Entre campos de cultivo y por una ruta muy cómoda, pudimos disfrutar y contemplar las extrañas y enrevesadas formas de los troncos y ramas de los olivos milenarios. Como si en su “piel” se hubiera quedado grabada la marca del tiempo. Nos da de pensar que ellos estaban antes que nosotros y ahí seguirán.
Álbum de fotos: