y técnica y por la importancia que han tenido las embarcaciones tanto para la pesca como para la guerra, el transporte y el ocio.

Drassanes playa  de la Magdalena, 1903. (Asociación Cultural Amigos de Vinaròs)

 CALAFATE

El oficio de calafate consiste en sellar el casco del barco y cerrar las junturas de las maderas de las embarcaciones para evitar que el agua se filtre en el interior. Para ello se introduce estopa alquitranada en las juntas de las tablas, ayudándose del martillo y los hierros de calafatear o carenar. Esta operación, bastante engorrosa por utilizar pez caliente, es la que ha dado el nombre al oficio de calafate. Los maestros carpinteros alcanzan tal grado de destreza en el forrado, que a veces no se necesite calafatear todo el casco de la embarcación.

El calafateado de las embarcaciones de madera necesariamente debía llevarse a cabo como parte del proceso de su construcción y además cada determinado tiempo, como máximo un año, para su correcto mantenimiento.

Se trata de un trabajo básico en los astilleros y de gran responsabilidad, pues en caso de no llevarse a cabo correctamente, una vez botada la embarcación podrían producirse vías de agua, obligando a sacarla a tierra para corregir los defectos observados. Las anomalías incluso podrían afectar a la estanqueidad del casco y, en caso de detectarse lejos del puerto, amenazar muy seriamente la seguridad de los tripulantes.

Tradicionalmente el oficio de calafate, de acuerdo con la reglamentación impuesta por el gremio, clasificaba a los trabajadores en maestros, oficiales y aprendices, debiendo contar con experiencia y superar las pruebas establecidas por el gremio para alcanzar la categoría superior. Actualmente se aprende por la observación de los discípulos del trabajo de los maestros, iniciándose en la profesión, habitualmente desde joven.

Dada la reducida dimensión de nuestros astilleros no siempre se disponía de embarcaciones para calafatear por lo que con frecuencia estos trabajadores compatibilizaban las tareas de su especialidad con otras ocupaciones. En muchos casos los mismos carpinteros de ribera también realizaban labores de calafateado.

ATARAZANAS EN VINAROS

Ya en el siglo XVI existía, fuera de la ciudad de intramuros, el raval dela Drassana, que sin duda hacía referencia a la existencia en el frente marítimo de talleres dedicados a esta actividad, que se extendía desde la playa inmediata a la vila amurallada hacia las playas dela Magdalena. Amediados del siglo XVIII continuaban instalados en este mismo sector. Se trabajaba al aire libre, no existían talleres cerrados para desarrollar esta actividad, tan sólo algún pequeño almacén destinado a guardar herramientas, madera ya cortada, estopa, alquitrán, etc.

Probablemente a finales del XVIII las atarazanas se desplazaron hacia la zona de la actual plaza Dos de Mayo que pasó a denominarse plaza dela Drassana, este nombre, aunque según parece nunca fue oficial, se utilizaba popularmente.

En este mismo siglo XVIII se produce en nuestras costas un aumento de la pesca, que puede atribuirse a la promulgación dela Matrículade Mar y también a la difusión del arte de la pesca del bou. Este crecimiento animó la construcción de embarcaciones y las atarazanas se llenaron de actividad constructora.

Durante el siglo XIX se dejará notar la influencia del ferrocarril como medio de transporte de mercancías, lo que originará un declive en el comercio de cabotaje y también en el número de embarcaciones de vela botadas. Además en el último cuarto de siglo XIX no se construyó ninguna embarcación de más de 50 t, el motivo es que no se produjo una reconversión de las atarazanas artesanales, tampoco se hizo el cambio de la vela al vapor, ni de la madera al acero, no se llevo a cabo la modernización, que requería nuevas técnicas, nuevos materiales y, quizás, empresas más potentes.

Se siguió construyendo embarcaciones de pesca con los materiales y técnicas de siempre. La actividad de las atarazanas no cesó y soportó bien  la crisis.

 Drassanes Sorolla 1917 (Colección A. Delgado)

La actividad de les drassanes se recuperó a principios del siglo XX, pero ya especializada en embarcaciones de pesca. En esta época existían en Vinaròs 6 talleres de atarazanas, las más importantes eran las de Joan Verdera y las de Pere Sorolla. Durante el periodo de la Gran Guerra Europea, se construyeron embarcaciones de mayor tonelaje, siendo la más importante de esta época  la ”Damianin II” un pailabot de 1200 t, propiedad de Damián Frontera.

Una vez pasada la coyuntura bélica favorable para el sector, se inició una nueva crisis. Durante la primera mitad el siglo XX siguió manteniéndose una actividad sostenida. Hacia 1980 la construcción estandarizada sustituyó la madera por poliéster. Existían tres talleres dedicados a la construcción con técnicas artesanales.

En el año 2005 finalizó la construcción de un buque metálico, el primero en la historia de la construcción naval en Vinaròs.

Actualmente existen algunos artesanos de madera que realizan trabajos de mantenimiento. El oficio se encuentra en retroceso debido a la desaparición de la pesca tradicional y la aparición de nuevas técnicas de construcción  con poliéster y fibra de vidrio.

REMENDADORAS DE REDES

Las redes de pesca consisten en una serie de hilos anudados de manera especial. Se trata de un utensilio esencial para los pescadores y la herramienta mediante la cual realizan las capturas. Las redes tienen diferentes características, según  el tipo de capturas, el hábitat y la técnica pesquera utilizada

Las redes suelen tener una relinga (tible) superior de flotadores y otra relinga inferior de plomos, aunque lógicamente el diseño o forma de la red varía según el tipo de pesca que se practica.

Para la pesca del trasmall se utiliza  una red de pesca que está formada por tres paños de red o mallas superpuestas, la red central, denominada en Vinaròs broma o bull, tiene un tamaño de malla u ojo de malla con las dimensiones adecuadas para el tipo de pesca que se pretende realizar, mientras que las dos subredes exteriores denominadas armall, a un lado y al otro de la broma, favorecen un enganche adicional, pues está comprobado que los peces se enredan con más facilidad en este tipo de redes triples, que en una red simple o de un solo elemento.

Antiguamente, en una época muy primitiva, el material que se utilizaba para tejerlas eran pequeñas ramas de sauce. Durante siglos la materia prima con la que se tejían las redes fue el algodón. Hoy en día las fibras naturales han sido sustituidas por fibras sintéticas que aguantan mejor las condiciones de trabajo y se rompen menos.

Con el uso las redes se deterioran, ya sea por el salitre del mar o por las mordeduras de los peces, que buscan la manera de escapar cuando quedan atrapados en ellas. Por eso es necesario repararlas cuando se rompen, a fin de poder usarlas en óptimas condiciones.

 Agujas para remendar (foto propia)

Para aprender este complicado arte no hay escuelas. Este saber  se transmite de padres a hijos o mejor dicho, de madres a hijas, porque el oficio es mayoritariamente femenino. Los hombres salen a pescar y las mujeres son las encargadas de reparar las redes. La mayoría de remendadoras son hijas o esposas de marineros, también hay mujeres que trabajan asalariadas, aunque no es lo habitual. Según dicen en este oficio, como tantos otros, siempre hay algo nuevo que aprender. Hilos, tijeras, agujas para rementar y unas manos habilidosas son las únicas herramientas de trabajo con las que cuentan las remendadoras. Es un oficio necesario para el sector pesquero pero que sin embargo es poco conocido y menos aun valorado.

Una red puede tener desgarros de infinitos tamaños y formas, a lo largo y ancho del tejido. Los ávidos ojos de las remendadoras los localizan con rapidez y con sus hábiles manos  proceden a la forma de remiendo más adecuada. Todavía no se ha inventado la máquina capaz de realizar este trabajo. La aguja se desliza y zurce en un santiamén, dejando  lista la red para ser utilizada de nuevo.

Remendora o redera trabajando en su casa  (foto Olga Fibla)

BIBLIOGRAFÍA

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Sòria i Ràfols, Ramon, Coordinador (1989). “Diccionari Barcanova d’Història de Catalunya”. Barcelona: Editorial Barcanova S.A. 445 pag

http://news.vinaros.net/v7/ehtml/p_reportatges_15034.htm#noti_0

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