Los Iberos en Castellón

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LOS IBEROS

EN CASTELLÓN


SEGUNDO A CURSO 2011-2012





ESTE TRABAJO HA SIDO CONFECCIONADO POR LOS ALUMNOS DE SEGUNDO CURSO DE GRADO EN CIENCIAS SOCIALES Y HUMANAS DE LA UNIVERSIDAD PARA MAYORES DE CASTELLÓN-UJI CUYOS NOMBRES SE RELACIONAN.


CARMEN LÓPEZ FLOR JESÚS VALENCIA ALGARRA RAFAEL SANZ ESTEVEZ



ESQUEMA DEL CONTENIDO DEL TRABAJO

Los Iberos

Grupo de pueblos que habitaron el Sur y el Este de la Península Ibérica entre los siglos VI a.C. y ll a.C. y que pese a su diversidad manifestaron características comunes por su largo contacto con los pueblos comerciantes del Mediterráneo: púnicos y griegos Podemos establecer su ubicación desde las actuales Cataluña, el Aragón oriental, Murcia y Valencia, el oriente castellano-manchego y la parte central y oriental de Andalucía. Los iberos nunca constituyeron un estado propiamente dicho. Su organización territorial se basaba en tribus o pueblos que dominaban territorios formados alrededor de una varias ciudades fortificadas, entre las que encontramos por proximidad a los jacetanos, los sedetanos y los ilergetes. Por su importancia también destacaremos a los turdetanos, herederos de la civilización de los Tartesos.



En la base étnica de los iberos, existen principalmente dos componentes, el primero parece especialmente importante en parte de Andalucía, en Murcia y en todo el País Valenciano, mientras que las aportaciones étnicas indoeuropeas fueron intensas sobre todo, dentro del área ibérica, en Cataluña y el valle del Ebro. Nunca un pueblo ibérico fue étnicamente homogéneo, como fenómeno cultural y no racial. Los iberos no formaron nunca una unidad política. Su organización social se basó en la ciudad, o poblado.


Los pueblos íberos mantuvieron su hegemonía étnica en el Levante y en el Sur de la Península Ibérica. Los principales grupos íberos eran: -Región de Murcia: mastienos (costa) y bastetanos (interior), pueblos pertenecientes a la confederación tartésica. Los mastienos extendieron su influencia por la costa mediterránea de Murcia y Andalucía. Su capital residía en Mastia (Cartagena), centro comercial de gran importancia por su riqueza mineral y el desarrollo de la industria del salazón y del esparto. Mastia era una ciudad con una gran muralla y estaba rodeada por cinco colinas. Además,contaba con las defensas naturales del mar en el Este y de la laguna en el Oeste. Las ciudades mastienas se situaban en lugares elevados de fácil defensa, estaban amuralladas y se regían por leyes escritas aprobadas en el Consejo de Ancianos, presidido por el monarca. Los bastetanos recibían el nombre de su capital, Basti (Baza). Este pueblo estaba emparentado con el mastieno y ocupaba las zonas de interior en el sureste peninsular. La base de su economía residía en la agricultura, la minería y el comercio. La imagen más representativa de los bastetanos es la escultura de la Dama de Baza. -Cataluña: indigetes (Gerona), lacetanos y ausetanos (interior de Barcelona), layetanos (costa de Barcelona), ilergetes (Lérida) y cosetanos (Tarragona). -Islas Baleares: baleáricos. -Comunidad Valenciana: ilercavones (Castellón y sur de Tarragona), edetanos (Valencia) y contestanos (Alicante y sur de Valencia, entre los ríos Júcar y Segura). -Andalucía: turdetanos o tartesios (zona occidental-Huelva, Cádiz, Sevilla, Córdoba, Jaén y Málaga), bastetanos (zona oriental-Almería y Granada) y oretanos (Jaén y Sierra Morena). El historiador griego Estrabón consideraba a los turdetanos "los más cultos de los pueblos íberos, ya que conocen la escritura y tienen crónicas históricas, leyes y poemas en verso". Además, el reino de Tartessos destacaba por la riqueza mineral de su territorio, el Valle del Guadalquivir, foco de atracción para los Pueblos del Mar del Mediterráneo Oriental.

La sociedad

La sociedad ibérica es tan diversa como los pueblos que la componen, aunque en el Sur la sociedad es más estratificada, con una clase noble en posesión del poder político y económico, una clase media de artesanos y propietarios de tierra, una clase baja de trabajadores de las minas, artesanos y agricultores, además de extranjeros y esclavos. En el Norte la diferencia de clases es menor.


Las formas de gobierno también son variadas, dependiendo de los pueblos y coincidiendo con la anterior clasificación territorial: Pequeñas monarquías, oligarquías o republicas con su propio senado.

La economía

La diferencia social también afecta a la distribución económica, con una zona meridional que tiene acumulación de riqueza en pocas manos y la zona levantina con una distribución más equitativas. El cultivo de la vid y del olivo y su transformación en vino y aceite era la base de la producción y el comercio. La gran producción de cereales también contribuyo no solo al consumo interno, si no, también a la exportación. La economía agropecuaria se complementaba con una abundante ganadería. La minería adquirió gran importancia gracias a importantes yacimientos de cobre, hierro, plomo, plata y oro, junto a ella la industria metalúrgica.


Además de las monedas procedentes de los territorios colonizadores, los iberos acuñaban sus propias monedas en cada territorio.


Las ciudades

Las ciudades iberas solían estar a la orilla de los ríos o bien en cerros que facilitaran su defensa, en este caso estaban fuertemente fortificadas y tenían lugares públicos de reunión semejantes a foros.


Conocían la escritura, que era una adaptación del alfabeto griego pero que no han podido identificarse fonéticamente sus signos,


Se conocen dos modalidades de alfabeto, el meridional o tartésico y el levantino.Los textos que se han encontrado están en un soporte resistente,




Cultura

La Escritura

como son metales, sobre todo plomo y también en cerámica. .

La Religión

La religión ibérica parece estar relacionada con los ciclos de la naturaleza. El culto se realizaba en cueva, que por sus característica geográficas estaban dotadas de una sacralidad inherente. Surgen los santuarios donde se realizan ofrendas con representación de hombres y mujeres, escenificando peticiones.

Creían en los espíritus de los difuntos, incineraban los cadáveres, los ponían en urnas y los enterraban juntos a su ajuar funerario, lo que indica la creencia en la vida de ultratumba.


Los monumentos funerarios quizá son las obras arquitectónicas más importantes encontradas. La más grande es la del Pozo Moro que se construyo con sillares de 6 metros de altura, se cree que era


perteneciente a un príncipe y por esa zona se han encontrado restos de construcciones similares



.



Ejemplos de necrópolis son: Las de Galera y Baza, en forma de cámaras funerarias que contenían piezas de ajuar. La magnífica escultura de la dama de Baza que junto a la de la dama de elche son las más representativas. Ésta última con una medida de 56cm de altura, conteniendo en su espalda una cavidad que seguramente servía para introducir reliquias objetos sagrados o cenizas.

El Arte

La escultura ibera tiene unos rasgos propios que se manifiestan en la Dama de Elche y la de Baza. Todas las esculturas encontradas parece ser que tuvieron una función principalmente religiosa. Los iberos trabajaban con los materiales que tenían más próximos en su hábitat, como son esculturas en piedra, bronce o barro. Para realizarlas utilizaban el cincel la gubia y el puntero. Como ejemplos de escultura ibera, son también animales reales o ficticios como la bicha y el bazalote o pequeñas estatuillas en bronce representando guerreros.


La Ceramica

Con claras influencias griegas y fenicias, la producción es muy abundante. El alfarero ibero empieza a utilizar el torno. Las vasijas aparecen decoradas con elementos geométricos combinando bandas y líneas con elementos circulares. Distinguimos dos tipos:

- Cerámica fina, que incluye recipientes de transporte y almacenaje, ánforas, tinajas, y también utensilios de mesa como platos, copas, …

- Cerámica de cocina con recipientes destinados a un uso meramente culinario, como ollas, cazuelas,… Los vasos iberos se grupan en dos estilos pictóricos: - El narrativo, con escenas figuradas tanto de seres humanos como de animales y acompañadas en ocasiones de textos escritos en la misma pintura roja que las de las figuras. Se desarrolla en el siglo III a.C. - El simbólico, con imágenes aisladas y seres mitológicos.



TORRE LA SAL IBERICO (RIBERA DE CABANES, CASTELLON)


En este trabajo, vamos a tratar de recopilar los trabajos realizados por un equipo de investigadores, que con la coordinación del profesor Enric Flors, han desarrollado otros 24 más en esta zona tan importante en la prehistoria del Mediterráneo, de los que destacaríamos por nuestra cercanía a Carme Olária y a Francesc Gusi, bajo el patrocinio e intervención promovida por la Fundació Marina d’Or de la Comunitat Valenciana:

El asentamiento ibérico de Torre la Sal, ubicado en la playa del mismo nombre, en el municipio de Cabanes, tiene aproximadamente una extensión que pudo llegar a las 10 hectáreas, no habiendo podido precisar su delimitación hacia el Este, al haber sido arrasado por la erosión del agua, como ya definiría Peris Fuentes, allá por el año 1922, cuando explicaba que

“Un día tranquilo y con sol, en el centro de una extensión de aguas diáfanas se observa un manchón oscuro; entrando en un bote se ve que lo producen los cimientos de una población”.

Entre 1985 y 1994 el Servei d’Investigacions Arqueológiques i Prehistóriques de la Diputació de Castelló, bajo la dirección de Asunción Fernández, confirmaron la existencia de un potente núcleo de intercambio comercial y redistribución de productos itálicos, principalmente en el periodo comprendido entre los S. III y I aC, confirmado por la detección de una gran área de desembarco, dentro del mar, lugar en el que se han detectado, extraido y documentado restos de ánforas vinarias, denominadas Dressel 1 y Lamblogia 2. En una prospección subacuática y 2 sondeos en tierra, situados frente a la torre del S. XVI, en su esquina noreste de la valla, en el año 1985, se documentaron capas de arcilla ibérica decorada y de cocina, cerámica de barniz negro y ánforas Dressel 1 y Mañá E, así como restos de un muro, pertenecientes a un recinto, con conservación de suelo empedrado y fragmentos de adobes. El nivel freático actual, le impidió a Fernández Izquierdo documentar esto con profundidad entre 1987 y 1988. No obstante en estos años indicados, se pudieron efectuar 2 intervenciones arqueológicas en el lugar denominado Bar Caña, que permitieron ver en superficie gran cantidad de fragmentos cerámicos y tras 3 catas más se observó la concentración de material de estos fragmentos.

En el sector A, se documentaron restos de una balsa con una concavidad central, construida con argamasa y restos de cerámicas ibéricas y ánforas, así como se localizaron restos de un posible pavimento de acceso y de muros que conformaban un recinto de de 2 por 1,40 m., destruyéndose, durante los procesos de roturación,

restos constructivos del sector B, aunque fueron localizadas abundantes ánforas púnicas Mañá C-2. En el sector D, se localizaron y excavaron una serie de muros, que conservaban la hilada inferior, todos en la misma dirección, que fueron interpretados por Fernández Izquierdo, como correspondientes a un almacén.


Actualmente y a simple vista, se pueden observar grandes dispersiones de materiales, que podemos iniciar por el norte, en el propio camino de acceso, llegando por el sur hasta la altura del camping Torre la Sal. Hacia el oeste, al otro lado del cordón de gravas, entre el área del camping y la zona vallada de la torre, no se puede apreciar ningún tipo de evidencia arqueológica, al estar anegada por las aguas, aunque Fernández Izquierdo pudo averiguar en 1996 la existencia de la cimentación de un muro asociado a restos cerámicos de cronología ibérica, al observar una zanja realizada por uno de los propietarios de terrenos situados detrás de la torre y al lado del Camí de l’Atall, de medio m. de profundidad, para colocar una valla protectora, pudiendo ver en toda el área gran cantidad de restos cerámicos en superficie, producto de remociones relacionadas con tareas agrícolas.


Podemos asegurar a día de hoy, analizados los datos que nos ofrecen las actuaciones arqueológicas, que nos encontramos ante un asentamiento de gran actividad comercial, que puede remontarse a finales del S. VII o inicios del del S. VI aC, al haberse recuperado, por Clausell entre los años 1995-99, fragmentos cerámicos relacionados con el comercio fenicio. Tras ese momento inicial, la fase del ibérico pleno se manifiesta a través del hallazgo de cerámicas áticas de figuras rojas y ánforas PE-14 que nos remontaría al comercio griego y massaliota de los S. V-IV aC, según nos explica Oliver en los años 1990-91. Por los datos aportados por Fernández-Izquierdo, puede producirse un vacío cronológico, que podría estar relacionado con el desembarco de Amilcar Barca en el 237 aC y que acabaría en el S. II aC, momento a partir del cual se iniciaría un periodo de ocupación corto, pero de gran desarrollo urbanístico favorecido por una intensa actividad comercial de origen itálico.

A partir de 1978, según Fernández Izquierdo, se iniciaron unas actuaciones arquológicas submarinas, para determinar el yacimiento subacuático de Torre la Sal, que se halla situado frente a la torre de vigía del S. XVI, en línea recta: Se pretendió determinar si los restos arqueológicos, formaban parte del cargamento de un barco, o si eran restos de deshecho propios de una zona de embarcadero. Por el material recuperado, podría tratarse de diferentes desembarcos, al encontrarse ánforas de tipología romana, fragmentadas a la altura del cuello, característica propia de operaciones de carga y descarga. El estudio de los materiales recuperados, que son ánforas greco-itálicas, Dressel 1-Lamboglia 2, Dressel 1- Uenze I A- Lamboglia C, anclas, cepos de anclas de plomo, refleja la existencia de un fuerte comercio desde fines del S. III aC, hasta mediados del S. I aC. La profusión de ánforas junto con las anclas y cepos recuperados en la zona parecen demostrar la existencia de un área de embarcadero; no obstante, la presencia de concentraciones de ánforas con cierre y contenido de resina podrían estar indicando la presencia de uno o varios pecios, aunque, por el momento, no han aparecido restos de arquitectura naval de cronología tan temprana en esta zona.

Sobre los planteamientos, metodología e intervenciones arqueológicas en este yacimiento de Torre la Sal, podemos decir que surgen como consecuencia de las obras previstas en el paseo marítimo proyectado junto al Camí de l’Atall, así como las zonas urbanizables inmediatas, ciñéndose al suelo especial de protección arqueológica indicado por la Consellería de Cultura, tratando de delimitar el asentamiento ibérico, planteando una serie de zanjas mecánicas que evaluaran el área oeste del perímetro de protección. Se conformaron 16 sectores, que indicaron la conexión existente entre los restos de las distintas zanjas y permitieron definir las trazas urbanas del asentamiento. Tras la realización de varios sondeos se obtuvieron datos estratigráficos y se pudieron establecer las fases de ocupación de los recintos analizados. El método utilizado es el establecido por Edward C. Harris, con fichas de registro, fotografía digital y planimetrías mediante ortofotos georeferenciadas. No obstante y debido a la complejidad de la actuación, optaron por emplear terminologías destinadas a facilitar las tareas de registro, mediante la reserva de unidades estratigráficas del 1 al 999 y en lo concerniente a la necrópolis ibérica, localizada en los sectores 7, 9/10 y 16 se empleó el sistema de registro basado en los grupos estratigráficos.

Los trabajos arqueológicos se iniciaron con el sondeo de la parcela situada al oeste del Camí l’Atall, debido a la proximidad del área protegida y a las noticias de la aparición de restos, durante las labores agrarias en esta parcela. Las zanjas permitieron ver agrupaciones de piedras alineadas, que correspondían, por su anchura de entre 0,40 y 0,60 m. a restos de muros y un zócalo asociado a pavimento formado por cantos pequeños. Los restos de estas zanjas, incluyen cerámicas ibéricas e importaciones fechas en su mayoría entre los S. II y I aC, con gran volumen de material anfórico, ibérico, itálico y púnico. En las zanjas de la zona sur, no se documentó ninguna estructura, aunque se recuperó abundante material cerámico. Con estos trabajos se comprobó la existencia de restos arqueológicos, más allá de la zona de protección, por lo que se consideró necesario ampliar la extensión de algunos sectores, documentando un edificio de planta rectangular, superior a los 100 m2, con pocos compartimentos interiores y que ha sido interpretado como un horreum; sus muros oscilan entre 0,50 y 0,60 m. Al sur de este recinto se delimitó un muro al que se asociaba un depósito de cerámicas con muchos fragmentos de ánforas. La cronología de los materiales extraidos en este sector, data también de los S. II al I aC. Sin embargo en el sector 3, los materiales son muy dispersos y mezclados íbero-romanos. La mayoría de las zanjas de estos sectores nos indican, con los materiales recuperados que pertenecen a los S. II y I aC. Ante la importancia de los restos encontrados y documentados y a instacias de la Dirección General de Patrimonio Cultural Valenciano, se planteó una segunda fase, con la apertura de amplios sectores, para poder delimitar el área de protección y plantear alternativas al área urbana prevista. Se planificaros 4 nuevos sectores, que mostraron evidencias

arqueológicas dispersas, excepto el sector 8 donde aparecieron sendos muros de gran longitud que podrían corresponder a límites entre parcelas. En el sector 6 debemos destacar la aparición de una estructura cirular, identificada como un horno de cal y en el sector 7 depararía como hallazgo más destacado la necrópolis, pudiendo documentar 60 estructuras pertenecientes a cremaciones. Se abrió un nuevo sector al norte del camino asfaltado que lleva a la playa de Torre la Sal, el número 10, donde se pudieron identificar nuevas cremaciones y confirmar la continuación de los muros de delimitación del camino íbero-romano en dirección a la necrópolis. La ampliación de los sectores, ha dado como resultado la unificación de los mismos, pudiendo describir las características de las diferentes estructuras y edificios documentados.



En el área residencial del asentamiento de Torre la Sal, sectores 4-7-14 y toda su trama urbana, se han registrado en torno a 3 edificios, que para su mejor análisis se han denominado edificio A, edificio B y edificio C: EDIFICIO A Abarca 4 estancias de dimensiones diferentes, con muros de zócalos de piedra con alzado de adobes, que no se conserva actualmente. El recinto de mayor superficie tiene forma rectangular, con algún trazado que rompe su regularidad. Debió ser un patio carente de techumbre, de algo más de 100 m2, con pavimento de tierra batida y cuyos muros realizados con piedras de pequeño y mediano tamaño y trabados con barro y en algunos casos fragmentos de barro en la mampostería. El muro norte, en su trazado, se localizan cerámicas ibéricas, fragmentos de ánforas itálicas de origen apulo (Lamboglia 2?) y el borde de un ánfora Dressel 1C, lo que nos indica que la construcción del edificio se sitúa entre finales del S. II y el segundo cuarto del S. I aC, que es el periodo de mayor producción de la Dressel 1C. Podemos destacar que se han detectado transformaciones destinadas a habilitar nuevos accesos, por lo que es posible que tapiaran umbrales originales, cuyos cambios prueban la existencia de diversas fases en el edificio. Estos cambios pudieron ser motivados por la colocación de un horno, ubicado junto a la entrada; este horno es de planta circular, compuesto por zócalo de piedra perimetral, que contiene en su interior una composición de fragmentos de ánfora púnica y púnico-ebusitana; la solera es de tierra arcillosa rubefactada. La altura que se conserva, nos indica que estamos en la parte del prefornium. Junto a este recinto, encontramos una estancia de planta rectangular, con subdivisiones de muros de piedra trabados con barro, barajando la hipótesis de otras subdivisiones con tabique de adobe, que no se pueden confirmar. Se han registrado distintos tipos de pavimento, tanto de cantos pequeños como de tierra batida. Todos los indicios señalan que las ánforas Dressel 1 se apoyarían sobre tierra batida, aparecidas en otro recinto. En el acceso se ha documentado un apoyo de piedra circular, que pudiera relacionarse con la existencia de un voladizo. En este edificio se han registrado 2 muros, que indicarían otra estancia, con un elemento interesante, pues se trata de un relleno de tierra rojiza, vinculado al posible derrumbe de un muro de adobes. Todos los materiales de este edificio, indican que fue construido como muy tarde a mediados del S. I aC. EDIFICIO B Separado del edificio A por una calle, cuya conservación varía según las zonas, siendo algunas inexistentes y otras muy degradadas. En líneas generales, se observa la presencia de distintos recintos formados por muros de piedra de mediano tamaño trabadas con barro y algunos materiales cerámicos reutilizados, algún pivote de ánfora Dressel 1, asociados a pavimentos de tierra batida: Hay una habitación con pavimento de pequeños guijarros, que pertenece a una fase anterior, amortizados por suelos de tierra batida, aparecidos en la misma estancia. Se detecta que la subdivisión de algunas de las estancias se realizó posteriormente a la construcción inicial del edificio. Estos cambios pudieron obligar a abrir nuevos accesos, que antes no existían, como es el caso del recinto 3. La secuencia estratigráfica de este edificio muestra la existencia de al menos 2 fases: una vinculada a su edificación y otra a su posterior reforma: se sabe que el edificio fue abandonado a mediados del S. I aC y su construcción pudiera datar de finales del S. II aC, por sus semejanzas constructivas con el edificio A, aunque está a falta de contrastar.





EDIFICIO C Ubicada al norte del edificio A, siendo del que menos datos se poseen, habiéndose definido solamente su estructura en un estrecho sector. Los trabajos realizados no han permitido ver la conservación. Se puede observar, no obstante que se trata de un edificio rectangular, con muchos compartimentos en su espacio. Sus muros están formados por piedras de tamaño mediano trabadas con barro, con excepción de una parte que presenta grandes bloques de piedra. Existen algunos puntos con pavimentos de grandes guijarros. Se puede destacar la existencia de un hogar en una de sus esquinas del recinto 3 y por otro lado, no se descarta que algunos rellenos pertenezcan a derrumbres de adobes disgregados. Los materiales recuperados denotan que el declive del edificio se produjo hacia mediados del S. I aC.

Con posterioridad se han realizado excavaciones en los sectores 1-2-3-5, donde se ha detectado el edificio denominado Horreum y estructuras anexas con la aparición de un ánfora Dressel 1C de producción itálica. El gureso de estas estructuras se puede asociar sin problemas al momento final de la fase ibérica. En concreto, con el edificio del Horreum, existen datos que nos indican que la fecha de edificación podemos situarla entre finales del S. II aC y principios del S: 1 aC. Podemos ampliar este estudio con los edificios D y E del sector 2, así como las trazas de un callejón de apenas 1,70 m. de anchura, que nos encaminan entre ambos edificios, aunque el edificio E no ha podido ser documentado, al interrumpirse las excavaciones. En el edificio denominado D, se han detectado muros que parecen conformar habitaciones, de la misma tipología que las detectadas en los sectores 1 y 5. Otro elemento a tener en cuenta en este sector es la posibilidad de la existencia de una estructura semicircular, que pudiera datar de una fase anterior a la final ibérica, a estudiar en futuras excavaciones.


En esta zona se han documentado 2 ánforas itálicas Dressel 1ª y 1B, que tienen el mismo esquema de deposición, que se había detectado en el Horreum: Todo el sector parece indicar indicar que lo podemos datar entre fines del S. II aC y mitad del S. I aC. No existen datos de las estructuras estratigráficas anteriores.

Con respecto al área oeste y suroeste, dentro de los sectores 6-8-11-12-13-15, se han detectado elementos de diversa índole, bastante diseminados y desconectados del resto de espacios analizados. En el sector 6 se detectaron elementos, que dejan al descubierto estructuras con diferentes orientaciones, de tipología constructiva similar al resto, o sea, de piedras trabadas entre sí con barro, cuyos muros apoyaban directamente sobre arcillas del glacis pleistoceno, de trazado paralelo y con una separación de algo más de 2 metros. La estructura más importante de este sector es el horno circular de 3,5 m. de diámetro, que muestra un relleno de materiales cerámicos ibéricos y fragmentos de tégulas romanas, con un fondo de grandes bloques de piedra caliza y grandes manchas blanquecinas endurecidas de unos 10 cm., por lo que podemos pensar que se trata de un horno de cal. Al detectarse en lugar cercano otro horno, no se excavó, aunque se detectaron presencias de sigilada africana D y terra sigilada hispánica tardía, por lo que su datación podría ser del S.V, por lo que que podría tratarse de que ambos hornos podrían estar relacionados con actividades relacionadas con el aprovechamiento de las estructuras del yacimiento ibérico deshabitado. En este sector cabe destacar la presencia de una inhumación adscrita a la fase andalusí, que no nos ocupa en este trabajo, pero que está muy relacionada con la zona. Debemos destacar en este sector, una zona que pudo estar relacionada con un molino rotatorio, que no está totalmente definido en los estudios realizados en estas excavaciones. Aquí podríamos destacar la presencia de la Vía Ibérica, con 2 estructuras murarias con espacios entre ellas de entre 3,50 y 4,50 metros, en dirección noreste, habiendo hallado un sector de la necrópolis junto a dicha vía.


Para hablar de la Necrópolis, o del área Sacra, debemos remitirnos a Oliver-1981, a Abad Sala-1992, pero principalmente a Peris-1922, que según nos indica, podría tratarse de la misma necrópolis estudiada aquí, cuando nos dice: “ En una finca a unos trescientos metros de Torre la Sal se encontraron unas tinajas; al decírmelo fui y ví que se trataba de más de un centenar de urnas cinerarias, todas rotas, y que de una de ellas habían salido unas cosas amarillas que vendieron a uno de esos que van por los pueblos cambiando objetos de oro y plata, por lo cual no pude ver lo que eran, y en otras unos cosas de hierro, que resultaron ser una lanza y un puñal. Pedí permiso al dueño del campo para roturarlo y encontré seis urnas cinerarias, y en una de ellas una sortija en forma de culebra y en otra una fusayola y un objeto cilíndrico de seis centímetros y medio de largo por uno de diámetro, objeto que no conozco y supongo un adorno íbero. En otro campo encontré cinco urnas cinerarias y sólo dentro de una salió una planchita de cobre, cuadrada, de un centímetro y muy delgada (…) En otro una urna cineraria que en la parte alta y junto al orificio de entrada, y por fuera, tenía veinticuatro pulseras de cobre de cincuenta milímetros de largo por cuarenta de ancho, siendo unas de metal redondo de tres milímetros y medio de espesor por ocho de ancho…”. La intervención realizada por los actuales equipos de investigación, permitieron seguir 2 líneas de trabajo; en primer lugar la excavación de en campo de la necrópolis, que nos facilitó datos sobre los procesos de deposión de los enterramientos, forma y tamaño de los loculi, un posible ustrinum y dos lechos de cenizas que podrían interpretarse como fosos votivos, así como también podemos hacer inferencias sobre los aspectos relacionados con las señalización exterior de las tumbas. En segundo término Ángel Carrascosa, mediante la cultura material recuperada de los recipientes contenedores mediante el engasado completo de la pieza y tras el traslado y estudio en los laboratorios de la Fundació Marina d’Or de la Comunitat Valenciana, se ha podido realizar el registro individualizado, así como determinar las formas tipológicas usadas como parte del ritual ibérico. No describiremos aquí las formas de enterramiento, que se han estudiado de forma extensa por este grupo de investigadores, aunque debemos decir que han sido establecidas varias clases, con distintos grupos y tipología:

CLASE LOCULI Grupo A - Deposición directa en el loculus, con 3 clases de tipología. Grupo B – Deposición en el loculus de un recipiente contenedor de los restos, con 3 tipos y varias variantes y 5 subtipos CLASE ESTRUCTURA DE COMBUSTIÓN. POSIBLE USTRINUM CLASE DE LECHO DE CENIZAS. POSIBLES FOSOS Y ESTRUCTURAS VOTIVAS.



En las siguientes excavaciones se realizaron sondeos, a fín de estudiar las áreas de almacenaje, que se encuentran documentadas, habiendo obtenido datos estratigráficos y geomorfológicos, recuperando varios fragmentos de cerámica a torno ibérica, tres monedas griegas y un colgante. En el sector 32, a una cota inferior a los enterramientos islámicos, se documentaron siete grandes silos amortizados con tierra, algunas piedras y escasos materiales, que permitieron adscribirlos a la fase ibérica. Hasta 7 estructuras con silos amortizados. Todos ellos y algunas estructuras negativas documentadas al norte, en el yacimiento de Costamar, evidencian la existencias de basureros del S. III aC y un buen número de silos de los S. II y I aC. Estos silos tienen una boca que oscila entre los 1,19 m., con una anchura máxima de hasta 2,83 m. y una profundidad de hasta 2,40 m.


Otra de las estructuras documentadas en este sector es una canalización rectilínea, de la que se conservan unos 59 m. por un lado, mientras que otra zona conserva 24 m., por lo que añadiendo una a la otra podemos pensar que se trataba de una canalización de unos 100 m., con anchuras desiguales, que oscilan entre 1,50 y 2,50 m. y con una profundidad que en ningún caso supera los 25 cm. Conservados. Se piensa que podía tratarse de una estructura destinada a la canalización de agua, es decir, estructura hidráulica para riego o de drenaje del espacio agrícola inmediato, aunque no se puede asegurar que pertenezca al ibérico final, si bien en Jaén se han podido identificar por parte de Ruiz, Serrano, Molinos y Rodríguez en 2007 estructuras similares. La funcionalidad documentada en Costamar, por su escasa sedimentación ha aportado pocos restos, por lo que se duda de su atribución cronológica, aunque podría datar esta estructura hidráulica del S. II.

Podemos concluir diciendo que la fase ibérica del asentamiento de Torre la Sal, se convertirá en el núcleo principal de la zona desde momentos muy tempranos. El periodo de máximo esplendor lo situamos entre los S. II-I aC, documentando las trazas de lo que parece configurarse como una gran plaza, de la que parten dos caminos en dirección oeste, teniendo todo el asentamiento una orientación norte-sur en paralelo a la costa, cuyo eje coincide con la traza actual del Camí de l’Atall, que a su vez parece adecuarse a los límites de las albuferas en tiempos recientes. El camino más al norte enlaza con el actual Camí de las Torres, que puede corresponderse con el “camino de la costa”, mientras el situado más al sur discurre en dirección suroeste buscando el enlace con el tradicional Camí de la Fusta. La única diferencia que parece existir entre las fases antiguas y la más reciente, por los datos obtenidos, se produce en los distintos asentamientos del corredor del Miravet, que al principio se dispersan a lo lago de la orilla oeste del barranco, mientras que en el momento tardío, todo parece indicar que se situan a la orilla este de dicho barranco, siguiendo el curso del Campello. Se afianzan las trazas de la red de caminos, en el que Torre la Sal se configuracomo una ciudad comercial dedicada a la redistribución de productos itálicos, cuyo desarrollo se trunca a mediados del S. I aC, dando fin también a los asentamientos que dependían de ella. Diversos estudios realizados por A. Fernández y Arasa demuestran la predominancia de importaciones itálicas de campanéense A sobre la campanéense B calena, estableciendo la fase de abandono de esta zona del yacimiento entre el 100/90 y el 80/70 aC, lo que algunos autores relacionan con las destrucciones y abandonos ocasionados por la Guerra Sertoriana.

Las actuaciones arqueológicas que se siguen realizando, permiten complementar estas informaciones. Se siguen recuperando y restos cerámicos y todo indica a pensar que el abandono de estos asentamientos no fue bruco y que debió ser frecuentado hasta época Julio-Claudia. Así pues, deducimos que el asentamiento experimentó un gran crecimiento en la Segunda Guerra Púnica y sufrió un claro declive con la Guerra Sertoriana, con motivo de los cambios de las rutas comerciales, que unido a posibles factores ambientales pudo propiciar su decaimiento en tiempos de César.


Aunque se sale del contexto de este estudio, cabe destacar la noticia que recogen los medios de comunicación de Castellón, el 17-5-2012, anunciando el hallazgo de una hoz de asta de ciervo del Neolítico, en la zona de Costamar, cuyas características sólo eran conocidas en las descubiertas hasta la fecha en Girona.


Sin lugar a dudas, esta zona de Torre la Sal y alrededores, tiene una gran importancia en la prehistoria e historia antigua de nuestra provincia.







METALES






























Plano general área residencial



Plano general 3 área del horreum






  • Información básica sobre los íberos en la Comunidad Valenciana (SIP)

http://www.museuprehistoriavalencia.es/cultura_iberica.html

  • Mapa de los pueblos pre-romanos de la Península Ibérica

http://arkeotavira.com/Mapas/Iberia/Populi.htm

  • En general sobre los íberos en Catalunya

http://www.xtec.es/recursos/socials/ibers/index.htm

  • Los íberos en el Bajo Aragón

http://www.iberosenaragon.net/yacimientos.php

  • Sobre los ilercavones

http://www.mac.cat/cat/Rutes/Ruta-dels-Ibers/Els-ilercavons

  • Sobre el proyecto de fauna y flora ibérica (Universitat de València)

http://www.florayfaunaiberica.org/el_proyecto.html

  • Una página que vale la pena visitar, tanto por su información como por su diseño

http://www.viajealtiempodelosiberos.com/

  • Curiosidades:

http://es.wikipedia.org/wiki/Grao_de_Castell%C3%B3n#El_Pujol_de_Gasset








BIBLIOGRAFIA


Bermejo Tirado,Jesus: Breve historia de los iberos (2007)

Pellon J., (2006) Iberos De la A a la Z.

Sanmarti, J.(2005) La conformacion del mundo iberico septrentrional

Schulten,Adolf. Hispania:Geografia,etnologia e historia.

Presedo,F.,:(1980). Los pueblos ibericos,Historia de España Antigua y Protohistoria.

Fundació Marina d’Or de la Comunitat Valenciana

Serveri d’Investigacions Arqueològiques i prehistòriques de la Diputació de Castelló