Los judíos en España. El Esplendor de Sefarad

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Los judíos en España. El Esplendor de Sefarad

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«Mosaico secular de culturas, la Península Ibérica guarda entre su valioso legado colectivo la huella que dejó la vida cotidiana de los viejos judíos españoles, expulsados en 1492 por los Reyes Católicos. Costumbres, mitos y laberínticos trazados urbanos conforman esa singular herencia, cuyos vestigios se pueden aún rastrear entre umbrías callejas y sinagogas hoy reconvertidas en iglesias o museos. No solamente eran unas comunidades minúsculas, sino auténticos gobiernos autónomos: las aljamas. En ellas contaban con sus rabinos, cementerios, baños rituales, carnicerías, hornos comunitarios, tribunales y hasta con hospitales para peregrinos y pobres»


                                             Al hablar de un pueblo, hemos de exponer las potencias
                                             en que su espíritu se particulariza
                                                                      Georg Wilhelm Friedrich Hegel


Introducción

La finalidad de este trabajo de investigación, no es otra que el logro de dar una visión de la España medieval focalizada en la coexistencia durante siglos de tres religiones y tres culturas distintas entre sí, tres pueblos, los cristianos, los musulmanes y los judíos, la España medieval ofrece una serie de rasgos singulares, que la diferencian con respecto a la mayor parte de los países de Europa. Es cierto que hubo comunidades judías en la mayoría de países de la cristiandad europea, pero la presencia de musulmanes no se dio ni en Alemania, ni en Inglaterra, ni siquiera en la vecina Francia aunque sí que el islam intentó en las primeras décadas del siglo VIII, ocupar la parte sur de Francia, siendo derrotados por los francos, en la batalla de Poitiers (732) situación que les obligó a abandonar los citados territorios. Solo en España por tanto, se da la circunstancia de la convivencia de los tres pueblos, con diferentes costumbres, religiones y culturas. Durante muchos años la historia nos ha sido narrada desde un punto de vista de la preponderancia de los cristianos, considerados como auténticos españoles, mientras que musulmanes y judíos eran vistos como personas ajenas, a las que había que expulsar de España lo antes posible, es de justicia que esta focalización de la historia se haya ido cambiando desde hace tiempo, el eminente filólogo Marcelino Menéndez Pelayo denominó a Umar ibn Hafsum dirigente de una revuelta muladí en tierras de Al-Ándalus en el siglo IX, nada menos que como ¨el Pelayo de Andalucía¨ el historiador decimonónico Francisco Javier Simonet, que concebía a los mozárabes como españoles que subyugados por la morisma conservaron durante siglos la religión, el espíritu nacional y la cultura de la antigua España romano-visigoda y cristiana. La tradición española se identificaba con la comunidad cristiana.

Esta estructura de pensamiento entra en contradicción con lo expresado por Alfonso X el Sabio en su Estoria de España afirmando que en la historia de nuestro país habían participado tanto cristianos, como musulmanes y los judíos, por tanto los reyes cristianos del Medievo aceptaban a las gentes de otras religiones, no solo como súbditos sino como parte integrante del presente. La influencia en la cultura debida a la coexistencia de las tres sociedades musulmana, cristiana y judía se ha demostrado de forma muy significativa, uno de los más prestigiosos estudiosos de la España musulmana Pierre Guichard, profesor de la Universidad de Lyon afirma que no hubo absorción y asimilación de los orientales por los hispano-visigodos sino más bien a la inversa, en el Al-Ándalus funcionaron aspectos como la endogamia, la fuerza de la tribu y del clan, la poligamia y el papel privilegiado de la masculinidad, puntos de vista semejantes han sido defendidos por Thomas F. Glick en su libro Cristianos y musulmanes en la España medieval (711-1250).

Es cierto que los primeros en llegar a España fueron los judíos aunque la información de que disponemos de la época romana es escasa, se sabe que los últimos monarcas visigodos tomaron medidas muy duras contra ellos, el giro más importante se produce a partir del siglo VIII con la invasión musulmana, es evidente que durante el primer Califato hubo una confluencia de las tres religiones, al mismo tiempo hay que recordar que fueron los musulmanes quienes introdujeron en el ámbito hispano las obras y la filosofía de los autores grecolatinos y que serian decisivas en el futuro de la ciencia en Europa. Es a partir del siglo XI cuando los cristianos empiezan a recuperar tierras hacia el sur, pero los reyes cristianos, se mostraron muy tolerantes tanto con musulmanes como con judíos, contrario a lo que sucedía en Europa, con la puesta en marcha de las Cruzadas, un ejemplo lo tenemos en la fundación de la Escuela de Traductores a comienzo del siglo XII en Toledo, demuestra el grado de convivencia entre cristianos, musulmanes y judíos, es a partir del siglo XIV en que se produce una creciente hostilidad hacia los judíos y que sufrieron también los musulmanes, situación ésta que desembocó a finales del siglo XV, con la expulsión de los judíos y a continuación de los islamitas, salvo que unos y otros aceptaran el bautismo.

Hemos de recordar las palabras de Juan Pablo II, del 30 de Abril de 1991 en una audiencia de cristianos, musulmanes y judíos: Se sabe que los judíos, los cristianos y los musulmanes provienen de diferentes tradiciones religiosas pero que están muy relacionados entre sí. De hecho todos los creyentes de esas religiones remontan sus creencias a Abraham por quien sienten un profundo respeto, aunque de diferente manera. Si no existe paz entre ellas ¿Cómo puede hallarse armonía en la sociedad? De los creyentes, de los representantes de la religión, de las personas que han pasado tantos años de su vida meditando sobre los libros sagrados, el mundo espera la paz.


Los orígenes bíblicos de Sefarad

Sefarad es el nombre hebreo de España. La mención más antigua de este nombre aparece en el texto del profeta Abdías siendo ésta una de las citas bíblicas y posteriormente éste será el nombre que a España reservarán los autores judíos y de él tomarán el suyo los sefardíes, judíos españoles o de origen hispánico. Desde nuestros historiadores del Renacimiento la presencia judía en España se podía remontar al primer capítulo prestigioso de nuestra historia a aquel que las fuentes literarias clásicas relacionaban con el mítico nombre de Tarteso, ya citado por Herodoto (padre de la Historiografía occidental) se basaba en la identificación entre dicho corónimo de raíz griega y la Tarsis citada en varios textos bíblicos, comenzando por el conocido Reyes I, 10, 22. Pasaje de la crónica real israelita donde se cuenta la conjunción de esfuerzos acordada por el rey Salomón (961-922 a. C) y su contemporáneo el soberano de Tiro, Jirán (969-936 a. C) para construir y armar una flota de altura capaz de comerciar con el muy lejano y exótico país de Tarsis.

Trilingue Biblico Universidad de Salamanca
Negueb Tierras biblicas Sur de Jerusalen Norte de Egipto


De todas formas si fuera cierta la identificación de Sefarad con España en la profecía de Abdías cabría deducir ya desde entonces la existencia de comunidades judías en la Península, pero no sólo no es cierta (Garcia Iglesias, 1978, p.36) sino que cabe presentar como seguro que la Sefarad bíblica hace referencia por testimonios epigráficos a la ciudad asiática de Sardes. Es por ello que no se puede utilizar el texto de Abdías como argumento a favor. El primer autor que tradujo Sefarad por España fue Jonatán ben Uziel, discípulo del célebre rabino Hillel del siglo I d. C en plena época romana y a partir de él se puede decir que toda la literatura hebraica postbiblica atribuya a España el nombre de Sefarad.

También tenemos otra referencia bíblica en el libro del profeta Jonás (1, 1-3) tras recibir la orden de Dios de marchar a Nínive para predicar el arrepentimiento a los enemigos históricos de Israel, Jonás decidió desobedecer y que puesto a huir de los designios divinos pensó en marchar por barco a la lejana Tarsis en la Península Ibérica relacionada con la colonización fenicia. Las curiosas noticias que las narrativas bíblicas nos proporcionan sobre el comercio de los fenicios y los israelitas se han utilizado con frecuencia como prueba para demostrar la antigüedad de las actividades mercantiles fenicias anteriores al momento en que la arqueología permite remontarlas, los pasajes referentes a Tarsis han sido esgrimidos en este sentido respecto al comercio fenicio en el Mediterráneo occidental. Muchos autores han admitido la identificación de la Tarsis bíblica y el mítico Tartessos, la civilización meridional hispánica que la arqueología revela cada vez con más fuerza y claridad (admiten la identidad A. Shulten, J. Chocomeli, A. Garcia Bellido y J. Maluquer de Motes). Sin embargo R. Barnett o J. Arce no lo consideran probable.

Al margen de la presunta identidad de Tarsis y Tartessos nada clara y de la fundación de Cádiz (Gadir) por los fenicios hacia 1100 a. C podemos afirmar como seguro la presencia antiquísima de los fenicios en España y que los hebreos colaboraron en la empresa colonizadora y que a fines del segundo milenio las rutas mercantiles de occidente habían sido abiertas por los fenicios y que nada se opone a que las naves del rey Salomón llegaran hasta nuestras costas. (Garcia Iglesias, 1978, p.34).


Llegada y establecimiento de los judíos en Hispania

La presencia de los hebreos en tierras hispanas data según los indicios, de la Diáspora que se puso en marcha poco tiempo después de la destrucción por orden del emperador romano Tito, del segundo templo de Jerusalén (70 d. C), hemos de hacer mención que para que no pesara la acusación de ¨deicidas¨ sobre los judíos en tanto que ¨asesinos de Jesucristo¨ algunos judíos asentados en tierras de Hispania, manifestaron en tiempos medievales que sus antepasados habían llegado a la península Ibérica, bastante tiempo antes del nacimiento de Cristo, esta opinión de todas formas no está fundada en ningún conocimiento sólido. Cabe así mismo la posibilidad de que llegaran judíos a la Península a raíz de las conquistas de Pompeyo y desde luego debido a las dos importantes guerras judaicas de épocas de Vespasiano y Adriano, éstas debieron influir en gran manera en la dispersión de judíos por Occidente, las fuentes literarias, los escritos de San Pablo (Oracula Sibillyna, Estrabón, Flavio Josefo. La I carta de San Pablo a los romanos) y la arqueología así lo atestiguan.

De los primeros tiempos de presencia judía en España, se ha conservado una inscripción funeraria relativa al pueblo judío en la localidad de Abdera (Adra), esta inscripción data del siglo III. En el concilio de Iliberis celebrado entre los años 303 y 309 se hizo referencia a comunidades judías existentes en localidades de Ávila, Asturica Augusta (Astorga) y Emérita Augusta (Mérida).

Según Garcia Iglesias (1978, p.38) el escollo de la explicación sobre la procedencia de los hebreos en la Península no es el dilucidar si era en tan primitiva época, sino en la continuidad en los hipotéticos asentamientos citados y los conocidos en épocas posteriores, pues es difícil suponer a una comunidad israelita peninsular que desvinculada de Palestina, no acabara perdiendo su identidad. De cualquier manera cuando los romanos llegaron a la Península Ibérica ya habían comunidades judías aquí, los hechos narrados en los libros de los Macabeos (siglo II a. C) (I Macabeos, 8-3) lo atestiguan. Las más antiguas menciones de judíos en la Península nos conducen a la época del Imperio Romano.

Los dos siglos anteriores al comienzo de nuestra era, fueron esenciales para el desarrollo ulterior de España, en este tiempo la Península se convirtió en la clave de un enfrentamiento mediterráneo, el que tuvo lugar con motivo de las guerras púnicas que enfrentaron a Roma y Cartago y que cambiaron la historia del mundo. Vencida Cartago estratégicamente desde el momento en que el genial Escipión captó que la clave de la lucha era Hispania, Roma emergió como una gran potencia llamada a regir los destinos del mundo conocido durante más de quinientos años.

Guerras púnicas Roma y Cartago

El papel que desempeñaron los judíos en aquella contienda no está documentado pero es muy probable que fuera muy interesante, cabe preguntarse a quién apoyaron los judíos a Roma o a Cartago, lo ignoramos pero lo que sí es cierto es que finalizada la guerra los judíos continuaron en Hispania bajo la República romana a diferencia de los cartagineses demostrable con la extensa cantidad de colonias judías, por citar algunas de las más importantes, Livia (la actual Llivia), Emporiae (Ampurias), Iluro (Mataró), Barcino (Barcelona), Tarragona, Dertosa (Tortosa), Ebussus (Ibiza), Maiorca (Mallorca), Saetabis (Játiva), Carthago Nova (Cartagena), Abdera (Adra), Iliberris (Granada), Malaca (Málaga), Gades (Cádiz), Nabrissa (Lebrija), Híspalis (Sevilla), Ilipa (Alcalá del Rio), Carmo (Carmona), o Corduba (Córdoba) a estos nombres habría que añadir fuera de Levante, de las Baleares y de Andalucía lugares como Mérida, Segóbriga o Asturica Augusta (Astorga), los judíos llevaban asentados en la Península ibérica siglos, más que los romanos y en apariencia no existían problemas de convivencia con los habitantes de Hispania, impregnada ya de la cultura clásica y de manera creciente por una fe que había surgido en el seno del judaísmo es decir la fe cristiana.

El problema judío se plantea a partir de la situación social y religiosa de una sociedad concreta, helenístico romana la cual no tenía dudas sobre la cuestión de las relaciones entre hombre y Divinidad, las cuales eran materia de Derecho público y entraban dentro de los deberes del ciudadano, sin embargo la pérdida de fe en sus dioses, sustituida por corrientes místicas o por elucubraciones teosóficas, hizo a la sociedad más tolerante de hecho pero no de derecho. Se produjeron explosiones violentas de persecución, contra aquellos ciudadanos que abrazaban una nueva religión, poco acorde con las normas oficiales, pero el problema se planteó bajo un nuevo prisma, cuando Roma se tuvo que enfrentar con el judaísmo (63 a. de C.), religión de un Dios personal y trascendente, único y omnipotente que reclamaba a sus fieles una entrega total y sin condiciones y excepto a un periodo de tiempo posterior a la sublevación de Bar Kochbá (135 d. C.) reconoció a la sinagoga un estatuto de religión lícita, por el contrario, los cristianos no lograron esta libertad ni este estatuto, dado que no constituían una comunidad nacional, la ruptura coincidió con el reinado de Nerón cuya esposa Popea tenía simpatías por la religión judaica, las persecuciones fueron un hecho y el Estado romano se encontró ante el dilema de destruir al cristianismo o intentar asimilarlo, los cristianos sostenían una doctrina contraria a la res pública, la religión no puede ser regulada por el Derecho público, la Iglesia que fue la forma de comunidad abierta y no nacional que los cristianos adoptaron se hizo tan fuerte, que no le quedó al Imperio romano otra alternativa que procurar asimilarla.

El siglo IV tuvo una enorme trascendencia en Europa y en el mundo conocido, el cristianismo emergió con fuerza y fue considerado por el emperador Constantino el aglutinador necesario para mantener la consistencia de Roma. De forma clara y fehaciente, el primer documento que nos da a conocer la existencia de los judíos en España es el acta del Concilio de Elvira (Granada), en el mismo se refleja que fueron convocados al Concilio diecinueve obispos, veinticuatro presbíteros y un considerable número de diáconos y aun laicos para tratar de asegurar la ortodoxia católica frente al doble problema de la gentilidad y la herejía.

Cánones del Concilio de Elvira
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A través de los cánones del Concilio de Elvira, se constata la presencia y el arraigo de las comunidades judías, en dichas actas se analiza la situación de los judíos, a los que se ve como un factor perturbador para los cristianos, por su importancia numérica y económica, siendo necesaria la intervención de la Iglesia para prohibir alguna forma de relación entre ellos.

Cuatro son los cánones que se refieren expresamente a los judíos, 16, 49, 50 y 78, el primero, prohíbe la unión matrimonial entre mujeres judías y hombres cristianos, es curioso observar que esta prohibición afectaba solo a mujeres y no a hombres judíos, el canon 49 prohibía que los judíos bendijeran los frutos de las tierras propiedad de cristianos, la sanción era la excomunión perpetua, el canon 50 prohíbe que cristianos y judíos se sienten a una misma mesa y el ultimo el 78 hace referencia al adulterio de cristiano con mujer judía, sancionándolo con la excomunión por cinco años.

Por lo tanto a inicios del siglo IV los judíos que residen en Hispania, son una comunidad pequeña pero muy extendida, que se mantiene separada de la cristiana, sin embargo las relaciones debían ser más de cercanía que de enconamiento. La situación de convivencia más que tolerable, en un Imperio en el que las diferentes culturas estaban insertadas en una raíz común de la clásica y en el que las religiones podían convivir a pesar de la creciente influencia del cristianismo, se iba a ver alterada con la llegada de una nueva etnia a España, una etnia que llevaba siglos de intentos de conquistar el Imperio y que había acabado irrumpiendo en su seno aniquilándolo.


Los judíos en la España visigoda

Las invasiones bárbaras de la Península se producen en un contexto de cambios significativos que se habían producido en el alto Imperio romano, uno de estos cambios a nivel socio político es el de la decadencia de las ciudades y la ruralización de la economía (Garcia Iglesias, 1978, p.83), el cristianismo se fue afianzando como religión extensa en Hispania y al final del siglo V era la Iglesia la que representaba el papel de aglutinante en la compleja sociedad hispánica de la época. Los judíos ante los cambios sociales y económicos producidos que habían despoblado las ciudades al tiempo que nacían grandes explotaciones agrícolas autosuficientes acabaron por cambiar su tradición urbana por el trabajo en el campo.

Busto del Emperador Constantino

Hay que decir que en el final del siglo V la mayor parte de la sociedad perteneciente a las capas más altas eran cristianos, de todas formas la presión anti judía era manifiesta, remontándose a los primeros emperadores cristianos, ya Constantino había prohibido a los judíos que tuviesen esclavos cristianos, la Carta de Constantino a las Iglesias de Oriente fue de hecho un ataque a los judíos, Constancio su sucesor prohibió que los judíos tuviesen esclavos paganos y Teodosio equiparó el matrimonio mixto con el delito de adulterio, de todas formas bajo el reinado de Teodosio los judíos gozaron de cierta tolerancia (Constitución Teodosiana, XVI, 8,9, año 393, recogida por André Piganiol, p.292), estas leyes afectaban a todo el Imperio y con la muerte de Teodosio la situación no cambió dado que la legislación era la misma para Oriente y Occidente.

Constitución Teodosiana
Breviario de Alarico II

La administración romana por tanto llevaba a cabo todas estas modificaciones legales no sabemos con qué urgencia, dado el problema de las invasiones de los barbaros, pero sí que demuestra una preocupación constante por el problema judío en Hispania, en el año 416 los visigodos se encontraban ya en Hispania como federados del Imperio, actuando a favor de los intereses del emperador Honorio, a cambio de expulsar del territorio a suevos, vándalos y alanos, recibían tierras en donde asentarse pero esta situación a la práctica implicaba la pérdida de control de grandes extensiones de territorio por parte del Imperio, este pueblo visigodo nada tenía que ver con el Derecho romano por lo que sus costumbres sociales no encajaban con el sistema romano. Las invasiones bárbaras influyeron como es lógico en las comunidades judías de forma directa al igual que al resto de habitantes de la Península, es más que probable que la irrupción de suevos, vándalos y alanos colapsara la actividad y los recursos en las explotaciones rurales especialmente en las zonas más afectadas por la invasión, la entrada de los visigodos coincide en el tiempo con un episodio no muy conocido, el de los judíos de Mahón, convertidos en masa al cristianismo, se sabe algo a través del documento de Severo de Menorca, refleja que la convivencia entre judíos y cristianos había sido pacifica hasta el momento la situación cambio con la llegada de un presbítero procedente de Jerusalén con unas reliquias relacionadas con Esteban el protomártir cristiano, la predicación del recién llegado acabó con un asalto a la sinagoga local, en las dos ciudades más importantes Magona (Mahón) y Iamona (Ciudadela) en esta última no existía comunidad judía, sea como fuese o bien por convencimiento o por sobrevivencia la conversión al cristianismo de Teodoro, doctor de la Ley, páter patrum de la sinagoga, defensor civitatis, provocó que se endureciera la actitud de cristianos frente a judíos.

El Imperio romano de Occidente desapareció en el año 476 d. de C. y el episodio comentado fue de todas formas aislado, de hecho con la llegada de los visigodos y la consolidación de su reino sobre los escombros del Imperio, siguió vigente el Derecho romano hasta que Alarico II encargó la compilación del Breviario o conjunto de leyes romanas tardías puestas al día con la incorporación de leyes germánicas. En la etapa en la que los visigodos profesaban el credo arriano, herejía del cristianismo condenada en el Concilio de Nicea (325) y Concilio de Constantinopla (381), los judíos asentados en Hispania gozaban de los derechos de ciudadanía, pero a partir de la conversión de los judíos al catolicismo en tiempos del monarca Recaredo (fin del siglo VI), la tolerancia hacia los hebreos desapareció. En el III Concilio de Toledo (589) se prohibió el matrimonio entre cristianos y judíos, a la vez que se impedía a los hebreos la ocupación de cargos públicos o de jurisdicción personal sobre los cristianos.

Reino visigodo año 569

En general, los judíos en la España visigoda fueron víctimas de disposiciones muy severas adoptadas contra ellos por las autoridades políticas, en el año 616 el monarca Sisebuto decretó que los judíos de su reino debían convertirse al cristianismo o en caso contrario debían irse de aquella tierra, la mitad aproximadamente se convirtieron a la fuerza y el resto marchó a la Galia, su sucesor Suintila modificó aquellas disposiciones pero a la inversa, mostrándose más benigno y tolerante hacia los judíos, esta situación experimento otro giro, con el reinado de Sisenando y con el reinado de Recesvinto el cual declaró que el judaísmo contaminaba el suelo del país, durante el reinado de Wamba sucesor de Recesvinto suavizó la política anti judía, pero esta situación duró poco tiempo, la época más dura fue a finales del siglo VII en el reinado de Ervigio, decretó que debían convertirse de forma forzosa al cristianismo todos los judíos del reino, ante estas duras medidas muchos judíos optaron por la emigración, trasladándose al norte de África, más tarde en el XVII Concilio de Toledo (694) en el reinado de Egica se acusó a los hebreos de conspiración, junto a los judíos que vivían el norte de África, para intentar poner fin a la monarquía visigoda. Así mismo en el citado reinado se ordenó separar a los niños judíos de siete años de sus padres, con la pretensión de que fueran educados en el cristianismo, la dureza de las leyes visigodas salvo periodos de cierta tranquilidad, fue para los judíos un tema que los llevo en unos casos a la conversión al cristianismo a la fuerza y en otros a la emigración. Hay que hacer mención de que cuando los visigodos llegaron a España, la relación entre judíos y cristianos era tolerable e incluso cercana mucho más de la que les hubiera gustado a los dirigentes de ambos colectivos, dos siglos más tarde, los últimos monarcas visigodos habían creado el problema converso el cual era insoluble.

Convivencia entre cristianos y judios


El problema de todas formas con los judíos no fue exclusivo de España, ni la actitud tomada por la Iglesia y el Estado visigodo difiere de la tomada en otras partes, en todos los países (R.Hernandez, p120) encontramos aplicada la violencia en su más alto grado: elección entre bautismo o muerte, entre conversión o destierro y obispos que dificultan la vida a los hebreos, para que el castigo les conduzca a la Iglesia o prometiéndoles ciertas ventajas, en caso de aceptar el bautismo. La Iglesia y el Estado visigodo no lograron su propósito (Teodoro González y García Villoslada, 1978, pp. 670-683) y terminaron empujando a los judíos a dudar sobre la posibilidad de vivir en paz en el seno de la sociedad visigoda.

Los judíos en la España medieval

España medieval musulmana (siglos VIII – X) Al-Ándalus

Durante los siglos VIII al XV las comunidades judías de Sefarad, se encontraron sometidas primero a autoridades musulmanas y más tarde a reyes cristianos, ambas autoridades compartían la misma actitud: los judíos no habían conseguido superar su vieja ley mosaica, lo que era considerado un error, las consecuencias de ello derivaban en diferentes actitudes por parte de los gobernantes en cada época a lo largo de dichos siglos, las Cortes castellanas estaban dispuestas a aceptar la legitimidad del Torah pero su actitud respecto al Talmud y a la Qabbalah variaba. En la práctica de todas formas ambas religiones no permanecieron estáticas de forma que en su crecimiento se influyeron sin advertirlo.

Desde su asentamiento en la Península, los judíos se organizaron en forma de comunidades locales autónomas llamadas aljamas, éstas eran agrupaciones de personas que aun no viviendo en la misma ciudad sino en villas y aldeas circundantes se encontraban bajo una misma jurisdicción. En Castilla desde el siglo XIII existió un órgano representativo semejante a las Cortes formado por procuradores de las distintas aljamas.

Organización de una Aljama

En esta situación que por un lado refleja la organización de las comunidades judías en cuanto a gobierno de la comunidad y por otro la religión, nos encontramos con la decadencia y crisis final de la monarquía visigoda a la muerte de Egica, el cual había promulgado leyes muy duras hacia la comunidad judía, le sucedió en el trono Witiza el cual intentó realizar una política de acuerdos y contención, eliminando los medios de defensa al intentar abortar cualquier deseo de golpe de Estado, esta decisión debilitó en sobremanera la defensa del país, en momentos muy peligrosos dada la amenaza musulmana, cambió así mismo la legislación anti judía, en parte por hacer lo contrario que su antecesor, en parte muy probable porque esperaba contar con los judíos como aliados, eliminó la vigilancia sobre los conversos, permitió el regreso de exiliados y otorgó puestos de relevancia a judíos, esta situación suscitó problemas graves con la comunidad cristiana, dado que los que antes eran proscritos ahora poseían cargos de relevancia, es de pensar que seguramente hubo judíos que carecieron de la prudencia necesaria en el ejercicio del nuevo poder adquirido. A esta situación añadiríamos que la pugna por el poder entre las familias de Chindasvinto y de Wamba ocasionó un debilitamiento del poder y de la organización del mismo en la Península el final del reinado de Witiza en el año 710 dejó una profunda división en la Península.

Por otro lado desde mediados del siglo VII poco después de la muerte del profeta Mahoma, los musulmanes se habían expandido en todas direcciones y constituían un vasto dominio, su imperio se extendía por el este, hasta el imperio sasánida y por el oeste, a lo largo de todo el norte de África había llegado hasta la costa del océano Atlántico en el año 707, se había extendido de forma horizontal, al otro lado del estrecho de Gibraltar se hallaba la España visigoda, con la situación política ya comentada. Se ha sugerido por diversos historiadores, que fueron los judíos los cuales habían sido duramente perseguidos por los últimos reyes visigodos los que animaron a los musulmanes a invadir y conquistar el reino de Hispania, aunque este argumento tiene escasos fundamentos, el gobernador de Ceuta de la época el conde Don Julián se ha dicho que pactó con Musa el gobernador árabe de aquel territorio, tampoco hay pruebas concretas de ello, fuera como fuese, en el año 710 el gobernador Musa envió a un contingente de fuerzas a las ordenes de Tarik quien pasó a la península, ayudado por godos desertores como dicho gobernador de Ceuta, entraron en combate con el monarca visigodo Rodrigo derrotándolo en las cercanías de Guadalete (711) este éxito musulmán a la vez que la muerte de Rodrigo en la batalla, fue el punto de partida de la irrupción de los musulmanes en la península Ibérica a raíz de ello el desplome del reino visigodo fue definitivo.

La Conquista Musulmana de la Penincula Ibérica

Según una fuente islámica, el Ajbar Machmua relata que los judíos colaboraron en la entrega de fortalezas esenciales a los invasores islámicos, Toledo fue la más importante pero no la única, las tropas de Tarik habían conquistado de forma rápida Córdoba y Granada, por su parte el gobernador Musa en el año 712 desembarcó en la península Ibérica acompañado de un fuerte ejercito, conquistando las antiguas ciudades romanas de Sevilla y Mérida, continuando hasta Toledo en donde se encontraron con Tarik, en los dos años siguientes, los musulmanes se desplazaron hacia el norte y entraron en la ciudad romana de Zaragoza, en un tiempo muy corto los musulmanes habían conquistado la mayor parte de la Península.

Lo más llamativo es que los invasores musulmanes apenas encontraron resistencia en su despliegue por las tierras del solar hispano, si hubo sublevaciones, pero escasas en Sevilla o Mérida, el pueblo llano estaba al margen de las luchas entre los nobles visigodos, además los nobles visigodos pactaban con los musulmanes, así se cita el caso de Teodomiro un noble de la región murciana que según un texto conservado se sometió a capitular aceptando el patronato y clientela de Alá con la condición de que no se impuso dominio sobre él ni sobre ninguno de los suyos.

La cuestión es que los judíos no pudieron respirar hasta la invasión musulmana en el año 711, no es de extrañar que los árabes fueran contemplados más como liberadores que como invasores, éstos respetaron y toleraron las prácticas mosaicas y confiaron en la capacidad política de los judíos, probado al encomendarles en ocasiones la defensa de plazas conquistadas a los cristianos, tales como Granada, Sevilla o Toledo, entre los mozárabes se conservó la tradición de que la pérdida de España tuvo una participación directa de los judíos, entre los cronistas cristianos, precursores y fuentes de la historiografía alfonsí, el primero que acusó de colaboracionismo en la invasión a los judíos es Lucas de Tuy en su Chronicon mundi, Alfonso X en su Estoria de España acusa a los judíos de haber acordado con los musulmanes la invasión, muchos otros cronistas e historiadores fueron del mismo parecer.

Los territorios conquistados por los musulmanes recibieron el nombre de Al-Ándalus el origen de esta palabra es confuso pero no se correspondería con la Andalucía actual, según el arabista Joaquín Vallvé para un invasor islámico tan Al-Ándalus era Barcelona como Sevilla o Zaragoza. El establecimiento de un gobierno musulmán en la Península representó un alivio para la situación económico y jurídica de los judíos aunque no representó un estatuto de completa libertad, cesaron las persecuciones y el pueblo de Israel fue reconocido como uno de los portadores del Libro Revelado lo cual convirtió su religión en lícita, llegaron a la Península nuevos contingentes de judíos y los conversos forzosos que habían producido las persecuciones visigodas volvieron a su antigua fe. La situación de tranquilidad duró poco, dado que los judíos se negaron a abrazar el Islam, como antes habían rechazado la fe cristiana, los israelitas no podían aspirar a otra situación que a la que les daba una tolerancia generosa en algunos momentos, esta situación en principio también es aplicable a los cristianos por parte de los musulmanes, según el historiador israelí Benzion Netanyahu los musulmanes fueron para los judíos los salvadores de su intolerable opresión, otro historiador norteamericano E. Ashtor ha señalado en este aspecto que los hebreos encadenaron su destino a la dominación mora y la apoyaron en todas sus áreas vitales.

La legislación musulmana recogió algunas previsiones restrictivas, tales como que los judíos debían de usar trajes que les identificaran, no podían utilizar caballos de monta, las oraciones debían de ser efectuadas siempre en voz baja, nunca sus casas o sinagogas debían superar una determinada altura, todas estas disposiciones reaparecerán en las legislaciones cristianas posteriores. Los judíos recibieron del entorno árabe una gran cultura, procedente de los diversos países que éstos habían conquistado llegando a adoptar la lengua árabe como suya propia, naciendo un nuevo judaísmo de extraordinaria vitalidad. La legislación musulmana reconoció a los judíos libertad de movimientos, de propiedades y de culto en el interior de las sinagogas las cuales poseían un peculio wafq para asegurar su sostenimiento, los judíos tenían representantes propios para pactar y negociar con las autoridades califales, por tanto la posición de los musulmanes en los primeros tiempos de su historia en la Península fue de tolerancia, las aportaciones del pensamiento judío medieval a la cultura son muy importantes. Durante el Califato se les concedió el mismo estatuto que a los cristianos, se les prohibió la construcción de nuevas sinagogas y el ejercicio de cargos públicos, todas estas disposiciones aún siendo una contrariedad eran mínimas si las comparamos con las persecuciones habidas en la época final visigoda. La posterior etapa de los reinos de Taifas contemplará ya algunas persecuciones, como la de Granada del año 1066 en que murieron más de cuatro mil judíos. En un principio al frente del poder musulmán se hallaban los emires a mediados del siglo VIII a raíz de la caída de los omeyas que perdieron el califato árabe a manos de los rebeldes abasíes, uno de sus miembros logró escapar dirigiéndose a las tierras de Al-Ándalus, dicho personaje fue elegido poco tiempo después emir de Al-Ándalus dicho personaje era Abd al Rahman I con el que se iniciaba en Al-Ándalus el periodo calificado como emirato independiente, dado que los emires apenas mantenían contactos con el califato abasí, el cual después de abandonar la ciudad de Damasco se habían trasladado a Bagdad situada mucho más al este.

La etapa del emirato independiente se caracterizó por diversos conflictos internos. A comienzos del siglo IX la denominada Jornada del Foso así como el motín del arrabal cordobés de Secunda, a mediados del siglo IX hubieron fuertes tensiones con algunos sectores mozárabes, campo en el que destacaban figuras representativas como Álvaro, Speraindeo o san Eulogio, antes de finalizar el siglo IX tuvo lugar la rebelión del muladí Umar ibn Hafsun que estableció su sede política en Bobastro en las montañas del norte de Málaga.

En los inicios del siglo X en el año de 929, el emir Abd al Rahman III se proclamó califa y situó su sede en Córdoba, sin duda dicha ciudad en el siglo X era la más poblada de Al-Ándalus y era la más pujante y avanzada, por sus obras artísticas fue calificada por una monja alemana llamada Hroswitha de Gandersheim desde el retiro de su convento germánico, que dicha urbe era el ornamento del mundo equiparándola con Bagdad la sede del imperio abasí o con Constantinopla capital del imperio bizantino. El periodo del Califato ha sido designado como la ¨Edad de Oro¨ del Judaísmo Ibérico.

Corte de Abd al Rahman III
Abd al Rahman III


Los judíos abrazaron con entusiasmo extraordinario la arabización y la más completa asimilación cultural, prosperando en todos los campos, mientras que los cristianos disidentes que se negaban a arabizarse sufrían decapitaciones públicas y opresiones sociales de todo tipo. Esto no quiere decir que todos los judíos fuesen apreciados por los musulmanes, pero si fue el momento de mayor dominio de los judíos sobre los cristianos aunque en un área geográfica muy delimitada.

Abd al Rahman III preocupado por el avance que protagonizaron en aquellos años los fatimíes en el norte de África, logró poner fin a la rebelión de los hijos de Umar ibn Hafsum el cual antes de su muerte había regresado al seno del cristianismo, consiguió al mismo tiempo la pacificación de las marcas fronterizas en particular Zaragoza y aunque fue derrotado en la batalla de Simancas (939) frente a los cristianos dirigidos por el monarca astur-leones Ramiro II puso freno al intento de expansión hacia el sur de los núcleos cristianos. El gran cronista árabe Ibn al-Jatib define su reinado de esta forma:

Pacificó a los rebeldes, edificó palacios, dio ímpetu a la agricultura, inmortalizó antiguas hazañas y monumentos, infringió grandes daños a los infieles, hasta el punto de que no quedó en Al-Ándalus ni un solo enemigo o contendiente. Las gentes le obedecieron en masa y desearon vivir con él en paz.

Abd al Rahman III fue sucedido en el califato por su hijo al-Hakam II entusiasta defensor de las artes y las letras, además mantuvo relaciones muy buenas con los núcleos de la España cristiana, en esta época hubo embajadas procedentes del norte peninsular que se trasladaron a la ciudad de Córdoba, con la finalidad de entrevistarse con el califa, fue entonces cuando se puso en marcha en la ciudad de Córdoba, una impresionante biblioteca formada por cerca de 400.000 volúmenes, en tiempos de Hisham II su sucesor el poder efectivo recayó a una figura nombrada como hachib o primer ministro, dicho personaje llamado Ibn Abi Amir más conocido como Mansur bi-llah o Almanzor éste organizó un régimen autoritario, basado en el poder del ejercito llevando a cabo tremendas razias en el norte peninsular contra los cristianos, entrando en las ciudades de Barcelona y Santiago de Compostela en donde respetó la tumba del apóstol. Desaparecido Almanzor a comienzos del siglo XI, las tierras del Al-Ándalus fueron testigos de una verdadera guerra civil llamada en lengua árabe fitná , el califato omeya de Córdoba duró poco más de un siglo hasta el año de 1031 fragmentándose en un mosaico de reinos de taifas.

Por tanto en el transcurso de los siglos VIII, IX y X el predominio en el suelo hispano fue musulmán, las fuentes indican que de una forma paulatina el pueblo llano terminó por aceptar la religión islamita, hacia el año 850 se supone un doce por ciento de la población romano visigótica había aceptado el islamismo llegando a un veinticinco por ciento en el año 900 y a cerca de la mitad a mediados del siglo X, ello no impedía que en Al-Ándalus hubiesen judíos y cristianos a los que se llamaba mozárabes, unos y otros en este entorno de nueva sociedad política, tenían que abonar al poder fuertes tributos uno de carácter personal la yizya y otro de protección territorial , el jaray a los habitantes de ambas confesiones religiosas se les denominaba así mismo dimmies estos grupos gozaron en principio como hemos comentado protección y cierta tolerancia controlada su condición social de todas formas era inferior a la de los musulmanes.

No sabemos cuántos judíos había en la primera época de dominio musulmán dado que no existen documentos con la contabilización de sus tributos sabemos como testimonio del Ajbar Machmua y de Al Maqqari que el ejercito de Tarik iba reuniendo a todos los judíos en diversas ciudades conquistadas y junto a un pequeño destacamento de musulmanes los dejaba al cuidado y defensa de las ciudades, esta situación ocurrió en Elvira, Córdoba, Toledo y Sevilla, se sabe así mismo que los judíos tenían un arrabal Madinat al-Yahud en las afueras de Toledo en el año 820 y un barrio en la Córdoba del siglo IX. Tanto en tiempos del emir Abd Allah como de los ziries, Lucena era la ciudad de los judíos, siendo capaces de repeler un ataque hafsuní y la autoridad granadina no fue muy efectiva en su recinto. De vez en cuando surgen judíos que alcanzan una cierta notoriedad como el encubridor de Talut en la revuelta del arrabal, el mercader que rescató a Sadún al Surunbaqi en el año 857 así como el que rescató a Yahya ibn al-Tawil señor de Barbastro, apresado por los magiares, el conocimiento del árabe y del romance hizo de los judíos embajadores natos, tal es el caso del médico y secretario Hasday ben Ishaq enviado como mandatario ante Suñer de Barcelona, la vizcondesa de Narbona y Hugo de Provenza en 940, al año siguiente fue el encargado de obtener la liberación de Muhammad al-Tugibi de manos de Ramiro II de León, llegando su poder de influencia al nivel más alto al lograr convencer a Sancho el Craso para que en compañía de su abuela Toda de Navarra fueran a Córdoba a rendir pleitesía a Abd al Rahman III, obtuvo el cargo de director de aduanas de dicho califa. Otro personaje de gran importancia dado el alcance de su influencia fue Abu Joseph ibn Hasdai ibn Shaprut (915-970), padre de la escuela talmúdica española, que llegó a ser secretario y gran visir de Abd al Rahman III y representó al más fastuoso de los califas en importantes delegaciones en Barcelona, León y Navarra. Nacido en Jaén de una familia aristocrática judía, dominaba, además del hebreo, el árabe y el latín y era conocido como un gran médico. Fue esta profesión la que le puso en contacto con la corte califal siendo nombrado médico personal del califa y encargado de la recolección de los impuestos y peajes de los puertos andaluces, en el año de 949 fue acompañado por el obispo de Elvira don Recemundo como parte de la delegación diplomática del califa cordobés al-Hakan II a la corte de Constantinopla. Fue el receptor de los enviados de Otón I presididos por el reformador Juan de Gorze en el año 956, también curó la obesidad de Sancho I de León, preparando la sumisión de este reino y borrando la humillación de la batalla de Simancas. Negoció en 944 un tratado comercial con Constantino VIII de Bizancio y aprovechó este momento para traducir al árabe el tratado médico de Dioscórides desde una versión latina.

En tiempos de Al-Mansur aparece Ibn Gaw como encargado de percibir la capitación de sus correligionarios, de todas formas la importancia fiscal y administrativa durante el emirato y el califato del elemento judío parece ser menor que la de los cristianos, ahora bien, tras la fitna el periodo de las taifas se caracteriza por la desaparición del elemento cristiano, que aparece desplazado por los judíos que copan los altos puestos de la administración y la hacienda, durante esta época los musulmanes tienen visires judíos en Badajoz, Valencia y Zaragoza, en el estado zirí granadino aparecen Abul Rabí como tesorero general de Badis, los Banu al-Qarabi que fueron almojarifes de Guadix, Samuel ibn Negrella y su hijo Yusuf que ostentaron el cargo de validos granadinos, hasta que su mismo nombramiento provocó el pogrom de 1066 por el propósito de Yusuf de crear una taifa judía granadina sobre la cual reinaría.

Cuando el califato se derrumbó por las guerras civiles, fitna, siguió habiendo judíos con poder en los reinos de taifas pero las cosas empezaron a cambiar para ellos desencadenándose en Granada la primera persecución y matanza de judíos, se trató en principio de un estallido aislado pero poco después con la llegada de los integristas almorávides y almohades la persecución fue sistemática lo que provocó su desplazamiento hacia los reinos cristianos del norte. Las invasiones de los almorávides y los almohades en los siglos XI y XII fueron nefastas para los hispanojudíos del territorio musulmán, emigrando a territorios cristianos, fueron bien recibidos por Alfonso VII de Castilla y León desplazándose su actividad en la España cristiana a Toledo, siendo considerados libres como los demás vecinos e intervinieron brillantemente en la llamada Escuela de Traductores de Toledo durante el reinado de Alfonso X en cuya época se edificó la sinagoga de Santa Maria la Blanca.

Sinagoga de Santa María la Blanca (Toledo)

Hubo de todas formas judíos que se quedaron bajo el dominio y territorios musulmanes su situación mejoró con los almorávides, dado que se dieron cuenta de la capacidad de los judíos en el cobro y administración de las rentas públicas, empezando poco después con ocupaciones que se convertirían en tradicionales de este pueblo, como hacendistas, físicos, diplomáticos, con los almorávides llegaron a ser gobernadores y consejeros de monarcas, Granada testigo de la triste fortuna hebrea contempló unos tiempos de plenitud desconocidos hasta el momento en la historia de los judíos en España.

Esta situación en tierras de ocupación musulmana no duró demasiado tiempo, el imperio almorávide caerá con el empuje de las tribus del desierto, los almohades, los cuales eran fundamentalistas y seguidores a ultranza de la Ley de Mahoma los cuales se instalarán en la Península, los efectos de este fanatismo ya se habían dejado sentir en Marruecos, de la mano del Amir Al-Mumenin quien una vez conquistado el territorio, mando llamar a los representantes de los judíos y les propuso o la conversión al islam o la muerte, la persecución de los almohades se prolongo a lo largo de diez años, despojándoles de sus casas y forzándoles a la emigración de esta forma Alfonso VII ofrecía a los perseguidos israelitas un refugio contra las hordas de almohades, por tanto la suerte de los judíos quedó sometida a los cristianos y al arbitrio de sus reyes, Toledo se erigió como centro principal de la actividad y cultura judía, por otra parte los judíos convertidos al islam con la finalidad de proteger sus vidas esperaron su oportunidad para revelarse contra el poder musulmán.

Hemos hablado del desarrollo social y entorno político que se produjo a partir de la invasión árabe de España, así como cuales fueron los antecedentes de dicho periodo histórico, todo ello influyó de forma directa en diferentes aspectos culturales y económicos relacionados entre sí y que marcaron y definieron a la sociedad de la época.

Los judíos establecidos en la Península en el momento de la invasión no habían llevado a cabo ninguna tarea relevante en los aspectos científico o cultural, de que tengamos noticia, después del 711 las condiciones cambiaron de un modo radical dado que la inserción de Al-Ándalus en el sistema de Estados musulmanes, permitía una comunicación relativamente fácil y directa con las escuelas babilónicas de Sura y Pumbedita se sabe que Natronai de Sura (853-874) preparó una compilación de oraciones a petición de Lucena ¨la ciudad de los judíos¨, su sucesor R´Amram (856-874) recopiló para la pequeña ciudad de Barcelona que ya era cristiana un Séder (en hebreo: orden) litúrgico con materiales tomados de los dos Talmud, según parece los judíos hispanos desempeñaron un papel relevante en la difusión babilónica del Talmud.

La relación judaica con Oriente fue muy beneficiosa dado que se tuvo acceso a los autores clásicos y ya los mozárabes del siglo IX comenzaron a denominarlos como ¨hebraica veritas¨. En el siglo X los judíos españoles empezaron a rivalizar con los árabes en trabajos de filosofía, jurisprudencia, gramática, medicina y a sobresalir en sus estudios del Talmud, aquellos que se habían establecido en la zona de Granada cultivaron poco las letras y las ciencias o no tenemos referencias de ello, si existen algunas pocas referencias como la del poeta y médico Mohamed ben Kalaph. En la ciudad de Córdoba la más grande de Europa en el siglo X alojaba a casi medio millón de habitantes cuando a excepción de Constantinopla ninguna ciudad contaba con más de treinta mil habitantes, en ella se desarrolló una evolución única del hebraísmo hispano, Córdoba capital del califato, fue elegida para sede de una importante escuela independiente justo en el momento en que en el mundo árabe se empezó a ensombrecer la fama de la debilitada Bagdad.

De una escuela talmúdica, hasta entonces discreta, se desarrolló una Academia de gran prestigio, Córdoba se convirtió en la Sura de Andalucía, la asistencia de estudiantes fue muy importante procedentes de ciudades de España y del norte de África, en su Plan de Estudios figuraban además del las Ciencias Sagradas (Torah y Talmud) las incipientes ciencias profanas. Mientras que la Europa cristiana se había atascado en una ignorancia de la que habían intentado liberar los primeros carolingios, y en el califato oriental el espíritu abierto de otros tiempos se iba paralizando de forma gradual, en el califato de Al-Ándalus se acercaba un tiempo de florecimiento cultural único. Nombres como Hasday ibn Shaprut, Menahen ibn Sharuk o Dunash ibn Labrat así lo atestiguan. Sobre todo en el periodo del Califato comenzó por tanto la etapa dorada de los judíos españoles que duró más de tres siglos, se instalaron por todas partes y siempre prosperaron, las religiones del islam y la judaica aunque irreconciliables se aliaron contra el símbolo de la Cruz. A la sombra de la media luna los israelitas alcanzaron gran poder y riqueza ya que aunque identificados por los árabes no dudaron en vestir como ellos y abrazar sus costumbres y su lengua para conseguir una ansiada paz.

Los califas cordobeses presenciaron un apogeo sin precedentes de la cultura, complementaria a la suya, es por ello que protegieron a los judíos además las posesiones conquistadas incrementaron su demografía al recibir a los judíos que llegaban de Oriente donde el Califa Cader los había perseguido hasta conseguir su emigración a Córdoba. Lo que los judíos crearon en aquellos siglos fue un regalo para todo Occidente convirtiéndose en los maestros de Europa, la posteridad les debe agradecer que fueran los salvadores de los tesoros culturales de la Antigüedad, promovieron de forma enérgica los múltiples conocimientos clásicos que estuvieron a punto de perderse para siempre. Con sus descubrimientos y experimentos, sus investigaciones y sus atrevidas ideas dieron un impulso sin precedentes al progreso espiritual de la Humanidad en los campos de la Filosofía y las Ciencias Naturales, la filosofía de Aristóteles llegó a Europa procedente del área musulmana estudiado y comentado por filósofos árabes y judíos y sienta las bases de la Escolástica. Las ciencias exactas, la medicina, la astronomía y las matemáticas no hicieron su entrada en Europa hasta que llegaron los escritos y las obras científicas árabes traducidas al latín.

Lucena ciudad de las tres culturas
Sinagoga de Córdoba


En la segunda mitad del siglo X Córdoba y Lucena eran los focos culturales de la cultura hebraica, de esta cultura los judíos se sentían orgullosos, Sefarad se convertía en su segunda patria, no en la primera, pues sus pensamientos siempre seguían puestos en Jerusalén, todavía un siglo más tarde ya expulsado de la Península y viviendo en Egipto Maimonides se calificaba de sefardí. La segunda generación de poetas y gramáticos fue menos brillante que la primera destacando personajes como Isaac ibn Chicatilia, Isaac ibn Levi Mar Saul, Isaac ibn Capron o Isaac ibn Jalfon, pertenecen a maestros tradicionales más conservadores que creadores. Su protector era otro rico judío, Jacob ibn Gan, que murió antes de la caída del Califato, en las guerras civiles de la segundo decenio del siglo XI los judíos se vieron implicados de forma que Muhammad II se sirvió de los comerciantes judíos para garantizar a Ramón Borrell de Barcelona el pago de sus emolumentos, esto señaló a los judíos como enemigos de los berberiscos y sufrieron terribles represalias. En la tradición histórica, aparecen las guerras de los berberiscos como la catástrofe definitiva que dispersó la poderosa aljama, los fugitivos vitalizaron otras juderías, Ibn Jalfon buscó residencia en Granada y desde allí se trasladó a Zaragoza, dando lugar a una escuela muy importante. En relación con la ruina de Córdoba debe situarse la primera gran corriente migratoria hacia territorios cristianos.

Posterior al Califato hubo una evolución cultural con una figura que destaca es la de R. Samuel ha-Levi ben Josef ibn Nagrella ha-Nagid , nacido en Mérida asistía en Córdoba a las enseñanzas talmúdicas de Judah ibn David trasladándose con posterioridad a Málaga, su conocimiento del Talmud y de los idiomas era muy profundo llegó a dominar siete lenguas incluyendo el latín y el berberisco, dada su habilidad como calígrafo y compositor en árabe llamó la atención del visir Ibn al Arifque lo recomendó a su rey Habbus de Granada, rápidamente llegó a visir, jefe del ejercito y en 1207 nagid o príncipe de los judíos, se decía que reunía inteligencia y bondad. Aseguró la sucesión de Badis hijo de Habbus de quien siguió siendo visir, favoreció la inmigración judía hasta el punto que se llegó a nombrar Granada como Garnata al-Yaud es decir Granada de los judíos. Fue poeta, gramático y talmudista se conservan unas 1.742 poesías, su final fue trágico al morir en las revueltas del año 1066 junto a numerosos judíos, a los supervivientes se les negó residir en Granada y fueron acogidos en Sevilla. El rey Al-Muttamid otorgó al astrónomo y matemático Isaac ibn Albalía el cargo de Rabino Mayor de los judíos de su extenso reino, restaurando la escuela de Granada, en ella destacaron Isaac ibn Judah ibn Moschia y Josef ibn Misgaj, médicos y astrónomos.

Después de la persecución llegó a Zaragoza el más eminente de los maestros de Lucena Jonah ibn Yanah (985-1050) a quien los musulmanes llamaron Abu´l Walid Marwan ibn Yanah, con él llegó la gramática hebrea a su mayor grado de madurez, coincidió con Samuel ha-Cohen ibn Chicatilia. Los trabajos de la escuela de Zaragoza permiten a la poesía religiosa alcanzar expresión mística en la segunda mitad del siglo XI. La poesía hebraica en árabe fue pues un vehículo para la expresión del saber teológico y que influyó en los pensadores cristianos posteriores, de forma que se concede una importancia fundamental a la figura de Salomón ibn Gabirol que los árabes llamaron Sebirul y los latinos Cebrol o Cebrón de esta última apelación surgió el nombre de Avicebrón conocido así por los escolásticos. Ibn Gabirol fue por encima de todo un gran poeta en sus versos utilizó conocimientos filosóficos, astronómicos y cosmológicos así como influencias qabbalísticas su máxima obra poética es el Kéter Malkbut (Corona real) compuesta por cuatrocientos versos siendo un canto a Dios y a la Creación.

Bahya ibn Joseph ibn Paquda se encuentra separado de Ibn Gabirol por el espacio de una generación, coincide con la invasión de los almorávides y el comienzo de la intolerancia musulmana hacia los judíos, fue un estudioso de la religión de profunda fe, Dayyan (juez) de la comunidad de Zaragoza, se benefició del ambiente tolerante y alto nivel intelectual que los Banu Hud lograron crear en esta ciudad, su obra principal es el Hobot ha-Lebabot (Deberes de los corazones) escrita en árabe y traducida al hebreo, es un tratado de mística popular judía, para Ibn Paquda, el peligro a que debe hacer frente un alma piadosa consiste en la rutina y el anquilosamiento, hay múltiples similitudes con el cristianismo. Médico, poeta y filósofo Yeudah Ha-Levi nacido en Tudela de Navarra cuando esta ciudad se encontraba en poder musulmán, es una personalidad muy interesante a caballo entre los siglos X y XI (Suarez, L 1980 p.58) es posible que fuese el inventor del cuento de los tres anillos que él difundió mediante el cual se pretendía reforzar la confianza de los judíos en su verdad, sin hacer concesiones al Cristianismo y al Islam, responde de todas formas a la tolerancia que Alfonso VI trataba de implantar en sus territorios, es el primer poeta a quien se encuentran versos castellanos, cabe destacar sus obras Himno a la Creación,Kuzari (Prueba y fundamento de la religión menospreciada), Menéndez y Pelayo otorgó a esta obra una influencia muy importante como fuente para la literatura castellana posterior, Siónidas y Elegía por Sión, se dice que fue asesinado por un jinete árabe cuando recitaba sus versos en la muralla de Jerusalén siendo ésta la capital del reino que fundaran los cruzados.

Maimonides

La figura de Maimonides (1135-1165) en el judaísmo puede considerarse paralela a la de Santo Tomás de Aquino en el cristianismo no solo por la profundidad de sus escritos sino por haber utilizado ambos el método aristotélico, nacido en Córdoba acabó instalándose en Egipto después de visitar Jerusalén, fue médico, teólogo, mercader, su amplitud de conocimientos queda reflejada en su abundante y compleja obra. Su doctrina se resume en su obra fundamental y más conocida la Guía de los perplejos que constituye una de las aportaciones más decisivas para el conocimiento científico moderno. Sus ideas no gozaron de una comprensión inmediata y constituyeron fuente de contradicción entre los judíos y una creciente hostilidad por parte de los cristianos.

Como decíamos toda esta cultura en los periodos de relativa tranquilidad, se desarrolló en un ámbito de riqueza económica y en el transcurso de los siglos VIII al X las tierras de al-Ándalus dieron muestras de una notable expansión económica, en el ámbito de las actividades agrarias los musulmanes aportaron nuevos cultivos e impulsaron de forma relevante los regadíos mediante el aprovechamiento del agua de los ríos así como los pozos y la introducción de la noria. Los cultivos más preponderantes eran los agrios, el arroz, la caña de azúcar, la palmera, la berenjena, el azafrán y el algodón. También tenían gran importancia los árboles frutales, así como las plantas aromáticas y medicinales, se daba así mismo importancia al pino, el algarrobo, la encina y la morera, había en aquella época gran cantidad de huertas y vergeles al tiempo que proseguía la agricultura heredada de la época romana basad en el trigo, la vid y el olivo, el trigo se cultivaba fundamentalmente en tierras andaluzas, valencianas, extremeñas y lusitanas, la vid sobresalía en la zona de Andalucía y también en Valencia y zona sur de la meseta, el olivo en las zonas andaluzas. La caña de azúcar se localizaba en las zonas costeras de Andalucía y el algodón en la zona de Sevilla. Desde otro aspecto hay que comentar el cultivo del esparto y el azafrán en determinadas zonas de Andalucía y en las proximidades de Toledo.

Las excelentes condiciones climáticas existentes en buena parte de la España musulmana ayudaban a la producción agraria de forma muy directa, la actividad ganadera llegó a alcanzar un buen nivel de desarrollo, como animales más destacados mencionaremos al caballo, el buey, el asno o la mula, el caballo andalusí acabó logrando un excepcional prestigio, las ganaderías ovina y caprina de las que se obtenía leche y lana alcanzaron un desarrollo importante así como conejos y aves de corral, por el contrario el cerdo al que el islam consideraba un animal impuro experimentó un notable retroceso. También se desarrollaron la caza y la pesca ya fuese realizada con red o con almadrabas, la caza era efectuada con armas o con determinados animales, la cetrería era autorizada por la ley islámica.

En al-Ándalus la actividad artesanal logró un espectacular auge, todo parece indicar que la artesanía que tuvo mayor empuje fue la relacionada con la producción textil utilizando como materias primas la lana y la seda aunque en menor proporción también se utilizó el lino, el árabe Ibn Hawqal alude en su libro Configuración del mundo a las numerosas actividades textiles que contempló en su paso por España, habla de los tejidos de lana, seda y lino pero referencia a las exportaciones que desde al-Ándalus se realizaban a los más variados países musulmanes habla de las exportaciones de lino a Egipto, los mantos confeccionados en Pechina localidad cercana a Almería y que eran enviados a Yemen, Egipto y a La Meca, sin olvidar la importancia del tiraz de Córdoba, nombre genérico dado a las manufacturas textiles de monopolio regio inauguradas en tiempos de Abd al-Rahman II.

Cabe mencionar la importancia que tuvo en al-Ándalus la fabricación de cerámica así como el vidrio, armas o papel cuya técnica de producción procedía de China. Por lo que refiere a la cría del gusano de seda, alcanzó niveles muy importantes, el comercio en general tuvo un papel preponderante en el desarrollo económico de al-Ándalus, el historiador francés Maxime Rodinson en su libro Islam y capitalismo refleja que tanto el Corán como la tradición consideran favorable la actividad económica, la búsqueda de ganancia, el comercio y por tanto la producción para el mercado. La actividad mercantil era acompañada de la acuñación de moneda, había la moneda de oro o dinar acuñada en la época de Abd al-Rahman III existía también una moneda de plata denominada dírhem, un dinar de oro equivalía a diez o doce dírhems de plata.

Dinar de oro y un Dirhem de plata

El comercio se realizaba en los zocos de los núcleos urbanos, el zoco constaba de un laberinto de callejuelas y contaba con tenderos fijos y otros ambulantes, en dichos zocos se encontraban las alhóndigas o almacenes de mercancías y se alojaban los mercaderes venidos de otros territorios, el comercio de lujo se desarrollaba en los bazares qaisariyyas o alcaecerías que solían estar cubiertos. El zoco más importante fue el de Córdoba que incluía un mercado de libros manuscritos y otro de esclavos. Cada zoco estaba controlado por un muhtasib es decir un inspector de mercado, en los zocos también abundaban mendigos, acróbatas, concubinas o alcahuetas. La exportación jugó un papel de suma importancia en todo este desarrollo económico de los territorios cristianos se obtenían pieles, metales, armas y esclavos de la Europa oriental y se exportaba desde al-Ándalus aceite, azúcar, higos, uvas, cobre, estaño, mercurio y textiles en general.

Entre los siglos VIII y X otro ámbito que conoció un extraordinario esplendor en el al-Ándalus fue el de las artes plásticas, en tiempos de Abd al-Rahman I se inició en Córdoba la construcción de la mezquita mayor de dicha ciudad, se edificó en la zona donde había estado levantada la iglesia visigótica de san Vicente, se efectuaron importantes obras de ampliación en la época de Abd al-Rahman III, en particular la construcción del alminar o minarete, Lévi-Provençal indicó en su día que dicho alminar era sin duda, el más bello de los alminares de Occidente, durante el reinado de Abd al-Rahman III se restauró y consolidó la fachada de la sala de oración que daba al patio de la mezquita, la parte más lujosa y espectacular de la mezquita fue construida en tiempos del califa al-Hakam II se trata del mihrab en el que se utilizaron materiales de gran riqueza sobre todo mármoles y brillantes soluciones constructivas como las bóvedas de nervios y una excepcional fantasía decorativa. Otra de las impresionantes obras que se realizaron en tiempos de Abd al-Rahman III fue la ciudad palacio de Madinat al- Zahra al oeste de la ciudad de Córdoba considerada como el Versalles de los califas hispanos. El cronista al-Maqqari varios siglos después de la fundación de Medinat al-Zahra exponía así su visión de la ciudad palacio:

La ciudad de al-Zahra era una de las mas espléndidas, más renombradas y mejores que hicieron los seres humanos, estaba a la distancia de cuatro millas y un tercio de Córdoba, se contaban en ella 4.300 columnas y 500 puertas de las columnas algunas vinieron de Roma, 19 del país de los francos, 140 fueron ofrecidas por el emperador de Constantinopla, 113 la mayor parte en mármol rosa y verde fueron traídas de Cartago, Túnez, Isfakix y otros lugares de África. Las restantes provenían de los dominios andaluces, mármol blanco de Tarragona y Almería, las de mármol rayado de Rayya. Otra de las maravillas de al-Zahra era el salón llamado de los califas, cuyo tejado era de oro y de bloques de mármol de variados colores, sólidos pero transparentes y cuyas paredes eran de los mismos materiales, en el centro de este salón estaba la perla única ofrecida a al-Nasir, con otros objetos valiosos por el emperador de León. Eran de oro y plata las tejas de este magnífico salón y según Ben Baskuwal había en el centro del mismo un pilón lleno de mercurio. Daban entrada al salón ocho puertas de cada lado adornadas con oro y ébano que descansaban sobre pilares de mármoles variados y cristal transparente. Cuando el sol penetraba en la sala a través de estas puertas y se reflejaba en las paredes y el techo, era tal su fuerza que cegaba. Y cuando al-Nasir quería asombrar a algunos de sus cortesanos, le bastaba hacer una seña a uno de sus esclavos para poner en movimiento el mercurio, e inmediatamente parecía que toda la habitación estaba atravesada por rayos de luz y la asamblea empezaba a temblar, porque tenía la sensación de que el salón se alejaba, sensación que duraba mientras se movía el mercurio.

Durante los años de la fitná o guerra civil que estalló en las primeras décadas del siglo XI toda esta riqueza fue destruida, en tiempos del hachib Almanzor se había erigido en las proximidades de Córdoba el palacio de Madinat al-Zahira que también fue destruido en el transcurso de la fitná.

España medieval cristiana (siglos XI- XIII)

Los núcleos cristianos entre los siglos VIII y X se encontraban en las zonas montañosas del norte de la península Ibérica, territorios en donde nunca lograron penetrar los musulmanes, el primero de todos estos territorios lo formaba el reino astur surgido a raíz de la victoria de Covadonga lograda por Pelayo el cual había ocupado un cargo de importancia en el antiguo reino visigodo, se propagó hacia el este, a vascongadas y hacia el oeste a la zona gallega y hacia el sur de la cordillera Cantábrica hacia el valle del Duero, los musulmanes no sobrepasaron el Sistema Central en donde se encontraba la marca fronteriza de Toledo. Uno de los primeros monarcas astures Alfonso I efectuó amplias ocupaciones por la cuenca del rio Duero y se supone que se llevó a parte de sus habitantes al reino astur, uno de sus sucesores Alfonso II decidió que la monarquía astur siguiera los pasos del antiguo reino visigodo, poniendo en vigor el texto jurídico Liber Iudicum, a finales del siglo IX los astures entraron en León la que fuera en su día la Legio VII Gemina, de modo que a partir de entonces el reino se denominó astur leonés o simplemente leonés.

En el ámbito oriental de la cuenca del Duero, se formaron diversos condados que terminaron por unirse en el siglo X, con el nombre genérico de Castilla bajo el Conde Fernán González, existieron muchas tensiones políticas a lo largo del siglo X en el reino de León, en la zona de los Pirineos se creó el reino denominado inicialmente de Pamplona, gobernado por la dinastía de los Arista y luego a comienzos del siglo X por la dinastía Jimena, siendo rey de dicha monarquía Sancho Garcés I los cristianos recuperaron zonas del alto Ebro y localidades situadas en la Rioja, plazas como Calahorra, Nájera y Viguera, dichas conquistas se frenaron en la últimas décadas del siglo X periodo coincidente con las terribles razias lanzadas por Almanzor.

En la zona central de los Pirineos se constituyó el condado de Aragón y en la zona oriental se constituyeron varios condados denominados como la Marca Hispánica, a mediados del siglo X la heredera del condado de Aragón Andregoto contrajo matrimonio con el futuro rey de Pamplona Garcia Sanchez I y se tradujo hasta bien entrado el siglo XI en la unión del condado de Aragón y el reino de Pamplona, a su vez todos los condados de la Marca Hispánica gozaban de protección de los reyes francos, el condado más importante de la época fue el de Barcelona, ciudad que había estado en poder de los musulmanes, pero fue conquistada por los cristianos en el año 801 con la ayuda de tropas carolingias, unos años antes los cristianos habían recuperado la ciudad de Gerona, el conde más significativo de Barcelona y que gobernó las últimas décadas del siglo XI fue Vifredo el Velloso el cual colonizó el condado de Osona, conocido como la plana de Vic.

El contraste entre la sociedad de al-Ándalus y los núcleos cristianos del norte peninsular era en aquellos siglos muy grande, frente a la pujanza económica y social de al-Ándalus tanto en actividades agrícolas como artesanales y mercantiles, los núcleos cristianos tenían un carácter eminentemente rural, con mínima presencia de núcleos urbanos, la moneda circulaba muy poco con lo que las operaciones mercantiles se realizaban por trueque, lo que se refleja en documentos de aquella época. En el campo cultural los únicos letrados de la España cristiana eran los que se dedicaban a actividades eclesiásticas, en el reino astur predominaba la tradición de las épocas visigodas, obras de san Isidoro de Sevilla ante todo sus conocidas Etimologías, en las que se combina el aspecto enciclopédico con el pedagógico, apenas habían obras de autores clásicos, en las zonas que comprendían los condados de la futura Cataluña en conexión directa con los reinos francos, tenían una relación más viva con el mundo de Roma, lo que explica la llegada a estas tierras de la letra carolina o la regla monástica de san Benito, podemos calificar de todos modos como muy pobre la vida cultural cristiana de esa época. La vida cultural se centraba en los monasterios, como el de Sahagún en el reino astur leones, Ripoll o el de San Millán de la Cogolla en el reino pamplonés. En todos estos centros habían obras sobre todo textos bíblicos o de los Santos Padres así como escritos procedentes de la época visigoda, en San Millán de la Cogolla solo había una obra del escritor latino Terencio, en Santa Maria de Ripoll habían algunas obras de Cicerón, Cesar y Horacio y algún texto significativo de Aristóteles. Referente a obras escritas en esta época podemos citar algunas crónicas del rey astur Alfonso III como las Glosas emilianenses y las Glosas silenses, predominan sobre todo escritos de contenido eclesial como los comentarios sobre el Apocalipsis del Beato de Liébana, el centro de cultura más fecundo lo situamos en el monasterio de Ripoll a mediados del siglo X algunos monjes se desplazaron a la ciudad de Córdoba con el objeto de copiar obras científicas de autores griegos y que los musulmanes habían recopilado de su expansión por el Mediterráneo, a finales del siglo X se trasladó al monasterio de Ripoll para estudiar matemáticas, astronomía y música el eclesiástico francés Gerberto de Aurillac futuro papa Silvestre II.

Según el historiador Thomas F. Glick el siglo XI fue el más crucial y significativo de la Edad Media española, la razón de dicha importancia reside en la caída y desintegración del poder central en al-Ándalus, mantenido hasta entonces bajo la hegemonía absoluta de los califas cordobeses. Esta descomposición debida a la fitná o guerra civil entre las diferentes facciones musulmanas, condujo a la total liquidación del califato, fragmentándose las tierras que componían al-Ándalus en un mosaico de reinos de taifas o banderías.

Mapa político de la Peninsula Ibérica en 1065

Estos reinos debilitados por la dispersión y la falta de unión entre ellos se vieron obligados a pagar parias es decir tributos a los diversos reyes cristianos del ámbito hispano, fue esta situación la que llevó a nuevas posibilidades de conquista a los reinos cristianos. La ruina y devastación de la espléndida ciudad califal de Medinat al-Zahara (1009) y con anterioridad en (960) la destrucción de la fabulosa biblioteca de al-Hakan II llevada a cabo por tropas mercenarias bereberes al mando del general Ibn Abi´Amir (Almanzor) fue llorada según cuenta Ibn-Idhari (Bayan al-Mugrib) por todos los súbditos del Califato, tanto musulmanes como judíos y cristianos y será el punto de inflexión respecto a la tolerancia entre musulmanes y entre éstos y los cristianos, la actitud de los musulmanes llegados provocó una reacción en los reinos cristianos que a partir de ese momento responderán con energía a cualquier desafío musulmán hasta derrotar a Almanzor en Medinaceli (1002).

Por tanto al igual que sucedió con el resto de la cristiandad europea, la España cristiana comenzó a recuperarse de forma muy llamativa a partir del comienzo del siglo XI tanto a nivel material lo mismo en el aspecto económico como demográfico, como a nivel espiritual, al tiempo que aumentaba la población, se desarrollaron los burgos o núcleos urbanos y experimentaron gran auge las actividades artesanales y mercantiles, por todo el occidente de Europa crecieron las ferias y los mercados y hubo unos progresos importantes en lo referente a la actividad militar por miembros de la nobleza, se sustituyó la caballería ligera por la pesada y se introdujeron las espuelas y herraduras, es decir el equipo de combate era mucho más completo y más seguro debido a la utilización de armaduras. En el terreno artístico el románico fue el estilo conjunto y unitario de la cristiandad a nivel europeo en la Europa medieval de finales del siglo XII conoció la fundación de universidades siendo la primera la de París.

El siglo XII marcó el principio de un gran esfuerzo cristiano por recuperar los territorios que ocupaban los musulmanes, se volvió a conquistar Zaragoza 1118 por Alfonso I el Batallador y en 1146 Córdoba, Toledo fue conquistado en el año 1085 por el monarca castellano leones Alfonso VI la ciudad se entregó sin lucha, dado que a cambio se le concedió al reyezuelo musulmán la taifa de Valencia, hay que recordar que el rey Alfonso VI que había sido derrotado por su hermano Sancho II en la batalla de Golpejara en el año 1072 y de perder el reino de León se había refugiado en la taifa toledana que solía entregar parias al rey cristiano, después de incorporada Toledo al reino cristiano una de las principales marcas fronterizas de al-Ándalus había sido incorporada de forma definitiva a los dominios de los monarcas cristianos. Lo más llamativo fue la tolerante actitud que demostró Alfonso VI en Toledo con respecto a las poblaciones musulmanas y judías en cuanto a los judíos Alfonso VI puso en vigor en el año 1090 la llamada Carta inter christianos et judaeos (Fueros de León) por la cual situaba en condiciones de igualdad a ambas religiones y nombró a un destacado hombre de negocios judío, Yusuf ibn Ferrusel para que colaborara con el reino en sus aspectos económicos. Podemos afirmar que las relaciones entre cristianos, musulmanes y judíos eran claramente positivas en aquellas fechas a pesar de las frecuentes pugnas militares.

Todas estas acciones de presión bélica llevaron a la gran victoria medio siglo después sobre los almohades en las Navas de Tolosa en 1212 y en 1248 la conquista de Sevilla y de la mayor parte de la cuenca del Guadalquivir. Este siglo marcó el punto crucial de las relaciones entre cristianos y musulmanes ya que es el momento en que debido a las conquistas sobre los reinos de taifas se necesitan personas para repoblar las tierras conquistadas y se plantea el problema de los mudéjares (del árabe mudajjan, el que se queda) es decir aquellos musulmanes que tras las victorias cristianas preferían quedarse bajo el dominio cristiano antes que emigrar a tierras del Islam. En las primeras décadas del siglo XIII los cristianos aprovecharon su superioridad bélica para conquistar la mayor parte de al-Ándalus , la corona de Aragón incorporó a sus dominios las islas Baleares y a continuación el reino de Valencia, los reinos de castilla y León quedaron unificados de forma definitiva en el reinado de Fernando III rey de Castilla desde 1217 , las ultimas conquistas de los castellano leoneses las llevo a cabo el monarca Alfonso X hijo de Fernando III y Beatriz de Suabia que incorporó a sus reinos la ciudad de Cádiz así como la zona de Huelva, de las antiguas tierras de al-Ándalus solo subsistió a partir de entonces el reino nazarí de Granada , dicho reino se mantuvo apoyado por los benimerines del norte de África hasta finales del siglo XV cuando fue incorporado de forma definitiva a la España cristiana por los ejércitos de los Reyes Católicos, por tanto a mediados del siglo XIII los cristianos dominaban la mayor parte de la península Ibérica.

La documentación existente y que se refiere a los siglos XII y XIII nos ofrece un panorama de vida social y de relaciones entre los grupos musulmanes y judíos que coexisten con la mayoría cristiana para todos los inmigrantes procedentes de territorios de al-Ándalus ya fuesen judíos, mozárabes, o mudéjares empezó una nueva vida bajo el dominio de los reyes cristianos, muchos de los judíos consiguieron puestos de relevancia como diplomáticos y consejeros culturales en las cortes de los reinos cristianos eran aventajados en conocimiento de las ciencias, medicina, las artes , las lenguas y en el comercio esta circunstancia les abrió las puertas de una sociedad que era agrícola y ganadera sin expertos en relaciones con el mundo exterior y con otras culturas, los reyes cristianos colocaron a los judíos a la cabeza de sus embajadas y negociaciones con los reinos musulmanes. Igualmente tiene importancia la contribución de los mudéjares al desarrollo de la economía y la cultura en los reinos cristianos como agricultores, artesanos y artistas en construir y decorar edificios públicos e iglesias. De esta forma una minoría bien preparada se transformó debido a los conocimientos que poseía en todos los ámbitos en vehículo de transmisión de la cultura musulmana a la España cristiana y de ésta al resto de Europa, en esta transmisión está siempre presente el sabio lingüista judío o mudéjar entre el texto árabe y la versión castellana.

Esta dependencia cultural del saber de judíos y musulmanes impulsó a los reyes cristianos a extender su protección a ambas minorías concediéndoles estatutos por los que gozaban de amplia independencia en el campo religioso, jurídico y administrativo, estableciendo el régimen de las aljamas, que fue extendida más tarde a los mudéjares tanto en el reino de Castilla como en la Corona de Aragón. Económicamente la España cristiana progresó, gracias a sus conquistas y a la colaboración de las minorías judías y musulmanas, progresó el mundo de la agricultura, actividad en la que destacaban como principales cultivos, los cereales, la vid, los olivos, las hortalizas, los árboles frutales y plantas destinadas a la explotación textil, entre ellas el lino, hubo notables mejoras en las técnicas aplicadas al trabajo del campo, entre ellas el papel del hierro en los útiles de labor y el equipamiento de los molinos. El viajero y geógrafo árabe Edrisi puso de relieve que a mediados del siglo XII habían importantes rebaños de ovejas, desde Medinaceli situada en el alto Duero, hasta Coímbra en la costa lusitana, este ganado transitaba por las cañadas, acudiendo en verano en búsqueda de pastos al norte y en épocas de frio a las tierras del sur peninsular, estos desplazamientos de ganado eran acompañados de una guardia armada denominada esculca o rafal, en 1273 siendo rey de Castilla y León Alfonso X el Sabio creó la institución de la Mesta, encargada del control del ganado trashumante. El mundo urbano se desarrolló así mismo de forma importante, así como las actividades artesanales y mercantiles así como la acuñación de moneda.

Pocos años después de la reconquista de Toledo por los cristianos, el obispo don Raimundo puso en marcha la denominada Escuela de Traductores donde confluyeron intelectuales de las tres religiones, nombres preponderantes en los primeros años de dicha escuela fueron Juan de Sevilla y Domingo Gundisalvo, se tradujeron al latín obras de Avicena, Algacel e Ibn Gabirol, textos matemáticos de Euclides o las tablas de al-Jwarizni punto de partida de los logaritmos.

Escuela de Traductores de Toledo

Acudieron a la Escuela de Traductores intelectuales de diversos puntos de la Europa cristiana como Abelardo de Bath, Rodolfo de Brujas, Herman el Alemán o Miguel Escoto como dijo en su día Menéndez Pidal España actuó como eslabón entre la cristiandad y el islam. El mayor auge de la Escuela de Toledo llegó en la segunda mitad del siglo XIII, durante el reinado de Alfonso X el Sabio dicho monarca según señaló el destacado infante don Juan Manuel procuró acrecentar el saber y procuró la cultura para sus reinos, Alfonso X también contribuyó a mejorar los centros universitarios comenzando por la Universidad de Salamanca, uno de los rasgos más significativo de la Escuela de Traductores de Toledo fue que durante el reinado de Alfonso X todas las traducciones tanto procedentes del árabe o del griego como las obras originales se escribieron en lengua romance castellana, según el eminente filólogo Emilio Alarcos el castellano fue literariamente normalizado en el siglo XIII, a Alfonso X se le han atribuido dos obras de gran relieve la Grande e general estoria y la Estoria de España, y en el aspecto religioso su obra las Cantigas con cuatrocientos veinte poemas dedicados a la Virgen María. Las Cantigas fueron escritas en gallego, también escribió el Libro de axedrez, dados e tablas, apoyó así mismo el desarrollo de las actividades musicales en la corte regia y llegó a crearse una cátedra de música en Salamanca, uno de los colaboradores de Alfonso X el franciscano Juan Gil de Zamora escribió una interesante obra musical titulada, Ars música, otra obra importante escrita por este franciscano es la Historia naturalis. Al margen de la Escuela de Traductores de Toledo hubo un centro cultural importante en Tarazona en donde confluyen de igual forma las tres religiones que se practicaban en tierras hispanas, la figura más importante de dicha escuela es el judío, Abraham ibn Ezra que vivió durante buena parte del siglo XII, con profundos conocimientos en matemáticas, lingüística y de la Biblia. Acudieron a la Escuela de Tarazona figuras como Roberto de Chester que ocupó años más tarde un puesto de canónigo en la catedral de Pamplona, capital del reino navarro. La aljama judaica de Tudela alcanzó una notable vitalidad en esa época.

Tres religiones y tres culturas

Las monarquías cristianas desde mediados del siglo X habían recibido la herencia del Califato Omeya, asumirán la coexistencia cristiano-hebrea-islámica, debido unas veces por la inmigración hacia sus territorios de judíos debido a persecuciones y otra debido a las conquistas de territorios ocurridas a partir del siglo XI hasta el siglo XIII, el incremento de población judeo islámica fue muy importante como hemos descrito con anterioridad. Tanto los musulmanes mudéjares, como los judíos poseían sus propias aljamas, institución que equivalía a los concejos cristianos, al frente de dichas aljamas solía actuar un consejo de ancianos, es decir los adelantados o muqaddemin. Como la sociedad cristiana estaba mal dotada técnica y científicamente, su convivencia con los judíos y musulmanes mudéjares se hizo muy viva en las primeras etapas, los financieros, médicos y viticultores fueron preferentemente judíos, Raimundo de Salvetat arzobispo de Toledo y Alfonso X el Sabio un siglo más tarde entendieron que para progresar era necesario reunir sabios de las tres religiones, esta fue la raíz fundacional de la Escuela de Traductores de Toledo ya comentada, en realidad un centro de investigación muy beneficioso para Europa.

En la actualidad ha surgido la tendencia de explicar la historia desde el punto de vista de que la convivencia entre las tres religiones y culturas fue ejemplar y realmente no fue tanto así, hubo una coexistencia a regañadientes y probablemente no fue la misma entre el pueblo llano y las personas consideradas como sabias y preparadas que trabajaban en colaboración mutua, en la Escuela de Traductores de Toledo y en la Escuela de Tarazona, de todas formas los intercambios culturales recíprocos fueron desde el principio muy importantes, aunque estuvieron salpicados de recelos. Los teólogos cristianos reconocieron desde el principio que los judíos se hallaban en posesión de dos cosas de extraordinaria importancia: el texto original de las Escrituras Sagradas y el conocimiento de la lengua árabe, lo que les permitía acceder a algunas obras de la cultura antigua que entre los cristianos se habían perdido (Suarez, 2003, p.281), la comunidad judía de Castilla, cuya presencia en Toledo fue muy elevada a partir del siglo XII contribuyó de forma relevante, al encuentro entre el pensamiento griego transmitido por los árabes y el pensamiento cristiano, los judíos fueron los traductores de los textos árabes al castellano, para que los clérigos cultos los tradujesen a su vez al latín en su época Alfonso VII llegó a esgrimir que era emperador de las tres religiones y era frecuente a la llegada de un monarca a alguna población, el ser recibido por judíos que llevaban procesionalmente rollos de la Torah.

La realidad social en esa época de preponderancia cristiana en cuanto a población y autoridad política era, que tanto musulmanes como judíos gozaban de un determinado grado de autonomía, unos y otros practicaban su religión acudiendo los musulmanes a las mezquitas y los judíos a las sinagogas. La población musulmana vivía básicamente en las zonas rurales, el numero de mudéjares era elevado en el reino de Aragón en la zona del valle medio del Ebro y de la actual provincia de Teruel, así como en el reino de Valencia particularmente y en la actual provincia de Alicante, también se extendieron los mudéjares por el valle medio del Tajo en las islas Baleares y en el reino de Murcia, se establecieron importantes colonias mudéjares en ciudades de la cuenca del Duero como Ávila y Valladolid, en el valle del Guadalquivir el numero de mudéjares fue muy reducido, este territorio que había sido el corazón de al-Ándalus se produjo una rebelión mudéjar en 1264 y el monarca Alfonso X el Sabio decidió la expulsión de la población musulmana, también hubo otra rebelión mudéjar en tierras murcianas, sofocada por el monarca Jaime I suegro de Alfonso X al haber casado a su hija Violante con él, pero al contrario que el valle del Guadalquivir los mudéjares no fueron expulsados de estos territorios murcianos, de ahí que su presencia fue importante. La influencia de los mudéjares en los reinos cristianos fue notable, ya en el final del siglo XII se acuñó en la corona de Castilla el maravedí, moneda que imitaba de forma directa al dinar el numerario de mayor valor que circulaba entre los musulmanes, desde el aspecto artístico el denominado arte mudéjar, dejó su huella indeleble en los territorios cristianos, como lo demuestran las iglesias románico mudéjares y gótico mudéjares, los judíos como ya hemos comentado con anterioridad vivían preferentemente en los núcleos urbanos y eran considerados servi regis es decir que se hallaban al servicio directo de los monarcas cristianos y eran directamente protegidos por ellos.

Por tanto desde mediados del siglo XIII reducido el poder musulmán, quedó establecido en la península y en relación a las comunidades religiosas judía e islámica, un régimen de tolerancia que sólo a ellas alcanzaba, esta tolerancia solo en el aspecto religioso era consentida, tanto judíos como musulmanes formaban unas minorías organizadas en el interior de la sociedad cristiana nacional, ante el Estado cristiano los judíos profesaban una doctrina errónea y reprobable, puesto que negaban el reconocimiento de que el Mesías había venido ya y que por tanto la humanidad estaba redimida, en estas condiciones la igualdad no podía existir. Los reyes cristianos protectores de los judíos porque éstos se encontraban a su servicio, eran los únicos que decidían sobre los mismos la Iglesia lo justificaba de dos formas, como testimonio de la Pasión del Señor y con la esperanza de hallar la salvación para la minoría judaica, pero a cambio de la protección ejercida por los reyes cristianos el monarca percibía aportaciones directas que eran más elevadas que las que pagaban los cristianos (Suarez, 1980 p.18), de esta forma los reyes cristianos se acostumbraron a considerar a los judíos como propiedad privada, un bien que producía beneficios muy saneados y es por ello que se esforzaron en protegerlos, estaban realmente defendiendo la rentabilidad de un negocio, mientras que el pueblo llano no demostraba según la documentación de la época tanto afán de proteccionismo y convivencia.

En este sentido hay que mencionar que en 1215 en el Concilio de Letrán como en el 1311 en el Concilio de Vienne se afirmó que existía un peligro muy grave en la convivencia de los cristianos y los judíos, las autoridades eclesiásticas españolas denunciaron a los judíos como fuentes de contaminación del averroísmo, a los pocos años de concluido el concilio de Letrán, los judíos de Sicilia e Inglaterra se habían acostumbrado a coser distintivos en sus vestimentas para ser identificados como judíos, en algunos estados germánicos se distinguían por sus sombreros cónicos, en muchas regiones el concilio legitimaba las políticas ya establecidas dentro y fuera de la cristiandad.

Papa Honorio III

Mientras que en gran parte de la Europa cristiana se obedeció los decretos del concilio de Letrán, la España de Fernando III se mostró muy reacia a aceptar y seguir estos mandatos, lo que provocó reprimendas por parte de la autoridad papal, en 1221 el papa Honorio III se quejó ante el arzobispo de Toledo de que los judíos de su diócesis no observaban las disposiciones referentes a vestimenta identificativa, lo que podía dar con errores en los cristianos al mezclarse con otra religión, diez años más tarde Gregorio XI presionó inútilmente al rey de Castilla, rogó y advirtió de forma seria al rey Sancho VIII de Navarra, al final, los reyes cristianos claudicaron ante la fuerza de la Iglesia, esta legislación conciliar aunque no se puso en práctica de inmediato como hemos visto, tuvo un peso importante a la hora de redactar la legislación sobre judíos y los musulmanes y será la que guiará a los reyes más favorables a la convivencia, abordando el tema ante las Cortes, de dar una oportunidad tanto a musulmanes como a judíos para que se convirtiesen al cristianismo, de tal manera que cuando recorremos la legislación canónica o civil la impresión que da, es de que estas minorías jurídicamente hablando fueron consideradas como provisionales en espera de una solución definitiva. Una vez aceptado el principio de la conveniencia de la separación entre comunidades, se produjeron la separación de cargos públicos, destrucción de sus estructuras judiciales, prohibición de la agricultura y de ciertas profesiones, condena de los créditos como si todos se conceptuaran como usura, conversiones forzadas y al final saqueos y asesinatos. La sociedad cristiana nunca reconoció a los judíos otra cosa que un derecho provisional esta provisionalidad debía de tener un final y éste era o la conversión o la expulsión, al obligar a los judíos a la conversión se les obligaba a renunciar a su identidad (Suarez, 1980 p.22).





La presencia de los judíos en la Comunidad Valenciana

Se indica que en la Comunidad Valenciana hubo asentamientos judíos ya en la época romana, y con la reconquista el Rey Jaime I, que tantas veces aparece en estos relatos como gestor del desarrollo israelita, insta a los judíos de otras partes a repoblar la nueva región reconquistada del dominio árabe. Así fueron allá judíos catalanes y aragoneses, así como franceses y norteafricanos. Este monarca otorgó a los judíos valencianos los mismos privilegios que a los demás habitantes de la comarca, ya fueran musulmanes como cristianos.

Aunque no es fácil reconocer hoy lo que fueran las juderías valencianas, se tiene noticia que se encontraban en las principales ciudades, como Valencia y Murcia. Se sabe positivamente que hubo judíos en toda la provincia de Valencia, en gran parte de la de Alicante, así como en el norte, en donde se encuentra hoy la de Castellón. También es de conocimiento público que varios judíos colaboraron estrechamente con el rey Jaime I el Conquistador, y que éste les premió sus servicios acordándoles fueros que les beneficiaba y que, como queda dicho, les igualaba en muchos aspectos a los cristianos.

El call de Valencia era considerado como el mayor de la zona, pero desde los efectos de la famosa Disputa de Tortosa el liderazgo paso a Sagunto, que entonces era una ciudad más poblada y dinámica, como lo revelan los indicadores fiscales. Por otro lado, otra judería, la de Burriana decayó mucho en comparación con la judería que tenía otrora, que indicaba 45 fuegos (es decir, hogares).

También han quedado documentadas las actividades mercantiles e industriales de los hebreos, en los que se elogiaban en el ámbito alicantino los juguetes de cuatro villas clásicas alicantinas: Ibi, Tibi, Castalla y Onil. También afirmase que los turrones de Xixona (Jijona) aún tienen cierta similitud con las golosinas de los sefardíes de Salónica y Estambul, y que existiera un sello judío en las industrias papeleras y textiles de Alcoy y la de alfombras de Crevillente. Y como dijera un conocido historiador español que recorrió la comarca, "incluso tiene un remoto aire de costumbre judía el cúmulo de pequeños negocios familiares mantenido en ciudades como Xátiva o los pueblos ribereños de la Albufera valenciana".

Alcira

Se han encontrado referencias a esa localidad valenciana en el “Libre del Repartiment” de Jaime I, con otorgaciones a un judío llamado Astruc y la familia Vives, conocida entonces como los Abenvives que ya gozaban de una situación preeminente. Uno de ellos, Vives Abenvives, había sido baile (juez ordinario) en Alcira en 1278. Las tributaciones de 1271º rinden 500 sueldos, lo que parece indicar la existencia de una comunidad relativamente reducida. Se supone que el call fue destruido en 1391 y nunca pudo recuperarse.

Castellón de la Plana

Se sabe que antes de las persecuciones de 1391 esta ciudad contaba con un centenar de judíos, y padeció una crisis severa en 1433 cuando se desencadenó otro brote epidémico, de los muchos que se registraban entonces, del que sobrevivirían solamente once vecinos de esa fe. Los “Llibres de Values de Peytes” desde 1473 detectan doce casas de judíos, cuatro años más tarde quedan únicamente cuatro, y en 1492 había únicamente un solo judío residente. Excavaciones realizadas recientemente parecen haber encontrado huellas de la presencia judía en esa ciudad.

Chelva

Esta localidad valenciana habría sido primeramente mencionada tan sólo en una escueta nota de Cantera Burgos, pero el historiador Juan H. Atienza, que la recorrió afirma haber quedado muy impresionado; relata que ha quedado conservado el viejo call de estilo levantino, y se pueden ver incluso los cuatro portillos que la cerraban del resto de la población. Estando como está en una zona vitivinícola, se puede suponer que –como los demás habitantes- los judíos también se hubieran dedicado al cultivo de la vid.

Elche (Elx)

Ha sido en esa ciudad alicantina, previamente conocida como Elche, que ya en 1905 las excavaciones allí realizadas descubrieron las ruinas de un rectángulo que daba al este, con pavimento de mosaico representando figuras de estrellas trenzadas y meandros. Según calcularon los arqueólogos databa del siglo V, y un eminente experto en la materia estima que se trataba de una vieja sinagoga, que había sido creada en el período bizantino y posteriormente convertida en iglesia.

Játiva (Xátiva)

Cuando esta ciudad fue reconquistada por Jaime I en 1244, se otorgaron a los judíos que allí residían funciones importantes, como era el caso en la mayor parte de las villas del Levante que pasaban del dominio moro al cristiano. El barrio judío fue restaurado y en 1274 se le daba una nueva carta puebla por la que se otorgaban a sus nuevos habitantes diversos derechos, incluyendo franquicia impositiva durante cinco años. Su aljama, junto con las de Sagunt y Castelló de la Plana, alcanzó cierta importancia en el reino luego de la de Valencia, que evidentemente, era la mayor. Es interesante señalar que en una ordenanza proclamada en 1283, se prohibía a los judíos ponerse trajes de colores y llevar joyas, y el Infante Don Alfonso exigió a los dirigentes judíos que eximiesen de esa prohibición a unos parientes de Samuel Alfakim, que era el intérprete de árabe del rey. Se sabe que hasta la expulsión esta judería fue uno de los pocos centros de cultura que quedaron entonces en el reino valenciano.

Lorca

La judería local existió desde la época musulmana, se mantuvo luego de la reconquista y desapareció en los terribles sucesos del verano de 1391. La aljama, de la que nada queda hoy, estaría situada en el llamado Barrio de San Lázaro, y se estima que la desaparecida ermita a nombre de ese santo había sido construida sobre la antigua sinagoga. También es un hecho que de Lorca era el converso Yoshúa Halorqui, que con el nombre de Jerónimo de Santa Fe fue el principal defensor de la cristiandad en el famoso debate de Tortosa (1413). Es interesante señalar la polémica desatada recientemente en torno a la construcción de un parador en donde estaba el antiguo castillo. Las excavaciones han desenterrado parte de una sinagoga, una mikvé y varias casas judías, pero la edificación de ese hotel no permite estudiar debidamente esos restos (en especial el baño ritual al que se le atribuyó suma importancia) ni tampoco ampliarlos, a pesar de la oposición de una asociación local empeñada en conservar ese patrimonio local.

Morella

Situada en la provincia de Castellón de la Plana, fue una antigua bailía (territorio) de órdenes militares. Se sabe que había judíos en esa plaza al ser reconquistada en 1263, y las crónicas refieren que el rey de Aragón, el ya conocido Jaime I, concedió privilegios especiales a la aljama; exención total de impuestos el primer año, y un gravamen no muy elevado de 20 sueldos por cabeza en los cuatro siguientes. Las rentas reales de esa ciudad, así como de Tortosa y Peñíscola, eran cobradas por un judío local llamado Jacob Xixó, a quien siguió otro almojarife judío, Musa de la Portella.

Murcia

Esta capital levantina fue primeramente reconquistada de los moros en 1243 por los ejércitos de Fernando III de Castilla, pero luego de la revuelta de los musulmanes, volvió a ser ocupada por Jaime I de Aragón, que la entregó al rey castellano en 1265. Entre quienes asistieron el monarca aragonés figuraba Judá de la Caballería, que facilitó los fondos para armar la flota en la lucha contra los moros, y Astruc Bonsenyor, que tomó parte en las negociaciones para la asediada ciudad capitulara. Alfonso X de Castilla asignó un barrio especial para los ciudadanos judíos, así como un terreno para cementerio. En 1307 se asignó la jurisdicción de los musulmanes de Murcia a Don Isaac ibn Yaish, el último judío que habría desempeñado tales funciones. Hacia fines del siglo XIV había varios arrendatarios de impuestos judíos, entre ellos Salomon ibn Lop, que se instaló en Mallorca y obtuvo privilegios especiales del rey. Durante este período la judería murciana sobresalió por su generosidad para conseguir el rescate de cautivos, así como su participación en el comercio marítimo, además de sus actividades como agricultores, artesanos y pequeños comerciantes. Aunque no se sabe lo que ocurrió durante los disturbios de 1391, se tiene noticia de que la comunidad siguió existiendo, y en fecha posterior sumaba unas dos mil personas. Los hebreos mantenían estrechas relaciones con los cristianos, y dos representantes de la comunidad actuaban en el concejo local. En 1488 Samuel Abuladia obtuvo la protección de los Reyes Católicos durante dos años, en recompensa por los servicios rendidos a la corona durante la campaña contra Granada, y en 1490 Salomón ben Maimon Zalmati imprimía libros hebreos en Murcia. Se sabe que había no pocos conversos en esa ciudad después de la Expulsión y poco después de irse los judíos se estableció allí un tribunal de la Inquisición.

Es interesante lo que se lee en el sitio de Internet del Ayuntamiento de Murcia sobre la judería local: “No sabemos con certeza si fueron las disposiciones castellanas surgidas a raíz de la conquista de Murcia entre 1243 y 1266 las ubicaron a los habitantes judíos de la ciudad en el barrio (de Santa Eulalia) o si ya habían formado su comunidad allí desde antes. Lo cierto es que durante toda Edad Media los contornos de la plaza Sardoy, antes conocida como plaza de la Sinagoga, acogieron el barrio judío de Murcia, quedando, todavía, entre sus calles un encanto que aún perdura”. Y agrega: “Con la pragmática de 1492 (modo bien peculiar en calificar la inhumana expulsión de los judíos), la judería desapareció aunque numerosos habitantes quedaron convertidos al cristianismo; desde entonces costumbres y tradiciones de arraigado origen castellano encontraron su lugar entre las calles del barrio de Santa Eulalia”

Orihuela

De una fuente islámica se indica que existe el texto de una capitulación firmada en 713, con motivo de la rendición de Orihuela, por el jefe árabe ‘Abd al ‘Aziz, hijo y por Teodomiro, príncipe visigodo de la provincia de Murcia. Por esta y otras fuentes sabemos que para la población indígena cristiana y judía que se había sometido a la soberanía musulmana las condiciones de vida no eran, ni mucho menos, peores que anteriormente bajo el dominio de la nobleza visigoda. Los cristianos conservaban sus iglesias y sus monasterios y los judíos sus sinagogas. Además se quedaron con la mayor parte de sus propiedades personales. Los visigodos no sólo habían mantenido todo el sistema tributario romano con sus numerosos gravámenes, sino también los latifundios cultivados por esclavos. Gracias a la ocupación musulmana, muchos de estos latifundios fueron divididos y encomendados a arrendatarios indígenas. La mayor parte de los esclavos obtuvo la libertad, bien convirtiéndose al Islam —un cristiano o un judío no podían tener un esclavo musulmán— o emancipándose mediante el pago aplazado de un rescate, cosa que no permitía la legislación anterior.

Los cristianos y judíos tenían que pagar, además de la contribución territorial general que también obligaba a los musulmanes, un impuesto personal, que compensaba al mismo tiempo el hecho de que estuvieran exentos del servicio militar. Además, el impuesto estaba graduado con arreglo a las clases y profesiones de los tributarios. Las mujeres, los niños, los monjes, inválidos, enfermos, mendigos y esclavos disfrutaban de franquicia tributaria.

Sagunt

Dícese que en esta ciudad valenciana, previamente conocida como Murviedro, se habrían hallado las legendarias lápidas primitivas de judíos, que jamás han sido vistas y cuya existencia figura como una leyenda popularmente repetida de padre a hijo. En una de ellas se habría encontrado escrito el epígrafe "Adoniram, tesorero del rey Salomón, que vino para cobrar los tributos y murió". Pero al margen de tales leyendas, lo evidente es que la aljama de Sagunt es una realidad que se conserva, en viejas casas, antiguos arcos y otros vestigios, ubicada en lo que es ahora la calle Segovia. Afirmase que la antigua Murviedro tuvo una importante colonia hebrea ya en la época musulmana, y cuando Jaime I la reconquistó la familia Vives obtuvo una panadería en recompensa por los servicios otorgados durante el sitio.

El historiador Baer señala que según los documentos conservados, en esa ciudad había un judío muy rico y famoso entre los cristianos, mientras que la mayoría de la aljama estaba integrada por personas de condición modesta. Una gran parte de las rentas de la judería procedía del impuesto sobre la venta de carne y del vino. Este era para los judíos, como para los cristianos, bebida habitual y todas las aljamas tenían sus tabernas. Por las tierras como tal no se pagaba tributo alguno, pero los artesanos debían abonar un impuesto por los beneficios que obtenían de su oficio, figuraban los zapateros y los joyeros. Pero se eximía al artesano que no ganase más de seis dineros por día, así como a las doncellas, viudas y ancianos pobres.

Las crónicas revelan que durante las matanzas de 1391 los judíos encontraron refugio en la fortaleza, y por lo tanto la judería de Sagunto se convirtió en una de las más importantes del reino de Aragón. En 1402 la reina Doña María permitió a la aljama crear varias instituciones de beneficencia local, así como una escuela talmúdica (talmud torá). Los plateros judíos de la ciudad eran famosos por su habilidad profesional y el de mayor renombre, Vidal Astori, trabajó en los años 1467-69 para el futuro rey Fernando el Católico. Los judíos de Murviedro hicieron mucho para convencer a los conversos que regresaran a su antigua fe, y al decretarse la Expulsión unos 500 judíos locales se embarcaron rumbo a África del Norte. La antigua sinagoga pasó a ser una iglesia llamada de la cofradía de la Sangre de Cristo.

Por último, dícese que “Sagunto es una de las pocas ciudades en las que se conserva el recinto de su antigua judería. Un número muy elevado de inscripciones hebraicas proceden del cementerio judío, situado en la falda de la montaña, debajo del Castillo y bajo la Judería. Las lápidas sepulcrales, de forma trapezoidal o truncada, contienen la inscripción en la cara superior. En algunas comunidades judías se acostumbra a colocar la lápida un año después del entierro por motivos religiosos”.

Valencia

En la capital del Levante español había judíos desde época inmemorial, pero su mayor afluencia tuvo lugar al producirse la decadencia del Califato de Córdoba. Cuando el rey Jaime (Jaume) I estaba por conquistarla, aquéllos le prestaron su apoyo, y como recompensa el monarca aragonés los incluyó generosamente en el reparto de bienes. En su crónica Llibre dels Feyts, especifica los límites de la amplia aljama (se afirma que los judíos constituían entonces un 7% de la población), que se hallaba principalmente en donde hoy se encuentra el Palacio de Justicia y la avenida que conduce al río Turia. Las concesiones del monarca ayudaron a repoblar la ciudad con la llegada de numerosas familias judías procedentes de Cataluña, Aragón e incluso del norte de África y hasta Marsella, familias que recibieron casas y tierras y que contribuyeron al fortalecimiento del barrio judío. Se trataba de un grupo social que se dedicaba sobre todo a la producción de calzado, orfebrería y al comercio de productos agrarios.

Testimonios actuales afirman que el cementerio judío, el Fossar des Jeues, fue más tarde comprado por las monjas dominicanas, y en 1970 fue finalmente derruido para edificar allí los almacenes "El Corte Inglés". Un barrio que con el tiempo se convirtió en centro aislado y totalmente desvinculado del entramado urbano y social de Valencia y que, al contrario de lo ocurrido en otras ciudades, desapareció completamente con las reformas urbanas realizadas a partir del siglo XV.

Se sabe que los judíos vivieron tranquilamente hasta los terribles sucesos de 1391, cuando la aljama fue objeto de un asalto general provocado por los disturbios anti judíos de ese año en la mayor parte de España .Los sucesos acaecidos en Valencia en el año de 1391 están bien documentados, dado que uno de los judíos llamado Isaac ben Sheshet se libró de la matanza y pudo huir a Argel donde escribió una relación de lo sucedido, su tumba desde el año 1408 se convirtió en un lugar de peregrinación para muchos judíos que honraban su memoria. Luego intervino el gran predicador dominico fray Vicente de Ferrer, que hizo tanto para borrar la presencia judía en toda la península, y procedía de tierras valencianas, la figura de san Vicente Ferrer es un tanto controvertida dado que sobre su figura se han volcado leyendas y muchos libros hacen constar su presencia en Valencia en 1391 cuando ocurrieron estos hechos y que trató de calmar a los amotinados que causaron la matanza sin éxito, esta circunstancia no está suficientemente probada, lo que sí es cierto es que Vicente Ferrer creía que había que poner fin al judaísmo. Es interesante citar el testimonio de un visitante extranjero, Niklaus ven Poppan, que al estar en esa capital en 1484, afirma categóricamente que la cuarta parte de la población valenciana estaba formada de conversos, y que un porcentaje insignificante podía ser considerado como sinceramente cristiano. No es de extrañar, por lo tanto, que la Inquisición hiciera estragos entre ellos. En 1500 se descubrió una sinagoga clandestina en el hogar de donya Catalina Guioret, viuda de un hermano del converso Lluis Vives, el padre del gran escritor valenciano Juan Luis Vives.

Ni hablar que la citada mujer y su hijo fueron quemados vivos, desde luego por el terrible pecado de profesar la fe judía.

Xátiva

El barrio judío de esta antigua ciudad, conocida previamente como Játiva, habría sido reconstruido después de la conquista por los ejércitos cristianos, en 1240. En 1274 se le concedía una nueva carta puebla por la que se otorgaban a sus nuevos habitantes diversos derechos, entre ellos la exención de impuestos por cinco años. Dícese que en abril de 1268 el rey Jaime I, en un mensaje a las autoridades locales, daba órdenes para que se dejara de tirar piedras contra los judíos en Viernes Santo. Se estima que la ciudad contaba con 50 familias hebreas, un número nada despreciable, aunque su ubicación ya no es posible determinar en nuestros días. Lo que sí se conserva en el Museo Municipal es un fragmento de yesería, caído de la ermita de la comunidad de agustinos, en el que se puede leer en hebreo "Jerusalén y Él alcanzarán la solución..." Esto permite suponer que ese edificio habría sido construido sobre las ruinas de la antigua sinagoga local.

El punto de inflexión siglo XIV

Ruptura de la convivencia cristiano judía

El siglo XIV fue testigo de graves y numerosas dificultades siendo indispensable señalar unos factores que actuaron de forma constante (Suarez, 1980, p.22). El primero de ellos es la hostilidad del pueblo que fue alimentada por predicadores como el arcediano de Écija, Fernando Martinez, esta hostilidad se hizo más profunda durante la recesión del siglo XIV, hubo malas cosechas en el campo lo que provocó un periodo de hambruna entre la población, fuentes originarias de Cataluña relativas al año de 1333 hablan del ¨mal any primer¨ en el año de 1342 en el valle del Guadalquivir se produjeron fuertes lluvias que perjudicaron la recogida de cosechas, tres años más tarde en 1345 se habló en unas cortes celebradas en Burgos de una gran mortandad en los ganados, grandes nevadas y heladas y unos años más tarde en 1345 en las cortes celebradas en Alcalá de Henares se habla de que debido a los temporales se han perdido las cosechas de trigo y de vid, con lo que las recaudaciones de las rentas habían disminuido de forma alarmante. En dicho siglo además hay que constatar la terrible epidemia de peste negra, que se propagó por el continente europeo a partir de la primavera de 1348 traída a tierras mediterráneas por un navío genovés y que causó una terrible mortalidad entre 1348 y 1350, según se afirma en la Crónica de Alfonso XI.

El segundo factor reside en el creciente desarrollo de lo que podríamos llamar el Estado Moderno con la superación del modelo feudal y sus estructuras siendo éstas sustituidas por la noción de una soberanía que Álvaro Pelayo definía como entregada por Dios al pueblo y confiada por éste a un rey, definiendo de esta forma la figura del monarca como la proyección de la comunidad hacia el orden político. En tercer lugar influye la renovación religiosa que experimenta la sociedad europea se debía lograr el retorno al cristianismo puro y se debía procurar el regreso al redil de los que se habían desviado de sus creencias y ordenamientos, se hallaban en primer lugar los conversos y seguidamente los judíos. En la Europa cristiana y desde el principio del siglo XIV hubo graves conflictos nacionales e internacionales como la Guerra de los Cien Años y que enfrento a Francia e Inglaterra y en tierras hispanas la guerra entre el rey Pedro I de Castilla y León con el monarca aragonés Pedro IV el Ceremonioso, la más fuerte disputa interna y que fue calificada como la primera guerra civil española fue la guerra fratricida entre Pedro I y su hermanastro Enrique de Trastamara, según Sanchez Albornoz de la misma manera que no se puede hablar de una convivencia plena entre musulmanes y cristianos tampoco se puede admitir la convivencia entre judíos y cristianos porque convivir implica una armónica y fecunda coexistencia de hombres y pueblos, dado que estos pueblos estuvieron batallando durante siglos entre sí, la pugna alimentada por odios no unió a judíos y cristianos, sino que los separó, esta pugna era inevitable dado que los judíos se daron a las dos empresas que habían practicado fueron publicanos y usureros, es digno reconocer los méritos en cuanto a creación espiritual del pueblo hebreo español, pero el pueblo les odiaba con intensidad y violencia, claro que los reyes los necesitaban para obtener recursos con que proveer a las empresas bélicas de la reconquista, utilizando a judíos como recaudadores de impuestos y gravámenes, a su vez los nobles debían de caer en las garras de la usura de judíos para poder pagar los apremios fiscales que sufrían de continuo.

El siglo XIV supuso un retroceso en la confluencia de las tres religiones existentes entonces en España hasta este periodo se habían mantenido en coexistencia sobre todo en lo referente a comunicación entre cristianos y hebreos, en toda la Europa cristiana desde el IV Concilio de Letrán se fue generalizando la actitud anti hebraica, ya en el año 1290 los judíos habían sido expulsados de Inglaterra por decisión del monarca Eduardo I, a mediados del siglo XIII en París se habían quemado numerosos ejemplares del Talmud, el protagonista de estos hechos fue Nicolás Donin un dominico que había pertenecido en el pasado a la comunidad judaica, el siglo XIV se llegó a acusar a los judíos de ser los causantes de la terrible epidemia de peste negra , el cronista francés Jean de Venette llegó a afirmar que los judíos habían infectado las aguas y los pozos y habían corrompido el aire. Se produjeron asaltos a las juderías en diversos puntos de Europa sobre todo en tierras del imperio germánico y en la península en el principado de Cataluña. Las juderías catalanas que sufrieron más fuertes ataques fueron las de Cervera, Lérida, Gerona y Tárrega en la zona castellana no hubo agresiones y en el año 1354 hubo un duro asalto a la judería de Sevilla. Los papas de Aviñón negaron que los judíos fuesen causantes de epidemias con la finalidad probable de apaciguar el anti judaísmo, unos años antes de la epidemia de peste negra en las tierras del sur de Francia los llamados pastoureaux habían organizado revueltas y asaltos a juderías, en 1328 la revuelta contra los judíos estalló en Navarra el franciscano Pedro Olligoyen logró reunir a varios miles de personas, a los que llamaba bandas de matadores de judíos, muchos judíos perecieron en aquellas fechas sobre todo en la localidad de Estella. Unos años después el despensero mayor del monarca Alfonso XI que se llamaba Gonzalo Martinez de Oviedo defendió la idea de expulsar a los judíos de los reinos de Castilla y León, esta fue la primera vez que una idea de esta naturaleza fue expuesta y defendida en público en un reino cristiano en la España medieval. En los concilios de 1322 en Valladolid y en 1323 en Toledo se adoptaron unas medidas que según ha señalado el destacado medievalista Luis Suarez por primera vez la Iglesia adoptaba una postura radical y clara en relación con los judíos. En 1325 aparece un curioso texto denominado Catecismo de Pedro de Cuellar en esta obra se equiparaba a los judíos con los herejes.

La guerra mantenida entre los años 1366 y 1369 entre Pedro I el Cruel y su hermanastro Enrique de Trastamara hijo de Alfonso XI y de su amante Leonor de Guzmán influyó de forma muy negativa a la comunidad judía, dado que Enrique de Trastamara acusó a Pedro I de proteger de forma directa a los judíos, esto fue realizado como una estrategia para atraer a amplios sectores de las masas populares, esta guerra atrajo incluso a países como Francia e Inglaterra, colocándose los franceses al lado del pretendiente al trono y los ingleses al lado de Pedro I, el historiador alemán M. Kayserling en un libro titulado Los judíos de Toledo (1900) refleja a los protagonistas de estos acontecimientos como Don Pedro, Samuel Leví, Enrique II de Trastamara como los causantes de los hechos trágicos de esta época y que afectaron a los judíos de forma muy negativa. La acusación dirigida contra Pedro I de ser protector de judíos y musulmanes, caló en el pueblo y se demostró que el odio era contra los judíos. Pedro I tenía en su corte un destacado hombre de negocios era Samuel Leví que llegó a ser tesorero mayor del rey, durante su reinado se inauguró en Toledo la sinagoga del Tránsito, en la obra del escritor Sem Tob rabino de la villa de Carrión de los Condes, Proverbios morales se ensalza la figura de Pedro I así mismo el médico y astrónomo judío Aben Zarzel se trasladó desde el reino nazarí de Granada a vivir a Castilla, todos ellos bajo la protección de Pedro I. En 1355 las tropas de Enrique de Trastamara lanzaron un ataque contra la ciudad de Toledo y en la judería llamada de Alcana, mataron a todos los judíos, esta situación volvió a repetirse en la ciudad de Cuenca donde el noble Álvar Garcia de Albornoz estaba de acuerdo en atacar a los judíos de su comunidad. En 1360 en la localidad de Nájera los soldados de Enrique de Trastamara según cuenta el cronista Pedro López de Ayala ¨ficieron matar a los judios¨ esto demuestra un desprecio total de las gentes populares hacia los judíos, al poco tiempo de los hechos de Nájera, se produjo otro fuerte ataque a los hebreos en Miranda de Ebro y según el cronista hebreo Samuel ibn Zarza hubo ataques a las juderías de Segovia y Ávila, las masacres de judíos fueron terribles a lo largo de estos años de confrontación entre Pedro I y Enrique de Trastamara y de sus aliados franceses dirigidos por el bretón Bertrán du Guesclin, el cronista Samuel ibn Zarza nos cuenta que en la ciudad de Briviesca, estos soldados mataron a toda la comunidad judía. A pesar de que las tropas de Pedro I vencieron en Nájera a las tropas de Enrique de Trastamara, éste se refugió en Francia pero unos meses más tarde el pacto entre Pedro I y el llamado Príncipe Negro se rompió y poco a poco el bando Trastamara se fue haciendo con el poder, lo que culminó con el asesinato de Pedro I en Montiel a manos de su hermanastro Enrique de Trastamara dando inicio al gobierno de dicha dinastía en la corona de Castilla.

Lo cierto es que el incremento del anti judaísmo se produjo de forma continuada una vez finalizada la pugna por el trono entre Pedro I y su hermanastro Enrique de Trastamara, desde la primavera del año 1369 Enrique de Trastamara era rey de Castilla y León y pese a la actitud anti hebraica mantenida, tuvo como contador mayor del reino a un preeminente judío Yuçaf Pichon, en un documento del año 1372 nos lo presenta como almojarife mayor, algo parecido a un ministro de hacienda actual, algunos judíos fueron empleados por la alta nobleza Çag de Monzón en el año 1373 era almojarife mayor de Pedro Fernández de Velasco cabeza de uno de los linajes más poderosos de aquel tiempo, Juan Sanchez Manuel conde de Carrión adelantado del reino de Murcia, tuvo como despensero mayor al hebreo Mosén Aventuriel, en la ciudad de Murcia en 1374 Samuel Abravalla era el recaudador de todos los impuestos del reino de Murcia y el obispado de Cartagena, el almojarifazgo de la aduana de Murcia fue arrendado, para el periodo comprendido entre los años 1370 a 1372 a los hebreos Çag Abenaex y Yuçaf Aventuriel y en Segovia eran arrendadores de las alcabalas en el año de 1370 Yuçaf Abryhayn, Çag de Castro y Lezar Zalama. De todas formas el clima de creciente anti judaísmo se plasmó en las Cortes reunidas en Toro en 1371, en donde los diferentes procuradores de ciudades y villas efectuaron durísimas peticiones hacia la coexistencia con la comunidad hebraica, además de esta situación política en el ámbito religioso hubo varias controversias públicas, en las que intervinieron miembros de ambas religiones, una de las más importantes tuvo lugar en la catedral de Ávila en 1375 en la que intervinieron, por parte judía el médico y escritor Moisés ha-Cohen de Tordesillas y por parte cristiana el converso Juan de Valladolid, dicha disputa terminó colocando en los cielos a la fe cristiana y enviando al infierno al judaísmo, en ese mismo año de 1375 el papa Gregorio XI envió una carta a Enrique II en la que pedía que ningún hebreo ocupase puestos influyentes sobre la población cristiana.

Es conocida así mismo la predicación anti judía por los años 1377 y 1378 del arcediano de Écija Fernando Martinez en sus sermones pedía que las veintitrés sinagogas existentes por aquel entonces en Sevilla se demolieran, dado que según él, estaban edificadas y adornadas contra derecho, pedía así mismo la creación de un barrio cerrado en donde encerrar a la comunidad judía, para evitar cualquier contacto con la comunidad cristiana, Pedro Gómez Barroso, cabildo catedralicio le había llamado la atención en diversas ocasiones, pero en 1390 a la muerte del arzobispo, pasó a sus manos la administración de la diócesis, ordenó a sus feligreses la destrucción de las sinagogas de sus territorios, hizo bautizar a musulmanes esclavos de judíos y demandó ante los tribunales eclesiásticos a los judíos arrendadores de impuestos.

Mientras tanto en Madrid se hallaban reunidas las Cortes, se trataba del arrendamiento de las rentas públicas la decisión por parte del rey Juan I fue la de contemporizar, dado que en manos de judíos estaba la organización y recaudación de impuestos y de la hacienda del reino, hasta dichas cortes llegó la noticia de los tumultos que se estaban ya produciendo en Sevilla y Córdoba, los judíos arrendadores pidieron a la ley que los amparara pero esto no sucedió. La tragedia se acercaba de forma inminente y en 1391 con la muerte de Juan I y de la máxima autoridad eclesiástica de Sevilla su arzobispo estalló en la ciudad de Sevilla la violencia contra la comunidad judía, en 1391 Fernando Martinez se había rodeado de bandas de matadores de judíos integrados por gentes del pueblo llano, según el historiador Benzion Natanyahu ningún movimiento popular anti judío de la Edad Media causó tan asombrosas pérdidas como los disturbios del año 1391. Las autoridades políticas según el historiador Baer adoptaron una postura muy típica de la Edad Media, dado que por razones económicas y a fin de mantener la ley, el orden y el honor de la corona, era necesario defender a los judíos pero al ser un problema de índole religiosa y además ser un movimiento popular, no había otra cosa que hacer que esperar y ver como se desarrollaban los acontecimientos. La violencia que comenzó en Sevilla se extendió rápidamente por diversas localidades vecinas, como Alcalá de Guadaira, Carmona, Écija y Santa Olalla y a mediados de junio estallaron en la ciudad de Córdoba y en localidades como Montoro, Andújar, Jaén, Úbeda y Baeza, la violencia llegó hasta Toledo y los ataques se extendieron a juderías de Segovia y Burgos, la judería de Valencia quedó destruida en julio de 1391. Para salvar la vida muchos judíos se convirtieron al cristianismo pero continuaron siguiendo su religión en la clandestinidad, dichas matanzas de judíos según Suarez no fueron un acontecimiento brusco ni aislado se vinieron gestando desde inicios del siglo XIV y que se aceleraron en las últimas décadas del siglo.

Esta situación se reflejó como no podía ser de otra forma en la economía dado que los judíos ocupaban cargos de responsabilidad en esta área de influencia, en primer lugar las matanzas de judíos acaecidas en 1391, la caída brusca en el numero de judíos significó la caída de la cifra de recaudación de impuestos, desaparecieron también empresas de préstamo y crédito, de tanta significancia en el comercio exterior y también en las recaudaciones tributarias, con las conversiones forzosas surgió una cantidad considerable de cristianos nuevos que eran en su mayor parte contra su voluntad pero que continuaron ocupando cargos de responsabilidad mercantil sobre los cristianos, al haber dejado de ser judíos se les abrió la posibilidad de ocupar oficios públicos su relación con operaciones de índole mercantil era muy importante. Es indudable que el interés que hasta entonces habían mostrado los reyes cristianos por los judíos y en su defensa no tenía nada que ver con el aprecio que pudiesen sentir por ellos, el beneficio que obtenían de sus servicios era el interés real, al disminuir el número de judíos disminuyó también el interés que ponían en su defensa.

Los conversos

Los hechos que ocurrieron a lo largo del siglo XIV tuvieron unas consecuencias muy amplias y que afectaron a la sociedad que en esos momentos coexistía en los reinos hispánicos, la confluencia de las tres religiones que fue positiva en buena parte de la Edad Media finalizó en el siglo XIV. La comunidad hebraica había descendido considerablemente debido a que muchos de sus miembros o habían muerto debido a las persecuciones y las terribles matanzas del año 1391 o bien porque habían aceptado el bautismo para salvar sus vidas, la decisión era irrevocable o se convertían al cristianismo o en caso contrario eran desterrados o asesinados. De esta situación la abundancia de conversos o también llamados cristianos nuevos o ¨marranos¨, la animadversión que existía hacia los judíos también se proyectó contra los practicantes de la religión musulmana, aunque con menor intensidad. La conclusión de estos acontecimientos desembocó en la creación del tribunal de la Inquisición, cuyo principal objetivo era, el descubrimiento de los judíos que conversos continuaban practicando su religión y la expulsión de los hebreos y después los islamitas, por tanto la España de las tres religiones rasgo característico de los tiempos medievales, paso a ser un territorio de una sola religión la cristiana.

Hay que citar en este punto que también hubieron conversiones sinceras o de buena fe, las brillantes prédicas del dominico valenciano Vicente Ferrer influyeron notablemente, dicho dominico según Pedro Cátedra, pretendía la segregación de las aljamas y la aceptación total de los conversos en la comunidad cristiana.

Bautizo de judios

Naturalmente las autoridades religiosas y políticas de los reinos españoles no ignoraban el peligro de que los conversos regresaran a su antigua fe, Vicente Ferrer personaje clave en las conversiones masivas, no había sido tan optimista o ingenuo como para pensar que dichas conversiones seguirían perdurando en el tiempo, para evitar el regreso al judaísmo había abogado por la separación de judíos y conversos, el 18 de agosto de 1393 Juan I de Aragón ordenó la separación de judíos y conversos y prohibió a estos últimos rezar o comer con ellos.

La influencia de Vicente Ferrer no quedó circunscrita solo a los territorios de la corona de Aragón, a él se debió el Compromiso de Caspe que puso fin al conflicto dinástico aragonés, nombrando sucesor al castellano Fernando de Antequera, a su influencia y a la del converso Pablo de Santa Maria se debieron las ordenanzas de Valladolid(Ayllón) el 2 de enero de 1412, que prohibían a los judíos tener cargos en el reino, los confinaban en barrios propios y limitaban de forma enorme las relaciones con los cristianos, en el año de 1412 y durante el papado de Benedicto XIII el Papa Luna decidió que tuviera lugar una disputa entre expertos cristianos y judíos sobre cuestiones de carácter teológico, dicho encuentro celebrado en Tortosa comenzó en enero de 1412 y duró hasta el 20 de noviembre de 1414, la controversia finalizó con la denuncia por parte del representante cristiano Jerónimo de Santa Fe presentando un listado de pasajes del Talmud, que debían ser suprimidos porque resultaban injuriosos para el cristianismo.

La realidad social que refleja la época es que debido a las conversiones muchos judíos ostentaban cargos de poder sobre la comunidad cristiana, esta situación se daba tanto en la vida política como incluso en la vida religiosa. El conocido medievalista José Maria Monsalvo en su análisis sobre los conversos en el obispado de Osma llaga a la conclusión de que un porcentaje del 45 por ciento eran artesanos, habían un 19 por ciento de eclesiásticos, un 18,7 por ciento de escribanos un 3 por ciento se dedicaba al comercio y solo un 2,5 por ciento se dedicaba al campo, esto tiene un gran significado dado que en 1430 según el historiador Baer (1981, p.305) los dos tercios del arrendamiento de los impuestos indirectos y de las aduanas interiores del país así como las fronteras y puertos se hallaban en manos de judíos. Se ocupaban también en conexión con el arrendamiento de impuestos del abastecimiento de grano, armas y ropas al ejercito que combatía contra los reductos musulmanes, una red de arrendadores y recaudadores judíos se extendía por todo el territorio, de todas maneras la Contaduría Mayor del reino ya no fue ocupada por judíos y se tuvo mucho cuidado en no nombrar a ninguno para ocupar cargos de primer nivel político.

No tomaban parte en ese periodo de la recaudación de impuestos directos, ni tomaban parte de la administración monetaria ni en la administración de justicia, que años atrás estaba relacionada con la recaudación de impuestos, pero a pesar de todo quedaban en sus manos como hemos citado amplios poderes, que les permitían mostrarse agresivos frente a instituciones importantes de los cristianos con lo que se ganaban el rencor de éstos. Como conversos influyentes en este principio del siglo XV podemos citar la familia Marmolillo de Sevilla, formaban parte de una oligarquía urbana que controlaba el concejo de dicha ciudad, algo similar ocurría con los Maluenda en Cartagena, o el caso de las familias Bertavillo y De la Rúa en Palencia los casos más significativos llegaban al mundo eclesial en Segovia llego a obispo el converso Juan Arias Dávila, según ha indicado el historiador americano Gitlitz, desde que fue nombrado obispo nada ha tenido que ver con el cripto judaísmo, siempre fue un cristiano militante. Juan Arias Dávila defendió las corrientes humanistas y durante su episcopado se procedió a imprimir en su diócesis el Sinodal de Aguilafuente, la primera obra impresa en tierras hispanas.

Al frente de la diócesis de Burgos se situó primero el converso Pablo de Santa Maria que fuera con el nombre de Salomón ha-Levi el antiguo rabino de la comunidad hebraica, a dicho prelado le sucedió su hijo, Alonso de Cartagena que tuvo una destacada intervención en 1434 en el concilio de Basilea, otros destacados conversos fueron Antón de Montoro por su actividad literaria, Hernando de Talavera con una destacada carrera eclesiástica o Alonso de Cabrera que ocupo diversos cargos en la corte regia. La rápida escalada de conversos a puestos destacados de la sociedad cristiana fue quizá el factor desencadenante de los conflictos posteriores, pronto por tanto resultó evidente que los judíos por la vía de la conversión, habían recobrado sus ocupaciones tradicionales como consejeros reales, administradores, recaudadores, prestamistas, negociantes, o médicos y para colmo que esa misma vía les había llevado a ocupar los primeros puestos en la religión, los cristianos viejos se hallaban ahora mucho más rodeados de judeocristianos de los que habían estado antes por los propios judíos. Lo que más animó a la hostilidad del pueblo llano fue según Francisco Márquez Villanueva la penetración de los conversos en los cargos concejiles y que comenzó después de los hechos violentos del año 1391, el tema más grave era que los cargos en los concejos podían transmitirse a los descendientes como si de bienes patrimoniales se tratase. Parece seguro en función de la documentación existente, que la comunidad hebraica de Castilla la única importante en ese periodo entre los años 1432 y 1492 logró una gran estabilidad, que le permitió una gran prosperidad, la autoridad del rabino mayor se vio fortalecida sucedieron a Abraham Bienveniste el maestro Samaya médico de Enrique IV, Jacob Aben Núñez y Abraham Seneor que ocupaba el cargo en el momento de la expulsión.

Por tanto según podemos apreciar durante unos años hasta prácticamente la mitad del siglo XV los conversos disfrutaron de todo tipo de parabienes en 1443 el rey Juan II de Castilla los tomó bajo su protección, Álvaro de Luna hombre clave en el reinado de Juan II decidió ayudar a la comunidad judía, las dificultades económicas de la corte regia fueron solventadas por el ya citado Abraham Bienveniste y por el destacado financiero Yuçaf el Nasçi, la tradición cristiana ordenaba que los que habían abandonado el error tenían que recibir las bendiciones divinas en forma de recompensas en este mundo, todo ello añadido y que no hay que olvidar que la valía de estas personas era notable y su formación tenía un valor elevado para las clases influyentes cristianas. Este entusiasmo por los conversos en realidad no fue permanente dado que la población de los reinos cristianos se percató de forma rápida de que estos nuevos católicos eran unos competidores extraordinarios y no solo en el reparto del poder sino en las tareas de la vida cotidiana, el estallido tuvo su origen al igual que en el siglo anterior en las clases populares y el 27 de enero de 1449 la población de Toledo se amotinó el motivo se debió al comportamiento de los recaudadores de impuestos, no eran judíos pero si conversos, el 2 de mayo los toledanos enviaron al rey Juan II una suplicación en donde se reflejaba la certeza de una conjura de los conversos para ocupar todos los resortes del poder y a través de ellos dominar Castilla, apelando a disposiciones legales de siglos se rogaba al rey que los despojara de cualquier cargo público y se utilizaban todas las artes posibles incluida la denuncia de una posible conjura. En el año de 1467 desde finales del mes de julio hasta el 9 de agosto en la ciudad de Toledo se desarrollaron tumultos contra los conversos y seis años después se produjo un nuevo estallido en Córdoba, ya en vísperas de la llegada al trono de los Reyes Católicos la situación de los judíos era muy difícil, los que no se habían convertido no habían dejado de recibir golpes desde 1391 ni demográfica, ni socialmente, ni políticamente, tenían ya la relevancia que habían tenido en las épocas de Fernando III el Santo, Alfonso X el Sabio o de Alfonso XI, respecto a los conversos, inicialmente como hemos comentado su situación había sido envidiable pero las manifestaciones contra ellos iban en aumento permitiendo presagiar lo que de forma inminente estaba por ocurrir, desembocando en su expulsión definitiva de España.

Los judíos bajo los Reyes Católicos

Los Reyes Católicos Isabel de Castilla y Fernando de Aragón contrajeron matrimonio un 19 de Octubre de 1469 en el Palacio de Vivero de Valladolid, eran primos hermanos y para ser reconocido su matrimonio por la Iglesia, necesitaban una dispensa papal que no poseían e hicieron falsificar una bula, para poseer el citado reconocimiento eclesial. Accedieron al trono de Castilla, después de la guerra que sostuvieron entre los años 1475 al 1479 contra los partidarios de Juana hija de Enrique IV hermano de Isabel, Fernando heredó el trono de Aragón a la muerte de su padre Juan II en 1479, con lo que la unificación de Castilla y Aragón fue una realidad, reinaron juntos hasta la muerte de Isabel acaecida en 1504, en esa época Fernando quedó como rey de Aragón y su hija Juana casada con Felipe duque de Borgoña y conde de Flandes como reyes de Castilla, pero Fernando nunca dejó de controlar el reino de Castilla y con la prematura muerte de Felipe y la declaración de incapacidad de Juana, Fernando reinó también en Castilla hasta su muerte en 1516.

Reyes Católicos Fernando e Isabel

Si en la actualidad se tuviese en cuenta únicamente la documentación de índole administrativo que se guarda en el archivo de Simancas, se podría llegar a la conclusión de que los Reyes Católicos no sintieron hostilidad hacia los judíos, coincidiendo con Suarez (Los Reyes Católicos, 1990, p.75) no eran por principio contrarios a los judíos, desde el principio de su reinado y de su gobierno, estuvieron rodeados de conversos e incluso judíos, los ejemplos son variados, la vicecancillería de Aragón la desempeñaba micer Alfonso de Caballería, micer Jaime de Caballería era consejero regio, mosén Miguel de Almazan hijo de judíos y Gaspar de Barrachina de conversos, eran secretarios el baile general de Aragón era el converso Luis Sanchez, entre otros cargos ocupados por conversos se hallaban los de copero, despensero mayor, lugarteniente del tesorero general, gobernador de Aragón, escribanos y secretarios de Justicia, en Castilla la situación era similar y nos encontramos con conversos como consejeros Pedro de Cartagena y Pedro Árias Dávila el contador de cuentas Gonzalo Franco, fray Alonso de Burgos, Juan Maluenda obispo de Coria, Alfonso de Valladolid obispo de esta ciudad, Alonso de Palenzuela obispo de Ciudad Rodrigo, Juan Árias Dávila obispo de Segovia y mediador del matrimonio de Isabel y Fernando o el propio confesor de la reina fray Hernando de Talavera.

Es indudable por tanto que un grupo de hebreos tuvieron un gran papel al servicio de los Reyes Católicos hasta el punto de poder afirmar, que a pesar de que su número fue inferior que en otros periodos históricos que hemos referenciado en nuestro análisis su actividad política no fue inferior. La situación empezó a experimentar un cambio en el año 1478 cuando fray Alonso de Ojeda se presentó a los reyes, a la sazón en Córdoba comunicando que había descubierto en Sevilla a unos criptojudios, que durante la festividad de Jueves Santo se burlaban de la fe cristiana, este episodio causante de un enorme escándalo en la sociedad sevillana, tratándose de un asunto menor, los reyes consideraron que había que tomar medidas, para evitar estas situaciones y se derivó en su permiso de constitución del tribunal de la Inquisición, ya en 1478 el papa Sixto IV había puesto en marcha dicho tribunal al que se aludía en la bula Exigit sincerae devotionis affectus, por tanto las perspectivas no eran muy positivas y algunos conversos de Sevilla, Utrera y Carmona entre los que se encontraba Diego Susan decidieron armarse con la intención de provocar un tumulto, en el que murieran los inquisidores, fueron denunciados por una hija de Susan y la conspiración fracasó, a inicios de 1481 se produjo una ola de detenciones de conversos, de elevada posición y el 6 de Febrero en presencia de Fray Alonso fueron quemados en los campos de Tablada seis reos, no pocos conversos temiendo se produjeran los mismos sucesos que en 1391 optaron por refugiarse en Portugal, e incluso en el reino moro de Granada, último bastión árabe en la península ibérica, no se equivocaron, al poco tiempo las ejecuciones en Tablada de clérigos, frailes y conversos fueron una situación casi cotidiana.

Tribunal de la Inquisición

Con el fin de evitar una escalada en la situación que se había creado,la reina Isabel, promulgó un edicto de gracia llamando a la penitencia y a la reconciliación a todos aquellos que habían intervenido en el asalto a judíos, dada la acogida a tal edicto al que se habían adherido no menos de veinte mil personas, entre ellas clérigos y monjas se podría haber pensado que la convivencia era posible, lo que no fue así, terminado el periodo de gracia, los dominicos instaron a los Reyes Católicos para que el Santo Oficio se instalara en Castilla y Aragón y el 11 de Febrero de 1482 a petición de los reyes el papa Sixto IV otorgó su autorización para crear un Consejo Supremo de la Inquisición y su presidencia recayó en fray Tomás de Torquemada prior de la Santa Cruz de Segovia siendo investido el 17 de Octubre de 1483 en virtud de una bula, inquisidor general de Aragón, Valencia y Cataluña.

En este punto y como analizó el historiador Henry Kamen cabe hacernos la pregunta referente a como pudo una sociedad tolerante como la castellana, en la que habían coexistido por siglos, con diversas alternativas de poder eso sí, las tres grandes religiones de Occidente, cambiar su ideología en el siglo XV. A la hora de entender el porqué se puso en marcha el tribunal de la Inquisición hay que tener en cuenta varios argumentos: Un primer punto reside en el fuerte estímulo doctrinal, el obispo de Burgos Alonso de Cartagena que procedía de una familia judía convertida al cristianismo, opinaba que había que ser implacables contra los cristianos nuevos que seguían aferrados al judaísmo, otro argumento decisivo que contribuyó a la puesta en marcha del tribunal fue, la fuerte presión que se ejercía desde la propia sociedad, la relación entre lo religioso y lo social, se puso en evidencia en Toledo en 1449 con motivo de la sublevación anti conversa, como ha señalado Benzion Netanyahu la Inquisición fue producto de un movimiento que reflejaba la voluntad, sentimientos y actitudes, de la mayoría de cristianos, como última solución lo que pretendió la Inquisición fue la limpieza de judíos del suelo hispano, según el citado historiador, esta misma opinión es afirmada por el historiador Maurice Kriegel dicho autor afirma que la Inquisición aspiraba a la vez destruir a los conversos y a eliminar a los judíos. Un último aspecto obedece a la denominada génesis del estado moderno, el destacado historiador francés Bartolomé Bennassar habla de la identidad entre el aparato del estado es decir la monarquía hispánica y el poder inquisitorial, en esta labor de investigación no podemos olvidar lo expresado por el profesor Luis Suarez Fernández el cual manifiesta que el naciente Estado consecuencia de la articulación de Reinos en una sola Corona, se definió desde una posición que llamamos de máximo religioso.

La actitud de los Reyes Católicos con respecto a judíos fueran conversos o no en principio fue tolerante dados los servicios que éstos prestaban a la Corona, pero debido a lo expuesto se vieron obligados por presión social y religiosa a cambiar su estrategia de estado, respecto a los conversos y los judíos. En abril del año 1484 se nombraron inquisidores en Aragón, produciéndose a continuación detenciones y confiscaciones de bienes, cuando tuvo lugar el encarcelamiento de Leonardo de Eli converso que en su época judía había tenido el nombre de Samuel, algunos conversos zaragozanos se lanzaron al camino de la conspiración y reunidos en Santa Engracia llegaron a la conclusión de que había que defenderse asesinando a alguno de los inquisidores, el 15 de septiembre de 1485 un grupo de conversos aprovechando una misa que se celebraba en la Seo de Zaragoza asesinaron al inquisidor Pedro de Arbués no degeneró este acto en matanzas de conversos por la intervención directa del arzobispo Alfonso hijo natural del rey Fernando el proceso de los asesinos de Arbués concluyó en penas de muerte en la hoguera de algunos de ellos, entre los que se encontraba Francisco de Santa Fe hijo del protagonista cristiano de la disputa de Tortosa, quedando acusados personajes de la talla de Alfonso de Caballería vicecanciller de Aragón, Luis de Caballería canónigo y camarero del Pilar, Lope Ximenez de Urrea primer conde de Aranda o don Jaime de Navarra sobrino del propio rey Fernando. El rey, tuvo que ejercitar sus dotes de apaciguador y de gobernante, evitando con ello una verdadera matanza de conversos y judíos, a pesar de todo ello y de la protección que los reyes habían realizado sobre los conversos y judíos, la situación fue empeorando de forma paulatina, de forma que la aplicación en el área económica y administrativa de las Leyes de Madrigal, contra la usura, en las que se daba mayor fuerza a la actuación de los jueces y basándose en disposiciones que ya habían sido tomadas por los Trastámara y por las Cortes de Alcalá de 1348 en donde Alfonso XI había redactado la formula que servía de base y se prohibía que ningún cristiano actuase a nombre de un judío y que los jueces eclesiásticos no intervinieran en pleitos de usura, en las Cortes de Toledo de 1480 se realizó la petición a los reyes de que obligaran a los judíos a vivir recluidos en barrios distintos de los ocupados por los católicos, la petición fue admitida por parte de los reyes. De todos modos los reyes no estaban dispuestos a renunciar a los buenos servicios que les prestaban los judíos, un ejemplo claro lo tenemos en que Isaac Abarbanel y Abraham Seneor se ocuparon del abastecimiento y la administración de los ejércitos regios con la ocasión de la guerra de Granada.

Rendición de Granada a los Reyes Católicos

La forma en que los Reyes Católicos realizaron su política de estado, estaba basada en la herencia recibida de ciertos elementos medievales, entre los que estaba la fe cristiana, la identificación entre la comunidad política y la comunidad religiosa era absoluta, el signo de la Modernidad que aparece en su reinado, será una afirmación más profunda de dicha identidad, de forma que con cambios a los largo de los años de su reinado procurando en algunos momentos proteger a los judíos, la tolerancia hacia éstos y hacia los musulmanes fue desapareciendo. El máximo religioso, ligado al reconocimiento de una dignidad de la naturaleza humana que otorgaba a los súbditos protección sometiendo el poder soberano a los imperativos del orden moral, venía a plantear el problema de las otras dos religiones que rechazaban esa fe, islam y judaísmo (Suarez, 2003 p.399). El orden jurídico encarnado por el Estado determinaba que el cismático, el sacrílego y el hereje fuesen delincuentes, el judaico era considerado como hereje, este como hemos explicado fue el principal objetivo del Tribunal de la Inquisición, de este modo al estar identificadas de forma completa la comunidad política y la religiosa, ningún rey podía adoptar decisiones contrarias a la Fe y Moral Católicas o a las prerrogativas pastorales del Romano Pontífice es decir las leyes civiles se sometían a la fe cristiana. Es probable que la intolerancia en el siglo XV no procedía solo de la Iglesia, era una consecuencia más de que el Estado asumiera la defensa de la unidad cristiana y evidenciaba un peligro latente en todos los Estados Modernos a la inversa: el famoso cuius regio eius religio del protestantismo. En España hasta el momento se había producido una convivencia inusual y muchas veces a regañadientes entre las tres religiones, como decían los documentos coetáneos. Pero súbditos de los monarcas y miembros de pleno derecho de la comunidad política eran solamente los cristianos, musulmanes y judíos figuraban como ¨huéspedes tolerados¨, pero desde mediados del siglo XV la convivencia se había hecho cada vez más difícil como hemos reflejado en nuestra exposición, la situación empeoró si cabe al aceptar parte de los judíos, por temor, el bautismo y transformarse en conversos, la cuestión es que a mediados del siglo XV había dos sectores hebraicos, uno judío y otro converso, el pueblo llano incapaz de diferenciar lo que se consideraba una sutileza, odiaba tanto a unos como a otros. Cuando Isabel y Fernando accedieron al trono heredaron entre otros, el tema judío, esto significaba para ellos ventajas económicas, dado que los judíos pagaban impuestos especiales, es por ello que durante los primeros años de reinado protegieron de forma especial a las aljamas, hasta el punto de que en 1487 las aljamas castellanas informaban a la comunidad de Roma, que para ellas era una suerte vivir bajo monarcas tan justos y caritativos. La protección de las aljamas había sido el medio de preservar una parte importante del patrimonio real, Fernando e Isabel adoptaron medidas que resultaron favorables a los judíos en definitiva lo que estaban defendiendo era su propiedad.

En los últimos días del año 1491 acabó la guerra, con la conquista del que era el último bastión árabe en España, Granada, la caída de este reducto musulmán se gestó a raíz de los problemas políticos internos de los propios musulmanes y su debilidad manifiesta el príncipe Abu Abd Allah de Granada (Boabdil para los cristianos) se había revelado contra su padre en 1482 y se declaró rey, Fernando aprovechó la agitación para involucrarse en la pelea buscando una alianza con Boabdil, en esta primera intervención dividió Granada casi por la mitad conquistando el territorio sudoeste, un año después le arrancó el sudeste y redujo el reino a la ciudad de Granada y sus alrededores y aunque el conflicto se extendió durante meses el reto de España estaba ya dominada por los cristianos y Granada era un minúsculo reducto rodeado por cristianos, los musulmanes del norte de África reconocieron la inutilidad de defender Granada y renunciaron para siempre a toda ambición por restituir el dominio musulmán en España. Isabel y Fernando tomaron posesión oficial del palacio de la Alhambra a principios de Enero de 1492 finalizando de esta forma la llamada Reconquista, quizá los Reyes Católicos se detuvieron en contemplar a leer un lema grabado en la piedra de la Alhambra que es un epitafio irónico para la dinastía Nasrid y un recuerdo aleccionador para los ejércitos cristianos que la reemplazaron ¨Solo Dios es vencedor¨. Con ello había concluido una Reconquista que había durado casi ocho siglos.

La expulsión de los judíos

La expulsión de los judíos de los reinos hispánicos, tuvo lugar en los postreros días de marzo del año de 1492, siendo sus protagonistas los reyes Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla, si buscamos las raíces sobre las que se apoyó el Decreto de expulsión de 1492 nos hemos de remontar a las Cortes de Madrigal de 1476 y a las de Toledo de 1480, en unas y otras se tomaron medidas y disposiciones de carácter represivo, que en muchos aspectos pasaron desapercibidas pero que concluirían de forma inevitable con la expulsión.

En las Cortes de Madrigal de las Altas Torres celebradas como hemos dicho en 1476, los procuradores de las ciudades y villas pidieron que en adelante los judíos nunca actuaran como jueces en causas que iban dirigidas contra los cristianos, de forma simultánea se indicaba que los judíos debían llevar una señal distintiva tal y como se había acordado a principios del siglo XIII, en el concilio de Letrán. Por otra parte lo acordado en las Cortes de Toledo en 1480 fue más represivo, a partir de aquel momento todos los judíos y mudéjares debían vivir en barrios apartados rodeados de cercas es decir ghettos. Los Reyes Católicos tal y como hemos expresado eran tolerantes y no profesaban un anti semitismo dado que los judíos estaban protegidos por ellos mismos, dados los servicios que procuraban a la Corona, el escritor Salomón ibn Verga lo expresa en su obra La vara de Judá diciendo: Los judíos eran muy amados en España de los reyes, sabios e intelectuales y otras clases sociales, salvo del pueblo y de los monjes.

Por tanto los Reyes Católicos en su estrategia de Estado, fueron por un lado tomando medidas proteccionistas hacia los judíos y por otro debido a las presiones de sectores del pueblo y sobre todo del clero, tuvieron que adoptar medidas represivas de forma que se guardaron difíciles equilibrios entre pactos de protección y leyes que a todas luces fueron en contra de la comunidad hebrea y que acabaron con el Decreto de expulsión.

La ejecución de las medidas citadas en cuanto al aislamiento de las comunidades judaicas se había iniciado en abril de 1481, a instancias de la curia que velaba por los negocios inquisitoriales en Roma, una bula de Sixto IV en mayo de 1484 respaldó la política de Fernando e Isabel prohibiendo la convivencia entre cristianos y judíos y vigilando con mayor exigencia el cumplimiento de las normas en la vestimenta y señalización que los judíos debían usar en público. La ley de las Cortes de Toledo que ya hemos citado era de carácter mucho más riguroso que la promulgada por las Cortes de Madrigal, también contemplaba los aspectos sobre los negocios, al prohibir a los judíos contratar mercaderías en los días de fiesta de los cristianos, o que no podían tener casas salvo en su calle, ni pernoctar fuera de ellas, como dice el profesor Suarez Fernández es curioso observar el establecimiento de fuertes limitaciones en el ámbito profesional de los judíos empujando a éstos hacia los negocios de tráfico de dinero y acusarles luego de practicar la usura, éste es uno de los signos externos de la malevolencia a la que se inclinaba la sociedad del siglo XV.

La contradicción que se descubre en la política de los Reyes Católicos que al principio restablecieron la vigencia de los takkanoth (disposiciones rabínicas) de Valladolid dando protección a las aljamas y luego decidieron prohibir el judaísmo, produce ante cualquier investigación una cierta perplejidad, máxime si nos basamos en la documentación existente en el archivo de Simancas, en la que ciertamente se prueba que no existía un sentimiento anti judaico en los Reyes Católicos, se producen por tanto unas hipótesis basadas en razones económicas, sociales e incluso políticas. Uno de los mejores conocedores de este tema es el historiador Benzo Netanyahu que tuvo la oportunidad de acceder a los escritos hebreos de los Abravanel, entiende que la expulsión de los judíos formaba parte de un programa previamente establecido por Fernando el Católico en su deseo de crear y fortalecer la monarquía hispana, supo esconder sus propósitos, hasta que llegó el momento oportuno y éste fue al finalizar la guerra de Granada. Los Abravanel entendían que Isabel estaba más inclinada a alargar los plazos para la permanencia de los judíos. No hay pruebas documentales de esta hipótesis pero resulta creíble la posibilidad de que los hechos se produjesen de esta forma, lo cierto es que muchos judíos optaron por el bautismo para impedir su expulsión y familias importantes como los Abravanel recibieron un permiso especial para sacar oro, plata y joyas privilegio que en contadas ocasiones se otorgaba a un viajero cristiano, esto es que los Reyes a conveniencia de continuar negocios rentables con empresarios judíos, pactaron una salida a los mismos con el fin de continuar sus relaciones empresariales en el futuro.

En cuanto a los aspectos sociales existen hipótesis contradictorias para H. Kamen la expulsión era exigencia de la nobleza mientras que para S. Haliczer era una exigencia del patriciado urbano, Kamen apoya su tesis sobre la base de un enfrentamiento entre la nobleza feudal y el naciente capitalismo comercial, esto es un gran error dado que la nobleza castellana nunca había sido feudal y ahora era fuertemente señorial, la nobleza española de la época y este es un hecho comprobado no vivía de las rentas de la tierra sino de los señoríos jurisdiccionales que equivalían a administrar y dirigir un territorio, de forma que esta tarea compleja la debían de realizar con la necesidad de tener personas preparadas para ello y éstos eran los judíos. En este punto hay un hecho probatorio evidente aquellos judíos que siguiendo a los Abravanel fueron a instalarse en Italia explicaron a Eliyahu Capsali que la expulsión había desagradado a los nobles porque obtenían mucho provecho de sus servicios. También es un hecho probado que muchos judíos influyentes en la Corte solicitaron a los Reyes Católicos que se les concediera un permiso especial de residencia a todos aquellos que trabajaban a sus órdenes, ya que no eran fuente de conflictos de ningún tipo. La demanda fue rechazada.

La nueva monarquía creada con los Reyes Católicos confesionalmente católica, se apoyaba en tres sectores sociales bien diferenciados, la nobleza que era un amplio estamento militar y de gobierno, aunque en la misma no abundaban los ricos, el clero el cual estaba diferenciado económicamente y de él formaban parte los inquisidores y por ultimo un sector más numeroso pero homogéneo de juristas, salidos de las universidades, hay que señalar la existencia de grandes empresarios, entre los que abundaban los conversos que se mostraban tan enemigos de los judíos como la nobleza del patriciado urbano, comprar puestos de regidores era una buena inversión para estos conversos no hay que olvidar que Abraham Seneor al convertirse al cristianismo con el nombre de Fernando Coronel pasó a ostentar el rango de caballero veinticuatro de la ciudad de Sevilla. El anti judaísmo estaba presente pero más fuerte en las clases bajas que en las clases altas.

La monarquía de los Reyes Católicos como forma jurídica capaz de defender las libertades, esto a todos afectaba y fueron los Reyes los que decidieron que la unanimidad católica debería ser la base de sustentación de la misma ya que consolidaba los derechos propios de la persona humana, los judíos fueron las víctimas de una maduración del poder político además la sociedad desconfiaba de los conversos al pensar que su paso a la religión cristiana no era sincero, todo ello en el ambiente de aplicación de un máximo religioso nos conduce a la solución final de su expulsión.

La Inquisición y su influencia en el clero y en los Reyes tuvo un peso especifico muy importante en la expulsión de los judíos, en este contexto comentado y en que buena parte del pueblo odiaba a los judíos y constatando que el único valladar de protección eran los monarcas se produjo un acontecimiento que fue decisivo en la expulsión, éste es el proceso por el crimen ritual del llamado niño de La Guardia. En 1490 un judío llamado Yucé Franco fue acusado de haber dado muerte a un niño en una ceremonia que pretendía burlarse de la muerte de Jesus, este tipo de acusaciones que por otra parte el pueblo creía desde hacía más de dos siglos recordemos que en Libro VII de Las Partidas de Alfonso X hacía referencia a estos temas pero aunque no eran considerados fidedignos ya anunciaban que de ser probados con certeza y se produjeran en sus territorios el castigo seria la pena capital. Se permitió a Yucé Franco nombrar hasta tres defensores la instrucción del caso fue compleja se entregó la documentación del proceso a un jurado compuesto por parte de prestigiosos profesores de la Universidad de Salamanca que pronunciaron un veredicto de culpabilidad contra Yucé siendo este entregado a la justicia regia y sus bienes confiscados. A inicios de noviembre de 1491 cuando Granada estaba a punto de ser conquistada la causa fue expuesta ante otro jurado ahora compuesto por letrados de Ávila, todos ellos apreciaron que el tribunal de inquisidores había actuado de forma competente y declararon culpable a Yucé Franco, según el veredicto dicho judío en compañía de otros había procedido a secuestrar al niño y luego de flagelarlo lo habían crucificado un día de Viernes Santo, a mediados de noviembre Franco y sus cómplices fueron ajusticiados en Ávila. De todas formas quedan serias dudas de que este hecho fuese cierto, dado que las confesiones de los involucrados fueron realizadas bajo tormento, el cadáver del niño jamás fue encontrado y la tesis más verosímil es que los reos fuesen acusados de un crimen que no habían cometido, este fue el detonante final que inició todo el proceso de expulsión. El 7 de Abril de 1492 fue el último día que los judíos como tales pasaron en España comenzando con ello una gran diáspora por toda Europa, norte de África y Oriente.

Expulsión de los judios
La Diáspora

En la España posterior a la primavera de 1492 además de los cristianos una vez expulsados los judíos, quedaban gentes que profesaban la religión islámica, parecía lógico que la medida de expulsión se hiciera extensiva a los miembros de dicha comunidad que al igual que los judíos, todo aquel que no se convirtiera al cristianismo sería expulsado, de forma que se acometió con el fin de unificar el credo del reino y su unificación a dicha expulsión. A finales del siglo XV en los reinos hispánicos habían mudéjares asentados en ambas Castillas y por la incorporación del reino nazarí de Granada se añadieron sus habitantes musulmanes, los cuales se extendieron por Extremadura y hasta el reino de Murcia, en la zona de Aragón, en el valle del Ebro y reino de Valencia la existencia de estas comunidades era notable, también habían mudéjares en Navarra, cerca de la localidad de Tudela y en tierras del sur de Cataluña. El ambiente existente en la España de los Reyes Católicos sobre todo después del decreto de expulsión de los judíos, no era nada positivo para los mudéjares, en una orden regia del 11 de enero de 1498 enviada al corregidor de Medina del Campo se le ordenaba que obligara a los musulmanes de aquella población a que en adelante residieran en lugares claramente apartados, en el año 1501 terminó por decretarse la expulsión de los mudéjares de los reinos hispánicos salvo que aceptaran el bautismo cristiano, de esta forma se ponía fin a la única minoría religiosa disidente. En adelante a los mudéjares convertidos a la religión cristiana se les denominará moriscos los cuales permanecieron en España hasta el siglo XVII en que definitivamente fueron expulsados.

Conclusiones

Decíamos al inicio de nuestra exposición que La finalidad de este trabajo de investigación, no es otra que el logro de dar una visión de la España medieval focalizada en la coexistencia durante siglos de tres religiones y tres culturas distintas entre sí, tres pueblos, los cristianos, los musulmanes y los judíos, la España medieval ofrece una serie de rasgos singulares, que la diferencian con respecto a la mayor parte de los países de Europa. Es evidente que la influencia que ejercieron en España tanto los judíos que llevaban quince siglos en suelo hispano, como los musulmanes que estuvieron ocho siglos desde la invasión, ejerciendo un espectacular dominio en buena parte del territorio y a la vez dominando social y políticamente sobre las comunidades judía y cristiana, es de enorme calado y significado histórico.

Las catástrofes del año 70 y del 135 d. C. terminaron con la historia del Estado judío en la Antigüedad, proyectando dos consecuencias inmediatas de gran importancia histórica. La primera fue la separación definitiva del judaísmo y del cristianismo. La segunda consecuencia fue, el fracaso definitivo del judaísmo oficial, que supuso un profundo cambio en el carácter y el alcance de las actividades judías. A partir de los citados años y sobre todo a partir del 135 d.C. el judaísmo cesó de ser una religión nacional, una vez que los judíos perdieron su Estado forzándose al exilio, uno de sus destinos fue la Península Ibérica.

Desde su llegada a España hubieron problemas de convivencia y coexistencia entre comunidades, referidas al pueblo llano, hay que decir que dichas tensiones no fueron exclusivas de España, en el resto de Europa fueron aún mayores si cabe, en todos los países encontramos aplicada la violencia hasta sus máximos grados: reyes que urgen la elección entre bautismo o la muerte, o entre conversión o destierro, obispos que dificultan a los hebreos la vida, para que el castigo les conduzca a la Iglesia. La diferencia en el caso de España es la continuidad en el tiempo de las medidas adoptadas contra los judíos, pero de una forma mucho más lenta que en el resto del continente europeo.

Los judíos maltratados de forma social y religiosa en los reinos visigodos, abrazaron la llegada de los musulmanes como una verdadera liberación del yugo a que fueron sometidos, ciertamente alcanzaron su plenitud tanto social como intelectualmente en el periodo del Califato con Abd al-Rahman III fue el siglo de oro de Sefarad, el pueblo judío alcanzó unos niveles de desarrollo intelectual muy elevado, infinitamente superior al de los cristianos, esta circunstancia es una de las causas que marcarán su futuro y no solo en España. A lo largo de nuestro trabajo de investigación, hemos podido comprobar que los judíos siempre estuvieron políticamente bajo visigodos primero, bajo musulmanes y finalmente bajo cristianos, es a partir de la ocupación musulmana cuando personas relevantes de la comunidad judía, van siendo más influyentes en todos los campos y áreas sociales, tanto es aspectos políticos como administrativos, en arte, literatura o medicina, las aljamas alcanzan su mayor esplendor destacando la circunstancia de ser verdaderos estados dentro del Estado, con Leyes y costumbres propias, manteniendo siempre una identidad como pueblo. Las monarquías cristianas que desde mediados del siglo X reciben la herencia del Califato Omeya son las que asumirán la coexistencia cristiano-hebreo-islámica, como la sociedad cristiana estaba muy mal dotada técnica y científicamente, su convivencia con los judíos fue mucho más viva al principio, recordemos que los médicos, los financieros o los viticultores fueron de forma preferente judíos, Raimundo de Salvetat arzobispo de Toledo y Alfonso X el Sabio un siglo más tarde, entendieron que para progresar necesitaban reunir a los sabios de las tres religiones, esta es la raíz de la creación de la Escuela de Traductores de Toledo, en realidad un centro de investigación que resultó ser muy beneficioso para toda Europa.

La comunidad judía en la Castilla del siglo XII cuya presencia en Toledo fue muy elevada, contribuyó de forma decisiva al encuentro entre el pensamiento griego transmitido por los árabes y el pensamiento cristiano. Los judíos actuaban como traductores al castellano de los textos árabes, para que clérigos cultos lo vertieran al latín, esta experiencia enriqueció tanto al cristianismo como al pensamiento judío que de estar influido principalmente por el platonismo comenzó a valorar el aristotelismo siendo Maimonides su máximo exponente. Alfonso VII llegó a esgrimir el titulo de emperador de las tres religiones siendo frecuente al la llegada de un monarca a una ciudad el que fuese recibido por los judíos que llevaban procesionalmente rollos de la Torah.

Los investigadores actuales en esta materia todos coinciden en reconocer que la convivencia de las tres religiones, es el signo peculiar de más importancia de nuestra Edad Media, tenían en común la herencia espiritual de Abraham, el origen geográfico oriental y la creencia en un Dios, personal, trascendente y único que se había revelado a los hombres. Cristianos, musulmanes y judíos aún combatiéndose recíprocamente se influyeron entre sí, de forma que resulta muy difícil separar las aportaciones que hicieron cada una de estas comunidades al común patrimonio de la cultura española, todos intentaron mantener y conservar su propia identidad manteniéndola en un estado de pureza, es por esa circunstancia por la que nunca llegó a declararse deseable la convivencia a lo sumo se decía que era útil. Ante las Cortes insistirán los reyes en repetidas ocasiones, que servía para conducir de forma lenta pero inexorable a los judíos a su destino final, el reconocimiento de Jesucristo como verdadero Mesías.

Tal y como hemos expuesto, se han desarrollado diversas teorías sobre la expulsión de los judíos de España, las cuales abarcan desde las puramente religiosas a las políticas pasando por las sociales y económicas, la realidad según el análisis realizado podemos centrarla en la religión por medio de la Inquisición, pero con una carga política de importancia, es en realidad una decisión política dado que la Inquisición Moderna española es un órgano del Estado , el mismo Fernando el Católico admite en una carta que es la Inquisición la que le ha empujado a firmar el Edicto de Expulsión, es decir se realizó en nombre de la fe, pero por la aplicación de fines políticos, hubo una razón de Estado que realmente desvinculó la Ética y la Política. La creación del Estado Moderno por parte de los Reyes Católicos y su estrategia de estado buscando la unidad de territorios y de creencias, fue la que dio fin a la permanencia de los judíos en España y no solo a los judíos, también a los islamitas. Para finalizar este análisis e investigación citaremos al intelectual y humanista del siglo XVI Erasmo de Rotterdam el cual afirmaba que España, un país sin duda católico pero, con una fuerte influencia de la tradición semita, es indudable que la confluencia en tierras de España de cristianos, musulmanes y judíos, durante un número elevado de siglos ha dejado significativas influencias en la cultura del mundo hispano.

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